Dos inesperadas lecciones relacionadas con la crisis y a Caracas

Si de Venezuela depende, como el suelo rico que es, estoy seguro de que a nuestras ciudades les esperan todavía muchos días bonitos y noches de fiesta, llenas de chicharras, grillos y sapitos

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Todas esas mujeres jóvenes y hermosas, que con sus contoneos se fueron a estragar corazones al extranjero, parecen haber retomado las calles de la capital. (Archivo)

Por César Oropeza:

¿Recuerda el sonido omnipresente de las chicharras en Caracas? ¿Ese que cada noche nos arrullaba, o fastidiaba, según qué tan ligero tuviera uno el sueño?… ¡Pues ha vuelto! Asómense a la ventana, cierre los ojos y escuche.

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Hace unos días, en un restaurant de Las Mercedes —en uno de esos bonitos que tienen patio interior–, también escuché unos sapitos de esos que ya no se oían más. Los compases bulleros de sus rituales de apareamiento, compitieron una vez más con los nuestros, bajo las ahora ubicuas lucecitas blancas ‘de navidad’.

Éstos animalitos vinieron acompañados de un gavilán, que ahora merodea por mi casa, y en comparsa con millones de mosquitos que ya no se mueren, sino que prosperan, al no haber cómo coño fumigar.

Además, de alguna forma mágica, todas esas mujeres jóvenes y hermosas, que con sus contoneos se fueron a estragar corazones al extranjero, parecen haber retomado las calles de la capital para competir en coquetería con las guacamayas, que regresan en alegre periquera después de una larga jornada de trabajo, acabando con el tono casi bucólico que ensaya ahora, esta otrora cosmopolita ciudad.

Entonces: las dos inesperadas lecciones relacionadas a la crisis y a Caracas, son estas…

Una: «Life finds a way» (“La vida haya su camino”), como decía el tartamudo personaje de Jeff Glodblum en aquella primera película de Jurassic Park. Hacemos mucho daño a la naturaleza y que hoy seamos muchos menos en la ciudad, ha hecho que la fauna haya encontrado de nuevo su lugar entre la gente y sus cosas.

Quién sabe, quizá una baja en la temperatura —al haber menos gases invernadero–, nos traiga de nuevo ese clima londinense del que podíamos disfrutar, hasta apenas hace década y lustro, los que vivíamos pocos metros subidos en cualquier cerro o colina de Caracas.

Dos: los tiempos buenos sí vuelven. Así como han vuelto (o más bien se han venido) a nuestro valle, tantas lindas jovencitas (también muchos hombres jóvenes), que huyéndole a la oscurana en el interior del país, hoy llenan las vacantes dejadas por los migrantes en la ciudad.

Entonces, sí, los tiempos buenos sí vuelven, sólo hay que encontrar las maneras. Eso requerirá que tomemos acciones tan distintas e inesperadas como los resultados que ansiamos. Nos toca reflexionar y dejar de repetir patrones que ya no funcionaron (en lo político, lo económico y lo social) y tomar caminos alternativos.

Si de Venezuela depende, como el suelo rico y prodigioso que es, estoy seguro de que a nuestras ciudades les esperan todavía muchos días bonitos y muchas noches de fiesta, llenas de chicharras, grillos y sapitos.

No importa qué hora sea, les deseo buenas noches.


César Oropeza es un director de cine y escritor venezolano. Autor de las novelas I Love Zombies y Sueño con Chávez: una extraña comedia de ciencia ficción. Puedes seguirlo en @ElPerrote

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