El mensaje de soldados en el exilio al Gobierno de Guaidó

"Tenemos información, ubicaciones; tenemos nombres de colectivos armados, nombres de generales corruptos y queremos aportar" afirma un militar en el exilio.

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«Un 80 % de los cuerpos militares va a dar la batalla a favor de la Constitución», afirma un militar en el exilio. (Foto: Flickr)

Por Emmanuel Rincón *

El pasado lunes 22 de abril tuve la oportunidad de conversar con un grupo de militares en Cúcuta, aquellos que desafiaron el régimen para ponerse del lado de la Constitución y reestablecer la democracia venezolana. Desde aquel fatídico 23 de febrero hasta hoy han pasado dos meses. Durante ese tiempo, los más de mil soldados venezolanos han tenido que lidiar con el exilio forzoso y la angustiosa espera de una orden que les devuelva la esperanza.

Si en algo coinciden los uniformados es en que no esperan dádivas de nadie: quieren trabajar para poder enviar dinero a sus familias, pero su condición de refugiados no se los permite. Comen tres veces al día, y un alto porcentaje de ellos está bajo techo en hoteles de Cúcuta, gracias a la hospitalidad de la Cancillería de Colombia.

No obstante, están inconformes. Sienten que Juan Guaidó y su equipo de gobierno no han sido transparente con ellos, y tampoco los han escuchado. Están ansiosos por restituir la democracia en el país y afirman estar dispuestos a dar la vida por Venezuela si hace falta, pero consideran que el Presidente interino en su carácter de comandante en jefe debe dar la iniciativa. Aceptarían el apoyo militar de los Estados Unidos para una eventual misión de libertad y aseguran que de darse esta operación, más del 80 % de las Fuerzas Armadas en el país depondría las armas, pues no están dispuestos a sacrificarse por la dictadura de Nicolás Maduro.

Los soldados patriotas venezolanos con los que hablé pertenecen a diferentes organismos de seguridad. Llegaron a Cúcuta de diferentes maneras; algunos ya lo habían planeado, otros lo hicieron fortuitamente, pero todos coinciden en el deseo de volver a su país.
Para no arriesgar la seguridad de sus familiares en Venezuela, y debido, además, a ciertas restricciones que les ha impuesto la Cancillería en Colombia, me han pedido no revelar sus nombres. Sin embargo, su mensaje es homogéneo y sin rupturas: están dispuestos a dar sus vidas por el país, solo están esperando la señal.

¿Cómo hiciste para escapar de Venezuela?

Estábamos acuartelados porque era viernes 22, un día antes del sábado 23 de febrero. Nos acuartelan por las protestas que se pueden formar, o los alzamientos que puedan ocurrir. Yo estaba en Caricuao. Yo ya tenía planificado alzarme en contra del gobierno, pero me di cuenta con mi grupo de que desde Caracas no podemos. Ningún militar, ningún teniente coronel puede alzarse por la inteligencia cubana, por la inteligencia del DGCIM, que tiene intervenidos nuestros teléfonos, por eso se hace imposible.

¿Cómo hacen ustedes para determinar quién es confiable y quién no? Asumo que debe haber muchos efectivos militares con ganas de acabar esta pesadilla, pero no actúan por miedo.

El miedo es latente, y lo que acabas de decir es muy cierto: hay comandos de la Guardia, comandos del Ejército y Comandos de la Policía que me dicen que si llega una intervención estadounidense ellos se van a sus casas, no le van a hacer frente. O si llega una intervención con ustedes (Colombia) al frente, nosotros los vamos a apoyar, el 80% de la tropa va a apoyar, otro 10 % se retirará a su casas, y el porcentaje restante son los generales y demás miembros de las Fuerzas Armadas que forman parte de la estructura de corrupción, pero un 80 % de los cuerpos militares va a dar la batalla a favor de la Constitución.

¿Ustedes mantienen contacto con funcionarios dentro de Venezuela?

Nosotros hablamos constantemente con ellos, siempre nos preguntan cuál va a ser el día en que ellos tomarán las previsiones y nos ayudarán.

¿Hay oficiales dispuestos a defender a Maduro?

Sí los hay, pero son una minoría, y son ese grupo que han manejado grandes cantidades de dinero y droga, por ello están comprometidos con esa causa.

Retomemos: ¿cómo fue que lograste salir de Venezuela?

Dándome cuenta hace meses de que desde adentro no podíamos ordenarnos para derrocar al régimen, incluso yo traté de contactar a Óscar Pérez cuando él estaba en su proceso, pero por distintas razones no pude, sobre todo por la desconfianza entre los cuerpos de seguridad. Ellos estaban evaluando con quién unirse, pero en ese momento se regó la información y los abatieron, los asesinaron. Cuando sucedió eso, se hizo más evidente que desde Caracas no íbamos a poder actuar.

¿Por qué consideras que Óscar Pérez no tuvo éxito?

Él logró muy poco para lo que pudo haber hecho, porque al igual que Guaidó, estaba esperando que el régimen se quebrara por dentro.

