Venezuela: el diagnóstico

Para detener al grupo de mafias que mantienen a Venezuela secuestrada, el remedio es la fuerza total

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Manifestación contra Nicolás Maduro. (Foto: Flickr)

Por Elías Tovar

Quiero creer que lo que nos imposibilita ver una cura (o asumir las opciones amargas como curas) es un diagnóstico errado de la enfermedad. Y más que creerlo, en el pasado han estado algunas pruebas de diagnósticos errados: durante años algunos actores políticos lo enfrentaron como un «democracia con fallas», que tenía falencias pero era en esencia un modelo democrático y que los adversarios también eran democráticos –aunque se les pasara la mano un poquito a veces–. En ese tiempo, también, muchos ciudadanos lo denunciaron como lo que era, una dictadura. El problema para identificarla como tal, es que utilizaba herramientas de la democracia para sostenerse y buscar legitimidad, pero en esencia, era una dictadura (un «autoritarismo competitivo», diría alguien).

A esa enfermedad se le abordó tardíamente como lo que era, por lo que se le permitió mutar cuando la estrategia «pacífica, democrática, electoral (y sin gluten)» empezaba a dar resultados. Una vez que los espacios de competencia electoral fueron cerrados (después de la victoria de la MUD en 2015), la efectividad de aquel remedio se vio disminuida porque la enfermedad se agravó. Y sin embargo, se insistió en él, obteniendo escasos resultados.

Este cáncer no paró de crecer y diseminarse, al punto que, al tiempo que mostraba su vocación totalitaria, se transformó en algo más que una dictadura convencional. La enfermedad, a diferencia de años pasados, es hoy una red criminal transnacional que instrumentaliza a una dictadura caribeña para sostenerse. La angustia no es, en esencia, como pasar del autoritarismo a la democracia, sino del cautiverio al que estamos sometidos por este conjunto de mafias, a la libertad.

No es una tarea fácil, desde luego. Es una tarea altamente compleja y que requiere de esfuerzos increíbles. No envidio los zapatos de Guaidó, que es quién está llamado a coordinar como suministrar el medicamento. Necesito, como todos los venezolanos, que consiga el medicamento adecuado en la dosis necesaria.

Y es que, ojalá esto se solucionara en elecciones, como con el referendo chileno que dio paso a la democracia, o con un diálogo que concertara actores para el gobierno de transición, como en Sudáfrica. En el primer caso de dictadura, la obediencia de las fuerzas del orden a sus jefes, que decidieron acatar el dictamen del referendo, así como la solidez de tales instituciones, eran características innegables; en nuestro caso, las FAN están tan corroídas y desintitucionalizadas como el resto de órganos del Estado, está infiltrada por la inteligencia cubana y está segmentada por grupos de poder fácticos.

En el segundo caso, la élite del apartheid accede a la democratización frente a los boicots y sanciones económicas, funcionaron porque afectaban los intereses de aquella. En Venezuela, los intereses de la élite están ligados con negocios ilegales, como el narcotráfico, no sujetos a sanciones institucionales.

¿Qué remedios quedan? Pues, los más costosos y amargos, pero los únicos eficientes. Frente al mal extremo, el remedio es la fuerza total, que resultará de la combinación de la fuerza ciudadana, que se deslastre del horror totalitario y le haga frente en todos los espacios; la fuerza internacional que decida cooperar policialmente para detener al grupo de mafias que mantienen a Venezuela secuestrada, y que afectan la estabilidad de sus naciones; y la fuerza institucional que articule efectivamente la estrategia entre las tres.

También puede haber un milagro, claro. Pero mientras tanto, mejor empujar las opciones que tenemos, con cuidado de no gastar esfuerzos en remedios inútiles o vitaminas que nutran el cáncer.


Elías Tovar es estudiante de Ciencias Políticas, coordinador de Vente Joven Carabobo y miembro de Cedice Joven.

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