Se nos acaba el tiempo, señor presidente

Los tiempos diplomáticos no son los tiempos de los venezolanos de a pie. Para los últimos, en cada segundo se libra una batalla entre la vida y la muerte.

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Cada segundo sin respuesta es un tanque de oxígeno al chavismo.
(Foto: EFE)

Por Emmanuel Rincón*

Señor presidente, esto más que una opinión: es una solicitud; si cabe decirlo, un anhelo, un profundo deseo. No valdría el término de consejo, porque claramente no estoy en la facultad de aconsejarlo. Sin embargo, como ciudadano venezolano, me gustaría pedirle que escuche el clamor de millones de conciudadanos que consideramos que ha llegado el momento de solicitar de manera formal asistencia militar.

Escribo estas líneas a las 20:38 del día domingo 24 de marzo. Esta mañana aterrizó en Maiquetía, como usted bien debe saber, un par de aviones rusos con más de 100 componentes militares extranjeros, y a esta hora, ni el Poder Ejecutivo de la República, ni el Poder Legislativo, se ha pronunciado al respecto.

Comprendemos (y digo “comprendemos” porque me tomo el atrevimiento de hablar en nombre de millones de venezolanos) que la invocación del artículo 187 numeral 11 y el pedido de activación del R2P no es un asunto para tomarse a la ligera, y también que la complejidad del problema no le compete a usted en exclusiva; que previo a ello debe existir un acuerdo con los gobernantes del hemisferio. Sin embargo, las palabras de Luis Almagro, de Marco Rubio e incluso las de Iván Duque, entre otros, dejan entrever que apoyarían y respaldarían tal decisión para remar sobre escenario en el desalojo de los que hoy usurpan el poder y siguen torturando a 30 millones de venezolanos.

Señor presidente, cada día que pasa Nicolás Maduro usurpando Miraflores, más de 60 venezolanos mueren asesinados por el hampa, más de 100 venezolanos mueren por falta de atención médica o desnutrición, más de 5000 venezolanos abandonan el país. Esta tragedia tiene que acabar cuanto antes: el tiempo de los presos políticos, el tiempo de los enfermos, el tiempo de los que padecen el hambre, no espera.  Bajo circunstancias de crisis de tal magnitud, cada segundo cuenta, cada minuto puede significar la vida o muerte de un paciente renal, la reunión o no de una familia; y lo que es más, el definitivo despojo (o no) de la dictadura de Nicolás Maduro.

En el año 2013 perdimos una gran oportunidad de acabar con el martirio luego de las elecciones presidenciales con Henrique Capriles. En el año 2014 se volvió a repetir el escenario bajo las fuertes protestas que se presentaron principalmente en los Andes del país, Caracas y algunas ciudades de Oriente. En el 2016 se volvió a desestabilizar el régimen y se le dio aire al retroceder con la gran marcha hacia Miraflores; en el 2017 ocurrió lo mismo: dejamos más de 150 hermanos venezolanos muertos en la calle, y al régimen sonriendo. Estamos en el 2019, más fuertes que nunca, con más de 60 países apoyándonos, y al menos 28 millones de venezolanos de su lado. Es la hora de actuar, presidente, a la dictadura no se le puede prestar oxígeno, no se le puede dar tiempo, pues ellos al tiempo lo transforman en crueldades, a las crueldades las transforman en poder, al poder lo transforman en sometimiento, y el sometimiento se traduce en más robos, más torturas, más represión, más destrucción.

Los acontecimientos del día de hoy son una declaración abierta de guerra. Es inadmisible que sigan llegando a Venezuela más mercenarios rusos y cubanos. En ausencia de respuestas concretas, el régimen se sigue preparando para una guerra sin cuartel, en la que, como siempre, los más perjudicados serán los ciudadanos venezolanos.

Nadie ha dicho que será fácil. Me atrevo a decir que todos, o al menos una amplia mayoría de los venezolanos que estamos con usted, sabemos que será difícil, que lo más probable es que habrán tragedias humanas, que será hondo el dolor. No obstante, debemos recuperar el país, es nuestra obligación hacerlo. No podemos permitir que el chavismo se robe otro año de nuestras vidas, no podemos permitir que se roben una gota más de petróleo, una onza más de oro, una empresa más producto del trabajo de los venezolanos, y mucho menos, podemos permitir que nos sigan robando los abrazos perdidos en el mundo.

Personalmente, estoy muy agradecido por su accionar y liderazgo durante estos meses en Venezuela, imagino las dificultades, las imagino porque naturalmente no tengo forma de conocerlas. Pero considero que ha llegado el momento de dar el paso adelante, de pedir de manera formal asistencia militar multilateral para derrocar a los que bailan sobre los muertos de nuestro país. Los venezolanos y millones de ciudadanos del mundo están ansiosos por ver a Venezuela libre, por ver a su gente reír de nuevo, por poder comer sin sentirse culpables, por poder reunir de nuevo a sus familias, por poder disfrutar una vez más de sus playas y por hacer la vida que durante tantos años hemos anhelado.

No más torturas, no más atrocidades, no más niños, mujeres y hombres muriendo de mengua y hambre, no más odio. Queremos volver a ser felices, sí, porque a fin de cuentas a eso se reduce todo, los venezolanos queremos volver a ser felices, los venezolanos queremos volver a tener la oportunidad de vivir.

*Emmanuel Rincón es abogado y escritor venezolano, autor de cinco novelas, con un grado en Modern Masterpieces of World Literature de Harvard University.

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