Sufragio, soberanía, representación política y consecuencias

El mundo está obserbvando cómo la democracia está siendo destruida por líderes electos mediante procedimientos democráticos

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La educación, el comercio libre y la ayuda internacional nos sacarán de la miseria. (Foto: Flickr)

Por Luis Beltrán Guerra

El evento se lleva a efecto en el Interamerican Institute for Democracy, en Coral Gables, Miami, por petición de Víctor Hugo Mamani, quien se gradúa de doctor en leyes Cum Laude en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Boliviana San Pablo, en Cochabamba, con tesis dirigida al análisis de tan importante problemática, premiada por el jurado. Su tutor, Carlos Sánchez Berzaín, profesor titular de temas políticos y constitucionales.

Durante los años de la carrera Mamani estudia, a profundidad, de Hans Kelsen, la Teoría General del Estado (1925) y la Teoría Pura del Derecho (1934), señaladas como prioritarias por el profesor Sánchez, por demás exigente. Hace ya algún tiempo, como consecuencia de su excelente formación, ha comenzado a aquietarle la ambivalencia en la vida real de las reglas de conducta escritas en las leyes y la real observancia de las mismas. Y ello muy particularmente en lo relativo a las previsiones constitucionales, pues si éstas, atinentes al gobierno, al parlamento y a los jueces suelen aplicarse, en la medida en que convengan a aquellos que dirigen los poderes públicos, qué sucedería, entonces, con las concernientes a los ciudadanos, titulares de la soberanía y que en un pacto social han cedido, dizque, transitoriamente, a los gobernantes. Un gobierno abusador de la estructura legal bajo la cual se ha constituido, en qué medida el soberano puede removerlo, se pregunta a diario Víctor Hugo. Así mora en sus lecciones y en la mayoría de sus quehaceres.

Una alegría transitoria lo aquieta al recibir del Interamerican “The Democracy Paper No. 16”, titulado Seis ensayos sobre la democracia, escritos por Carlos Alberto Montaner, Guillermo Lousteau Heguy, Carlos Sánchez Berzain, Beatrice Rangel, Asdrúbal Aguiar y Luis Fleishman. Por supuesto, asume que la instrucción para su envío ha debido darla el propio doctor Sánchez, Director Ejecutivo del Instituto, su siempre recordado profesor en Cochabamba. La misiva que acompaña al libro recomienda al destinatario tener reuniones y por separado con los articulistas, lo cual asume y ejecuta como un incuestionable mandato.

En aras del principio “las damas primero”, entrevista a la socióloga venezolana Beatrice Rangel, quien se refiere a la ponencia de Nicolas Pauccar, líder de la nación Q’ero (Machu Pichu, Perú), en el conversatorio “El desarrollo evolutivo de la democracia”, (IID) y Miami Dade College), para quien el ser humano está compuesto de 3 cuerpos: físico 70 % H20 y 30 % químicos, energía 70 % oxígeno 30 % calor y espíritu 70 % movimiento y 30 % sonido y que cuando ese equilibrio se descompone las sociedades se enferman, como ha acontecido y acontece en América Latina. La desarmonía que plantea Pauccar, para Rangel, la complementan Octavio Paz y José Ortega y Gasset, pues sostienen que el desarrollo y consolidación de Suramérica está relacionado con su proceso de formación, tipificado por: 1. la invasión por potencias medievales (España y Portugal); 2. estas apenas se estaban sacudiendo del oscurantismo y 3. Se trasladan a la región con ánimo controlador. El país Q’ero de Nicolás Pauccar concluye la destacada profesional: es prueba, por tanto, del primitivismo cultural de nuestros antepasados. Beatrice, interpretando a Ortega y Gasset, califica a Latinoamérica como la sociedad de los desequilibrios, acudiendo a la situación de Venezuela, con rostros famélicos, cadáveres de niños muertos de hambre, pacientes que se suicidan tirándose de las ventanas de los hospitales y un rio de gente yéndose del país. Se mantiene, por tanto, la interrogante: ¿quiénes somos y hacia dónde vamos? La democracia, tal vez, nos permita la respuesta, pero cuando realmente exista.

El boliviano ha de tomarse dos días para recuperarse del estado neoexistencial, como consecuencia de las verdades irrefutables de la venezolana y pensando que corre menos riesgo decide entrevistar a los conferencistas restantes en razón de sus edades, por lo que visita al escritor cubano Carlos Alberto Montaner, quien le advierte que conoce el motivo de la visita por habérselo explicitado Carlos Sánchez Berzaín.

