Cómo la izquierda ganó la batalla cultural en Chile

Al no ser un contrapeso real a las ideas autoritarias de izquierda, los chilenos comienzan a tener pensamiento homogéneo

2.019
Protestas en Chile. (Foto: Flickr)

Una de las preguntas que Latinoamérica se está haciendo es cómo Chile, uno de los países más estables y con los niveles de prosperidad más altos de la región, ha caído en la deriva tercermundista del caos social y del populismo constitucional. Y la razón es sencilla: la izquierda terminó ganando la batalla cultural en este país.

Esto pasó no solo por la generación perdida (jóvenes con ansiedad y depresión), sino que también la izquierda controla los medios de comunicación, la cultura y el entretenimiento. Solo hay que mirar lo que pasó en el Festival de Viña del Mar de este año, donde la gran mayoría de artistas chilenos y extranjeros le dio su apoyo a la revolución socialista que vive Chile desde el 18 de octubre. La consecuencia inmediata es la subida en 10 puntos de aprobación a las protestas y marchas.

Estos factores han contribuido al desarme del modelo económico chileno y a la inestabilidad política producto del plebiscito que busca cambiar la constitución. Pero también hay otros factores que se van describir a continuación que explican cómo se metió Chile en el caos.

La leyenda negra en contra del modelo económico

Uno de estos factores ha sido la instalación de una leyenda negra en contra del modelo económico “neoliberal”. La izquierda vendió éxitosamente la idea que el modelo solo “favorece a los ricos”, que este genera “desigualdad” y que las condiciones en las cuales viven los chilenos “son similares a las del Congo”. Los chilenos comienzan a tener una distorsión de la realidad producto de esta propaganda.

Cuando se impuso el “consenso socialdemócrata” a partir del 2011 gracias al movimiento pseudo-estudiantil que exigió “educación gratuita” en las calles, se han tenido cinco reformas tributarias que han terminado por estancar la economía al no tener el dinero para financiar esta gratuidad. Si lo combinamos con el aumento de los subsidios (“bono marzo” instaurado por ley), leyes que controlan precios (ley de fármacos y de estacionamientos), aumento de ministerios (en total 24, 6 de ellos creados en esta década) y un aumento de la burocracia estatal, tarde o temprano esto iba a pasar la cuenta. Como consecuencia, los chilenos prefirieron creer en la narrativa impuesta por la izquierda al creer que el estancamiento de la economía es debido al modelo.

Instalación de la agenda progresista

Se instaló la agenda progresista en desmedro de las ideas conservadoras y libertarias. La agenda libertaria (bajar impuestos, reducir el gasto social y eliminar la excesiva burocracia estatal) y la agenda conservadora (tasa de natalidad a la baja o la falta de formación de familias) terminaron siendo postergadas y olvidadas en favor de la ideas de izquierda (aborto, marihuana medicinal, matrimonio igualitario, ley de identidad de género y eutanasia) gracias a que la gente les dio su apoyo.

¿Cuáles han sido las consecuencias de apoyar estas ideas? Por ejemplo en el caso del aborto, la aprobación de las tres causales (riesgo maternal, problemas del feto y violación) que sucedió el año 2017, (precediendo en un año la “ola verde” de Argentina), contó con un apoyo del 78 %. Ahora ya se habla de aborto libre y también generó que la mujer dependiera del Estado.

En el caso de las drogas, Chile es el tercer país con mayor de consumo de marihuana en el mundo (15.1 %) y el 62 % de estos son jóvenes entre 12 y 25 años. La evidencia científica establece que el consumo de marihuana provocaría daño mental severo como esquizofrenia, psicosis y tendencia a la depresión. Esa sería una las causas de la crisis mental que tiene los jóvenes chilenos y que los han llevado a salir a las calles a protestar.

Todas las ideas progresistas generan un estatismo y en una sociedad como la latinoamericana, propensa a la colectivización y a votar izquierda, esas recetas son un desastre en ciernes. Chile se convirtió rápidamente en una sociedad colectivista que busca que el Estado sea parte de su vida.

Izquierdización de la derecha

La derecha chilena ha preferido adoptar la narrativa de izquierda, haciéndose indistinguible de los partidos de centro-izquierda. La izquierda, al vender que la derecha es “arcaica”, “primitiva” y “obsoleta” y que no están a la altura de los tiempos modernos, hizo que esta se convirtiera en una especie de “oposición controlada”. Ser “derecha social”, mostrarse a favor de las cuotas de género y apoyar el cambio de constitución porque hay que hacer “un Chile más justo”, demuestra el triunfo total de la izquierda por sobre la derecha.

Y no solo es un problema de los partidos de centro-derecha, es también el liberalismo. Ellos prefirieron adoptar como suyas las ideas de John Rawls y considerar al libre mercado como una corrupción de las “verdaderas” ideas liberales. Es común que ellos llamen peyorativamente “neoliberales” y “conservadores” a los liberales clásicos y a los libertarios que defienden el modelo económico. Los pocos partidos liberales o se consideran de “centro” (siendo que sus ideas son más cercanas a la socialdemocracia) o están aliados a una coalición de extrema izquierda que comenzó las protestas en primer lugar. Al no ser un contrapeso real a las ideas autoritarias de izquierda, los chilenos comienzan a tener pensamiento homogéneo e intolerante con cualquier persona que piensa distinto.

El auge del feminismo radical

Mención aparte es el auge y popularidad del feminismo radical e interseccional en los últimos años, demostrado con las masivas protestas del 8 de marzo en España, Argentina, Chile, México y Colombia y la huelga general de mujeres a posterior. En el caso de Chile las marchas han sido masivas (cerca de 200 mil personas, no dos millones como ha sido reportado erróneamente) y han generado un quiebre en la sociedad en general.

La popularidad de este movimiento se explicaría porque las mujeres se sienten más seguras si forman parte de un movimiento identitario y colectivista. La “empoderación” que supuestamente les iba a traer beneficios, en realidad las hizo menos libres: se sienten más aisladas e impotentes frente a una liberación que las perjudicó.

El feminismo se convirtió en un movimiento de masas que busca cambiar el paradigma que ellas han creado de forma artificial. Como dice Eric Hoffer en su libro El verdadero creyente: “Los movimientos de masas pueden surgir y extenderse sin creer en un Dios, pero nunca sin creer en un demonio”. El demonio, en este caso, es la opresión del sistema patriarcal.

Las consecuencias de creer en este demonio, como dice Silvia Poratelli en su ensayo El feminismo ideológico, solo ha traído efectos negativos para las mujeres y para la sociedad: victimizan a la mujer (la deja como persona no responsable de sus actos), convierte a la mujer en un semejante con el hombre (el hombre es el “gold estándar” de la especie humana) y limita la libertad de expresión (si no estás a favor del feminismo, eres cómplice). La búsqueda de pertenencia a un grupo hace que las mujeres se tornen colectivistas y pidan intervención estatal.

Conclusión

Chile le ha dado una advertencia a toda Latinoamérica: el libre mercado necesita de un orden moral para poder subsistir y un orden moral progresista solo lleva a la estatización y a la colectivización. Y esto pasó no por culpa de los conservadores o del libre mercado: es culpa de la desidia de cierta gente que cree que las ideas de la libertad garantizan una estabilidad social sin entender que la gente le tiene miedo a la libertad.

 


Esteban Zapata es liberal clásico egresado de la Universidad de la Frontera de Chile como biomédico.

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