Pero Guaidó todavía no había entrado en el juego en ese momento.

No, pero me refiero a que esperaba un quiebre y un apoyo que nunca llegó. A cada comando que llegaba intentaba sumar refuerzos, porque no tenía suficiente batallón para llegar a Miraflores o cazar a Maduro. En definitiva, en ese momento, tanto yo como otros compañeros estábamos a la expectativa de que algo pasara. Vi oportuno el 23, ya que el 22 el presidente Guaidó anuncia que está en Cúcuta. Nos pusimos en contacto con algunos dirigentes para ingresar la ayuda humanitaria, por la fuerza o como fuese posible con nosotros al frente (tenemos entrenamiento y preparación con armas) para aguantar gases lacrimógenos. Pensando en todas esas cosas yo decido el viernes en la mañana salir de Caracas a San Cristóbal en moto. Salí uniformado. En los puntos de control no tenía problema pues decía que iba al Táchira por labores de inteligencia. Tardé 11 horas en moto en llegar a San Cristóbal, y a la mañana siguiente me preparo para ir a San Antonio. Yo tengo un primo que es guardia que me ayudó a llegar a San Antonio. Allí tuve que burlar a los funcionarios y a Freddy Bernal, pues él conoce mi rostro. Ya en la frontera, los dirigentes de oposición estaban hablándoles a los guardias, tratando de convencerlos de pasarse al lado correcto de la historia.

¿Por qué crees que ese mensaje no termina de calar en los efectivos militares?

Por miedo, sobre todo el miedo a lo que puedan hacerle a nuestros familiares. Había olvidado contarte: yo al salir ya tenía preparados los escondites para mi familia, fuera de Caracas, pues yo sé cómo actúa el DGCIM y el SEBIN, y al darse cuenta de que había desertado, buscarían a mi familia para torturarla y hacer que yo me entregue. Yo ya había cuadrado con amigos para que al cruzar la frontera la escondieran.

Para seguir, en un momento comienzan a lanzar bombas lacrimógenas, se forma un despelote, y entonces aprovecho para arrancar a correr y cruzar al lado colombiano. Una vez allí, los funcionarios colombianos me protegen y me llevan a Migración, comienzan a hacerme diferentes preguntas pues desconfían de mí, y es normal que lo hagan porque vengo de un grupo muy cercano al dictador, que se ha encargado de cometer exterminios, ajusticiamiento y torturas.

¿Qué sucede una vez que ustedes están en Cúcuta, los efectivos cruzaron por su cuenta o había conversaciones previas con dirigentes del gobierno interino? Porque en total son más de 1 000 funcionarios.

Una gran mayoría cruzó de forma espontánea, yo sí fui coordinado, venía con un propósito. Muchos simplemente cruzaron porque no querían formar parte de eso, de la represión. Pero sí había efectivos cuya misión era apoyar el ingreso de la ayuda humanitaria, pero no nos permitieron actuar.

¿Quién no los deja actuar? ¿Qué sucede después que ustedes cruzan la frontera?

Bueno, la inteligencia colombiana empieza a hacer sus estudios, comienza el papeleo, para detectar infiltrados, prontuarios policiales, delitos, por seguridad nacional, y eso se entiende, pero eso se tuvo que haber previsto, pues perdimos todo el día en eso, y perdimos una oportunidad perfecta para actuar.

¿Hubo mucha improvisación?

Sí, fue muy improvisado, los líderes no se agarraron los pantalones.

Y parece que tampoco hubo una respuesta o coordinación para el día después.

Con respecto a eso, a nosotros nos dan el estatus de refugiado, ni siquiera de asilo de político, sino refugiado. Una condición muy baja, porque no nos permiten trabajar, no nos permiten acceso a documentos legales para desplazamiento, con un salvoconducto que tenemos que renovar cada tres meses, sin derecho a trabajar.

¿Dónde viven y cómo se alimentan?

Como somos aproximadamente 1 000 funcionarios los que quedamos (un poco menos), luego de sacar algunos infiltrados, hay cuatro hoteles en el centro de Cúcuta, y uno cerca de Villa del Rosario. Tenemos las tres comidas y el techo, tenemos un horario de salida y entrada, no podemos llegar después de las 19:00.

Yo he escuchado durante los últimos meses militares quejándose de que no se han hecho cargo de ellos, pero según lo que comentas tienen comida y techo.

Sí, eso es correcto, hacia nosotros la atención es comida y techo. Pero más allá de ello, el gobierno interino de Juan Guaidó tiene que ser consciente de que nosotros estamos dejando un trabajo allá con familia. Nosotros no estamos pidiendo que nos mantengan, nuestra prioridad es que nos den un estatus legal para poder trabajar y traernos a nuestras familias que están siendo perseguidas y pasando hambre. Entonces que se avoque a resolver nuestra situación, porque somos nosotros los que si se decide, vamos a dar la vida por la causa, por la libertad.

¿Entonces ustedes lo que desean es que les permitan trabajar?