Montaner ejerció la presidencia del Interamerican, en razón de lo cual se limitaría a repetir al visitante las mentiras que el último dejó escritas en The Democratic Paper No. 16, sorprendiéndose de que es el propio visitante quien se las recita: 1. la riqueza de las naciones poderosas ha sido el saqueo de las más débiles; 2. crean formas de producción que convierten en miseras a las menos desarrolladas; 3. al Estado compete determinar las reglas del desarrollo, pues el mercado conduce al desorden; 4. la calidad de un Estado depende del nivel del gasto social; 5. al gobierno compete distribuir la riqueza para evitar desigualdades; 6. los países menos desiguales son aquellos con mayor presión fiscal; 7. el gobierno ha de determinar precios y salarios para evitar injusticias; 8. La educación, el comercio libre y la ayuda internacional nos sacarán de la miseria. El escritor sorprendido dice a Mamani que no vaya a morir como Carlos V, o sea, bebiendo cerveza para la gota (otra gran mentira) y gritando “no hay nada más peligroso que la ignorancia”.

Una semana toma al boliviano reponerse de la última conversación, por lo que se persigna cinco veces seguidas antes de tocar la puerta del apartamento de Guillermo Lousteau Heguy, quien le recibe con la galantería y cordialidad que le caracteriza. Mamani manifiesta al académico que antes de haber leído su ensayo Sobre el populismo, estaba convencido de que este era una especie de monstruo que con una boca grande llena de dientes se comería a la democracia, sorprendiéndome que usted pareciera justificarlo, pues escribe que “el populismo es una tendencia política, cuestionadora de la concreción de los postulados que aquella postula. En el fondo, una alternativa a la concepción liberal, a la que denuncia como elitista y opresora de las mayorías”.
Desearía que por favor nos explicase si The Culture Theory, a la que hace referencia, ha constituido un aporte a una teoría general de la política y en qué medida ha sido determinante en la distinción entre el constitucionalismo liberal, o sea, el del consenso, y el latinoamericano de las mayorías electorales y en la teoría del conflicto. «No tengo dudas» contesta el profesor argentino, pero ha de tener en cuenta que para que la cultura llegue a ser consensual ha de haber sobrevivido a largos periodos de predominio. Víctor Hugo, con porte de sabiondo, agrega que “para la teoría del conflicto, la del consenso no deja de ser una fábula”. El académico Lousteau lo felicita.

En la reunión con el venezolano Asdrúbal Aguiar, Víctor Hugo le pregunta si reafirma su apreciación en el Democratic Paper, en el sentido del “advenimiento de una suerte de democracia ileberal o de neocesarismo populista que conduce a reconcentrar la gestión de las repúblicas en líderes carismáticos y populares, ajena a las mediaciones institucionales. Concuerda, también, en que la humanidad se arropa en la era postdemocrática”. Al director de la cátedra Mezerhane en el Miami Dade College, no queda más camino que aceptar, felicitando a Mamani, quien se despide con un fuerte apretón de manos.

En el encuentro con Luis Fleishman, es el propio profesor de sociología in Palm Beach State College y autor del libro Latin America in the post-Chavez Era: The Security Threat to the United States, quien comienza la tertulia expresando que la gran dificultad de la democracia en America Latina ha sido la desconexión de la sociedad civil y el Estado, acentuada por políticas de redistribución populista que se ofrecen, pero que en rigor terminan sin cumplirse. Mamani lo interrumpe preguntándole si estima que se mantiene en vigencia el lema “que se vayan Todos”, derivada de la desconfianza hacia la clase política y de la propia democracia y que ello determinó la presidencia de Evo Morales en Bolivia. Ante ello, el profesor responde: 1. el mundo está viendo cómo la democracia está siendo destruida por líderes electos mediante procedimientos democráticos; 2. ello ha sucedido en Venezuela, Nicaragua y Bolivia, pero también en Rusia, Turquía, Polonia, donde se ejerce el poder autoritario valiéndose de elecciones; y 3. América Latina debe continuar luchando en contra de esa corriente. Víctor Hugo, agrega, leyendo el final de la intervención de Fleishman (página 84): “Pero el camino es largo aún y necesita una buena brújula y navegantes responsables”. Es así, acota el entrevistado, despidiendo al boliviano.

