Venezuela: de la oposición que tenemos a la que queremos

La razón por la cual el chavismo permanece en el poder es que cuenta con la complicidad involuntaria de la oposición

1.236
Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional. (Foto: Flickr)

Por Ángel Monagas

Muchos análisis, estudios y expertas opiniones intentan explicar cómo un gobierno tan malo se mantiene en el poder por tanto tiempo.

Veinte años es mucho. En menos de dos décadas se reconstruyó la Europa destruida por la segunda guerra. Igual sucedió en Rusia o  en Japón, incluso con eventos naturales que han sido tan voraces como los realizados por el hombre, salvo el de 1945.

Tenemos problemas hasta para conceptualizar o definir lo que «gobierna» Venezuela.

El chavismo sigue haciendo añicos al país gracias a la oposición, o a lo que se identifica como «oposición». No hay otra explicación. El chavismo-madurismo ha sido muy malo para hacer, pero muy bueno para permanecer. La oposición ha sido muy buena en decir, pero muy mala para terminar con esta pesadilla.

Lo que sí tengo en claro es que los que dirigen la oposición (MUD, G4, Frente Amplio y demás) presentan muchos elementos de coincidencia con el régimen.

Maduro, así como la Constituyente y todos los representantes del Estado, son unos usurpadores. Su mandato solo tiene poder y no autoridad. No representan ni el 10 % de la población y mucho menos de los que tienen derecho al voto.

El legítimo mandato de la oposición perdió por completo la empatía con la gente.

Nuestra oposición no es la que necesitamos para enfrentar el castrocomunismo. Es muy distinta a la chilena, a la nicaragüense, a la polaca, entre otras.

Nuestra oposición guarda una sinonimia escandalosa con la cubana, cuando llegó Fidel, la misma que promovió golpes, movimientos armados, todos fracasados y que terminó favoreciéndose de un acuerdo con los Estados Unidos, teniendo como pago parte del estado de la Florida, hacia donde emigró la mayoría.

Muchos de esos líderes convenientemente utilizaron y le sacaron provecho a la permanencia del dictador en Cuba. En el fondo, su interés por regresar la libertad a la isla fue muy débil.

¿Dónde está el dinero?

La mayoría de los venezolanos desconoce los miles de millones de dólares y euros que reciben los principales partidos opositores de ONG y fundaciones internacionales. No les interesa que eso se sepa y atacan a todos los que pedimos rendición de cuentas.

Esto le ha permitido a estos «líderes» recorrer el planeta, vivir de gira en gira, dizque «luchando por el país».

A veces a uno le parece que la lucha es por un estilo de vida.

No estoy en contra de ese financiamiento, para nada. Sería útil, no obstante, que todos tuviéramos la oportunidad de conocerlo y navegar hacía un horizonte único.

Tampoco olvidamos los «guisos» de algunos de estos opositores con determinados personajes del gobierno en contratos de obras o de bienes y servicios.

Del asado de Maduro en Turquía al partido de béisbol de Stalin González y Gustavo Marcano

Cuando Maduro visitó Turquía, su visita gastronómica a un famoso chef generó miles de protestas y colapsó las redes. Estuvo mal. Fue una burla al pueblo venezolano. Igual actuó Chávez muchas veces en 1999 y en 2000, habiendo ganado legítimamente (en su caso, podría decirse) las elecciones en 1998 (no las otras).

Pregunto: un diputado y un funcionario del legítimo presidente deciden ver un juego de béisbol, nada más y nada menos en vísperas de la serie mundial, ¿tienen o no derecho a ello? ¿Dónde está lo pecaminoso del asunto? Si Chávez o Maduro lo hicieron ¿por qué ellos no?

Los hombres públicos no tienen vida privada aunque la disfruten. La mujer del César no solo debe ser, tiene también que parecer.

Los diputados han esgrimido como argumento de su situación que ellos «no tienen sueldo» ni ningún beneficio económico.

¿Cómo hacen muchos para viajar en avión, en primera clase, en hoteles 5 estrellas, pagar taxis, alquiler de vehículos, comer y demás? ¿Cómo hacen para vivir en Caracas los de la provincia sin tener una «puya»?

Un grupo de sofistas, otros aduladores y la mayoría mandados o creados a través de laboratorios en redes (PJ y VP tienen tremenda estructura para esos fines) han señalado que las «entradas» fueron de cortesía y todos los gastos corren por cuenta del imperio. También señalan que no es delito ver un juego de béisbol. Me decepcionó sobremanera la extensa alfombra al gusto que tendió Ramón Guillermo Aveledo. Pude entender por qué COPEI prácticamente desapareció, cuando él era uno de los consentidos del comité nacional.