Claro, nosotros no queremos que nos regalen nada; nosotros queremos hacer algo, queremos trabajar y también queremos cooperar con la justicia. Tenemos información, ubicaciones; tenemos nombres de los colectivos armados, nombres de generales corruptos y queremos aportar.

Escuché en una entrevista de Blu Radio que debido a la situación de los militares venezolanos en Colombia, han surgido ofertas de grupos paramilitares para reclutarlos.

Sí, eso es muy cierto, al ver la demanda de nosotros, grupos delictivos ELN, paramilitares, ofrecen vacantes en su grupo. Pero yo solo tengo conocimiento de un solo funcionario que haya aceptado.

¿Qué ofrecen?

Una buena paga.

¿Tienes una cifra?

Desconozco hasta allí.

En tu conocimiento interno sobre el funcionamiento de las Fuerzas Armadas en Venezuela, ¿qué estarían esperando para dar el golpe y terminar con la dictadura?

Definitivamente las FANB no van a actuar en Venezuela por su cuenta.

¿No lo hacen por miedo?

No lo hacen por miedo porque no hay coordinación. Recuerda que las telecomunicaciones están intervenidas, entonces yo no puedo llamar a mis compañeros en el comando del Zulia, estando en Caracas para decirle «mira, a tal hora». Como no hay coordinación, es imposible proceder, imposible. Hay mucha inteligencia.

Explícame cómo es el tema de la inteligencia cubana.

Ellos están en los comandos de inteligencia y el DGCIM, varios comandos del ejército, del CEOFAN, y en la policía o el FAES, en la escuela de la FAES. Allí hay oficiales cubanos que actúan directamente. Se reúnen con directores y supervisores y dicen que hacer y qué no hacer.

¿Sabes de casos de militares que han sido interceptados por la inteligencia cubana?

Sí, claro, hay oficiales de las FANB que han sido interceptados.

¿Cómo los descubren? ¿Por mensajes?

Por mensajes, por estar hablando mal del gobierno, por estar en desacuerdo con órdenes de los generales, y también por algunas llamadas.

¿Qué pasa con esos militares?

Los torturan. Los toma el SEBIN para sacarle información, y les practican la tortura eléctrica, ahogamiento, asfixiamiento, candela, el hambre, la sed, y no hay nadie que detenga eso.

¿Qué caso conoces tú de tortura a militares?

Bueno, todos saben el caso del primer teniente y capitán Caguaripano. Ellos fueron interceptados en la Cota Mil, avenida Boyacá. Saliendo un poquito de tema ahí, un paréntesis, Carlos Ocariz fue el que participó en esa detención, porque él era alcalde del municipio Sucre, y quien lo detiene es la policía del municipio Sucre. Entonces, ¿a qué estamos jugando? O sea, estás trabajando con quien atrapó al negro, porque el capitán pudo haber hecho mucho.

¿Cómo es la persecución de los familiares de los militares que desertaron?

En mi caso, al pasar y llamar escondieron a mi familia. A la hora de haberlo anunciado, están allanando mi casa. Me hicieron llegar las fotos de las FAES allanando mi casa. Si mi familia hubiese estado allí, los hubiesen torturado hasta encontrarme.

¿mo hacen los militares en Venezuela para sobrevivir?

Está la caja CLAP, que llega mensual a los funcionarios, y también está la extorsión; el tigre, el rebusque. Actualmente se está comiendo puro carbohidrato, es imposible comprar proteínas, no alcanza el sueldo. No se está comiendo bien en Venezuela, se está pasando hambre.

Para culminar, ¿cuál sería el mensaje de ustedes para Juan Guaidó?

Él, como comandante en jefe, debería dar la moral. Cuando un comandante en jefe da la moral, el ejército lo sigue a ciegas, así escasee la comida, escasee el agua y las municiones.

En ese caso, ¿ustedes pueden dar fe de que aquí todos están dispuestos a cruzar la frontera y luchar por la libertad de Venezuela?

Sí, el 95 %, porque como te digo, hay uno que otro infiltrado, y otros que se aprovechan del techo y la comida. Pero cuando yo te digo que como comandante en jefe debe dar la moral, debe reunirse con su ejército, como lo hacen todos los presidentes, porque eso es algo que lo sostiene, y que a la hora de un ataque o una invasión, quien va a salir a dar la vida somos nosotros. Si él da la moral, no solo al reunirse con nosotros, sino al darnos instrucciones, los que están en Venezuela se van a motivar, porque están necesitando un líder bueno. En Venezuela hay líderes malos comandando. Guaidó, creemos que es bueno, pero que está rodeados de parásitos. Pero si él da la moral, nosotros lo vamos a apoyar, y también lo harán muchos militares en Venezuela, pero si él no nos presta atención ni siquiera a nosotros, los otros no se van a motivar.

¿Ustedes piensan que la cooperación militar de Brasil, Estados Unidos y Colombia es necesaria?

Es indispensable, sin ellos no lo podremos lograr. Nosotros apoyaríamos una cooperación con militares extranjeros.

*Emmanuel Rincón es abogado y escritor venezolano, autor de cinco novelas, con un grado en Modern Masterpieces of World Literature de Harvard University.

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