Uruguay: una victoria del pluralismo

En Uruguay se impone la necesidad de una agenda despolarizadora, ya sugerida por Lacalle Pou en su discurso de la noche del domingo, cuando habló de “zurcir al país”

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La coalición multicolor liderada por Luis Lacalle. (Foto: Twitter Lacalle Pou)

Emilio Martínez Cardona

Aunque al momento de escribir esta columna el estrecho resultado del balotaje uruguayo del domingo no ha permitido todavía oficializar un ganador, hay consenso entre los expertos acerca de lo irreversible de la primera posición para Luis Lacalle Pou.

Lo más probable, entonces, es que en marzo de 2020 Lacalle asuma la presidencia encabezando lo que denominó como la “alternancia plural” o la “coalición multicolor”, integrada por el Partido Nacional, el Partido Colorado, Cabildo Abierto, el Partido Independiente y el Partido de la Gente, un arco que en lo ideológico va desde la derecha democrática hasta la centroizquierda.

Se trata de una victoria del pluralismo, toda vez que en la primera vuelta de octubre las distintas fuerzas opositoras construyeron sin coerciones sus propios nichos electorales, espacios políticos complementarios que, además de alcanzar una cómoda mayoría en ambas cámaras legislativas, luego se articularon naturalmente en el balotaje.

Ahora, lo paritario del resultado en la segunda vuelta impone la necesidad de una agenda despolarizadora, ya sugerida por Lacalle Pou en su discurso de la noche del domingo, cuando habló de “zurcir al país”.

Esto posiblemente implique un mayor esfuerzo para concertar las reformas con los sectores moderados del hasta ahora gobernante Frente Amplio, arrinconados en la interna de la coalición de izquierda por las fuerzas radicales (Partido Comunista y extupamaros del MPP), que se quedaron con el 80 % de las bancas parlamentarias del saliente oficialismo.

La agenda de cambios tiene como prioridad número uno -remarcada por todas las encuestas- a la inseguridad ciudadana, subestimada durante años por las diversas administraciones del Frente Amplio, que mantuvieron un esquema de “puertas giratorias” judiciales y cumplimiento incompleto de penas, que erosionó la capacidad de sanción efectiva del delito y creó una cultura de la impunidad.

Aunque un proyecto de reforma constitucional para el reforzamiento de las políticas de seguridad no alcanzó la votación necesaria en la primera vuelta, su alto apoyo terminó de instalar a este tema como ineludible.

En materia de inserción internacional, el cambio que viene incluiría “distanciarse de los dictadores”, como dijo Lacalle Pou en clara alusión a los autócratas de la ALBA. Un viraje que, pragmáticamente, el mismo Tabaré Vázquez podría iniciar en sus últimos meses de gobierno, si priman las razones de Estado y el sentido común geopolítico.

Otro punto relevante es el por qué de la “remontada” de la izquierda en los días previos al balotaje, que llevó al FA a lograr unos tres puntos porcentuales más que los previstos por los sondeos de intención de voto.

La campaña de miedo a un eventual ajuste fiscal y a la consiguiente generación de inestabilidad social (con advertencias que por momentos rozaron la amenaza) es una de las explicaciones posibles. Esto indica cuál será el flanco que requerirá de mayores cuidados y capacidad de prevención de conflictos, de parte de la nueva administración de la “alternancia plural”.


Emilio Martínez Cardona, escritor uruguayo-boliviano.

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