Una semana y a dedicación exclusiva destina Víctor Hugo Mamani a preparar la entrevista con su profesor Carlos Sánchez Berzain. Al estrechar su mano, se traslada, sin poder evitarlo, a las clases de hace ya una veintena de años, impartidas por su tutor en la Universidad San Pablo, en Cochabamba. Ante el respeto protocolar, abandona la pretensión de exponer primero en lo relativo al ensayo de Sánchez America Latina, 17 años después del 11 de septiembre del 2001 (The Democratic Paper), ya que es el propio director ejecutivo del Interamerican quien expresa: 1. la carta democrática interamericana consagra a favor de los pueblos de América Latina el derecho a la democracia; 2. asimismo, el deber a sus gobiernos de promoverla y defenderla y 3. sin embargo, la realidad revela un gravísimo retroceso con las dictaduras del socialismo del siglo XXI. Entre otras variables, por la estrategia exterior de los Estados Unidos, la cual descuidó programas de cooperación del sistema político y la lucha contra la corrupción y medios de coordinación en el área militar, inteligencia y el crimen organizado. Si decidiéramos ser prácticos, puntualiza, Sánchez, ella es la gran verdad.

Permítame manifestarle, sin embargo, mi admirado profesor, plantea Víctor Hugo (dejando a un lado el nerviosismo) que no percibo unanimidad con respecto al régimen político idóneo para los países en desarrollo, entre ellos, por supuesto, los de América Latina, razón para proponerle el análisis del planteamiento que me llamó la atención del catedrático Guillermo Lousteau Heguy (The Democratic Paper No. 16, p. 31), que con los aportes de Ernesto Laclau y de su esposa Chantal Mouffe: 1. la articulación del pueblo en oposición al bloque dominante es fundamental para la radicalización de la democracia; 2. esta consideración eleva la racionalidad del populismo y 3. se convierte en rigor en un legítimo reclamo de múltiples reivindicaciones, un camino para la profundización de lo democracia. Esto último, conforme a mi modesto criterio, para su necesaria sinceración.

La cuestión pasaría por determinar si es un problema de “consecuencias”, con respecto a las cuales no profundicé lo suficiente en mi tesis de doctorado, o de la misma “metodología”. Fijémonos que en este contexto Paul Krugman, premio nobel de economía, en el reciente artículo Bernie Sanders apuesta por el todo o nada (El País, España, 7.3.20), puntualiza “que el sandersismo, como filosofía, consiste en rechazar la política progresista gradual del obamaismo, como la cobertura sanitaria y la reducción de la desigualdad de rentas”. Esta consideración de Krugman me impactó: “en todo caso, necesitamos tener clara la naturaleza del debate en lo que queda de contienda demócrata. Insisto, no se trata de valores: los demócratas como grupo se han vuelto mucho más progresistas de lo que eran, y hasta un “centrista” como Biden defiende políticas —como una gran ampliación del Obamacare— que no hace mucho se habrían considerado demasiado izquierdistas”. Le sugiero que lo haga el Instituto que con tanto esmero dirige, por lo cual permítame, por favor, que le entregue la solicitud por escrito, dirigida al nuevo presidente, Tomás Regalado, designación por demás acertada y merecida.

Estrecha la mano de su viejo tutor, manifestándole que regresa a Bolivia, donde bastó que el general Williams Kaliman sugiriera a Evo Morales entregar el gobierno (a lo cual accedió) sin siquiera percatarse de que la pollina de su pelo se ubicaba debajo de sus cejas. Las reacciones, lamentos y otros gritos se produjeron en Argentina (donde se le recibió, aunque por días, con la anuencia de la dupla Fernández). Deambula Morales entre la tierra de Gardel, la Cuba de los Castro y el México de Andrés Manuel López Obrador. Al soldado boliviano se le planteó el dilema de requerir la observancia constitucional o proseguir en el manguareo de la ley de leyes, inclinándose por fortuna a lo primero, por lo menos, para obviar la estadía en la quinta paila del infierno. Terminó, en rigor, ofreciendo al oprimido pueblo boliviano, alternativas. Dios quiera que las aprovechemos, interrumpe el doctor Sánchez.

En un fuerte abrazo se confunden profesor y alumno. Víctor, como su tutor percibe, porta consigo los libros The Philosophical Foundations of America Constitution, Guillermo Lousteau Heguey, El ascenso del Príncipe Democrático, Sergio Fabrini, Contra las elecciones, David Van Reybrouck, Las raíces torcidas de America Latina, Carlos Alberto Montaner y encima de todos, como en posición de privilegio, el de H.G. Wells, El destino del Homo Sapiens. El doctor Sánchez le entrega, advirtiéndole que por segunda vez, Las dos Américas, democracia y dictadura de su autoría.

Deseándose cada uno lo mejor, es como se despiden.


Luis Beltrán Guerra Guerra es un abogado, profesor, político y escritor venezolano.

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