Uno puede imaginar los pensamientos de Stalin o Gustavo Marcano: «es que como los jugadores buenos de grandes ligas no irán a Venezuela, hay que aprovechar verlos aquí».

Ese gran tribuno y orador casi griego que haría enmudecer a Demóstenes pidió medida para migrantes venezolanos como refugiados y que de esta forma se aplique el principio de la no devolución y las garantías económicas y sociales propias de ese estatus. Entonces comprendo la situación de Stalín y Gustavo Marcano: los líderes opositores también tienen crisis migratoria. «Hay que socorrerlos», dijo el gobierno de Trump, el gobernador o los alcaldes de Estados Unidos, por eso les regalaron las entradas. Imagino también los hot dogs,  las sodas y todo lo que uno compra en esos estadios, que son un dechado de la modernidad.

Lo más asombroso

Lo que sorprende no son todos los que justifican esta liberación de estrés. El asunto es que pretenden darle carácter moral, casi sacrosanto a ese «acto volitivo» de dos seres humanos que, para desgracia nuestra, ostentan una representación y sus partidos y líderes, un discurso.

Los que tenemos el atrevimiento y cometemos el pecado mortal de cuestionar somos unos «resentidos», o «envidiosos», por decir lo menos ofensivo.

Esa justificación que hacen algunas estrellas políticas, periodistas y vedettes comunicacionales en su papel de voceros, es del mismo estilo intolerante de Maduro. Casi que no veo diferencia.

Lo peor de todo es que debemos ocuparnos de lo que roban los chavistas y no de lo que «roban» los opositores, porque los primeros han robado primero y más. Luego, supongo, cuando ya seamos gobierno, habrá tiempo de corregir o de seguir haciéndolo y nos dirán: «¡cállate que peor lo hicieron los chavistas!».

Otros muchos más audaces nos dicen que debemos aprender de los chavistas, que ellos hacen peores cosas y se tapan todo. Les respondo: yo no quiero ser chavista y mucho menos aprender de ellos. Ciertamente, estos opositores lo hacen muy bien y no necesitan ayuda para parecerse. Allá ellos.

Yo ingenuamente creía que no solo debíamos ser distintos sino mejores. De lo contrario, somos iguales. La única diferencia es el color.

¿Y entonces?

Vuelvo a decirlo: en un país serio, con una oposición seria, los personajes en cuestión deberían explicar todo y de allí, las autoridades políticas decidir. El propio presidente Guaidó deería pronunciarse para refrendar un llamado a la moral, a la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. También debería revisar la acción de sus funcionarios.

La verdadera «antipolítica» la practican aquellos que, como dirigentes, no son ejemplo de sus prédicas.

De la abundancia del corazón habla la boca

Stalin es el mismo que dijo «estamos mucho mejor, aunque el país está peor» (3 de septiembre 2019). Y si voy a un juego de serie mundial, con todo pago, incluidos los on the rocks, hotel 5 estrellas, y demás lujos, mucho mejor. Mi observación alcanza también el «vamos bien», vamos al béisbol en Estados Unidos, playas en Barbados, parrandas en Cúcuta y demás.

Esclavos de lo que decimos

Vale recordar que en un tuit del 8 de enero del 2015. Stalin González señaló entonces que «Mientras los venezolanos andamos de cola en cola, los enchufados se burlan del pueblo y se gastan nuestro dinero paseando por el mundo». Seguramente ya lo borró.

¿Cuál es el problema?

El problema no es si las entradas se las regalaron o no, es la despreocupación que muestran con la situación de un pueblo y todas sus penurias.

No estamos hablando señores de tomarse unas cervezas, se trata de una bofetada al drama venezolano.

Estoy convencido de que no solo Maduro es usurpador. Hay muchos líderes que tienen más de 20 años usurpando la representación de un pueblo, que no solo no representan, sino que atentan contra él.

Triste es que se quiera banalizar y hasta «invisibilizar» este hecho, que es una radiografía del espíritu que impulsa a muchos destacados en la oposición mudista.

Hay una usurpación que avanza y podría sustituir a otra. ¿Peor o mejor? Me cuesta encontrar una respuesta adecuada.

El presidente Guaidó tiene la palabra.


Ángel Monagas es abogado y comunicador venezolano.

Cuando comenzamos el PanAm Post para tratar de llevar la verdad sobre América Latina al resto del mundo, sabíamos que sería un gran desafío. Pero fuimos recompensados por la increíble cantidad de apoyo y comentarios de los lectores que nos hicieron crecer y mejorar.

¡Forma parte de la misión de difundir la verdad! Ayúdenos a combatir los intentos de silenciar las voces disidentes y contribuye hoy.

Contribuya hoy al PanAm Post con su donación

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento