Bolivia contra Goliat II

La victoria boliviana sobre Morales fue, en gran medida, una victoria moral y ética de un país harto de corrupción

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Debo admitir que incluso contra mis pronósticos más optimistas el gigante cayó torpemente antes de lo que nadie imaginaba. (Efe)

Por Jorge Velarde Rosso

Cuando escribí Bolivia contra Goliat para el PanAm Post el jueves 7 de noviembre, los motines policiales, la cascada de renuncias de los políticos del régimen depuesto, la sugerencia del alto mando militar boliviano, etc., no había pasado. Era consciente de que estaba haciendo una fuerte apuesta a algo que no parecía tan probable en ese momento. El artículo salió publicado un par de días después, el sábado 9 de noviembre y la hipótesis del artículo ya era más verosímil.

Básicamente, lo que hice fue una analogía con la escena bíblica de David y Goliat y la situación política que estaba viviendo Bolivia esos días. David era el hijo menor de un viejo patriarca del antiguo Medio Oriente, por lo tanto, con pocas probabilidades de destacar. Sin embargo, cuenta la Biblia, fue ese pequeño quien se atrevió a combatir contra el gigante y lo venció. Y, afortunadamente, la pequeña Bolivia es ahora el David regional que se atrevió a luchar contra el gigante del socialismo del Foro de San Pablo/Grupo de Puebla y lo venció. Debo admitir que incluso contra mis pronósticos más optimistas el gigante cayó torpemente antes de lo que nadie imaginaba.

Como todavía queda mucho por hacer quisiera continuar con la analogía bíblica como lección y advertencia para el futuro. Quizás muchos recuerdan que el golpe que hizo desplomar a Goliat fue la piedra que lo golpeó certeramente en el entrecejo. Pero lo que quizá muchos ignoran es lo que hizo David al ver al gigante desplomado. El lacónico relato bíblico dice así: «Entonces David corrió y se puso sobre el filisteo, tomó su espada, la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos vieron que su campeón estaba muerto, huyeron» (1 Sam. 17, 51).

Debería estar de más aclarar que no me refiero explícitamente a cortarle la cabeza a Evo Morales, pero como los ánimos en la región están tan caldeados, aclaro explícitamente que no me refiero al relato en su sentido literal y no estoy haciendo ningún llamado a cortarle la cabeza a nadie; en sentido literal. Pero sí considero fundamental que el nuevo Gobierno de transición boliviano, el futuro gobierno democrático y en general todos los interesados en y fuera de Bolivia nos aseguremos definitivamente que Goliat está muerto. Considero que se pueden sacar dos lecciones de esta analogía.

La primera lección necesita una aclaración previa; la victoria boliviana sobre Morales fue, en gran medida, una victoria moral y ética de un país harto de corrupción, abusos, fraude y autoritarismo. ‘Cortarle la cabeza’ a Morales en este sentido tiene que ser también moral, en teoría no debería ser difícil, pues los niveles de abuso fueron tan grandes que es casi cuestión de simplemente investigar a profundidad los vínculos delincuenciales de Morales con el narcotráfico y el quizá menos conocido gusto del dictador depuesto por las jovencitas de 12-15 años. Duele escribirlo, los bolivianos lo sabíamos, pero éramos impotentes, que entre las degradaciones morales de Evo Morales destaca la pedofilia.

La segunda lección, y los argentinos lo están viviendo en carne propia, es que si uno no se asegura la victoria moral contra los socialistas, volverán. ¿Qué duda cabe que son hábiles en la manipulación de información y de sentimientos morales de gente bien intencionada? Los bolivianos debemos desenvainar la espada de la justicia y cortarle la cabeza al régimen depuesto. Insisto, de lo contrario volverán.

Solo me queda recordar que no es revanchismo, es justicia; una de las reivindicaciones fundamentales de este movimiento ciudadano boliviano que tumbó al inmoral régimen totalitario que representa el socialismo.


Jorge Velarde Rosso es Licenciado en Ciencias Políticas. Maestría en Historia. Docente universitario. Director académico Libera.

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