Colapso de la URSS y mutación ¿receta para el neocastrismo?

Las sanciones que hoy se aplican sobre el régimen, contienen, en su génesis, el conflicto de la propiedad. He aquí el dilema cubano

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El castrismo no puede aspirar a préstamos sustanciales de instituciones financieras. (Foto: Flickr)

Por Antonio G. Rodiles

Las medidas lanzadas por Mijaíl Gorbachov que pretendían un socialismo más eficiente y humano fracasaron y llevaron a la desintegración de la URSS.

Hacia 1991, la élite comunista buscó ganar legitimidad mitigando la profunda crisis económica mediante la importación de productos, incremento de salarios, beneficios sociales y control de precios. La deuda externa creció, al igual que la inflación. Las maniobras eran pocas y tardías.

El ambiente errático estimuló la búsqueda del enriquecimiento de los directores rojos, cuadros partidistas, oficiales de la KGB. La nomenclatura comprendió que podía mantener los privilegios ahora sin ideología. ¿Por qué manejar un Volga si se puede un Mercedes?

El fracaso del golpe de Estado de ese año aceleró la dinámica de las transformaciones políticas y económicas e hizo lucir al sector oportunista de la nomenclatura como reformista. Ellos, junto a los de línea dura, eran obstáculo de las transformaciones y solo cedieron a cambio de beneficios personales, apoderarse de empresas y acumular fortunas.

La privatización en Rusia terminó convirtiéndose en una piñata cargada de corrupción y clientelismo político. Quien fuera primer ministro en ese período, el economista Yegor Gaidar, se ha justificado mediante el dilema de dar pasos fallidos o aceptar la permanencia de los comunistas con su sistema.

Si bien la glasnost eliminó algo del hermetismo comunista, no fue suficiente para denunciar y frenar las redes de delincuencia de cuello blanco.

El resultado no fue la construcción de una estructura social que diera pasos a la democracia, por el contrario, se enrumbó hacia un autoritarismo que desde hace 20 años está bajo el control de un exagente de la KGB, Vladimir Putin.

Rusia cuenta con amplios recursos naturales, una industria armamentista, armas nucleares, influencia en el orden geopolítico, es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que la convierte en un actor a nivel global, algo muy distinto al régimen cubano.

La élite castrista, representada por familiares e individuos afines, se ha apropiado de los negocios más lucrativos. Sin embargo, la inoperancia del sistema se sigue manifestando dada la dependencia económica de Venezuela y la fragilidad ante el incremento de las sanciones de la actual administración norteamericana. Este escenario les obliga a dar nuevos pasos.

Quienes diseñan las nuevas maniobras conocen del fracaso y del peligro de la perestroika. En aquel caso la economía solo remontó con un espurio proceso de privatización y flexibilización del mercado. A lo que sumaron abultados préstamos de organismos internacionales y de naciones occidentales a quienes Boris Yeltsin, les vendió el desmontaje del comunismo como un hecho.

¿Está valorando el castrismo entrar en un proceso de profundización en las maniobras económicas?

Las sanciones que hoy se aplican sobre el régimen, contienen, en su génesis, el conflicto de la propiedad. Las reclamaciones por confiscaciones ilegales, algunas activadas por el capítulo III de la Ley Helms-Burton, aplicadas en los primeros años de la llamada revolución, a extranjeros y a cubanos radicados o no en la isla, tomarán aún más relevancia si el régimen promueve alguna versión de privatización o usufructo como medidas para relajar los controles económicos. El tema de la propiedad en Cuba es una tarea pendiente.

Tampoco el castrismo puede aspirar a préstamos sustanciales de instituciones financieras o de países a nivel individual. Sus deudas son abultadas y recurrentemente se encuentra en impagos.

De cara a un segundo mandato de Donald Trump con sus implicaciones para Cuba, la desaparición física o salida de la esfera pública de Raúl Castro, el hartazgo de un pueblo cada vez más frustrado, sumándose una emergente «glasnost caribeña» en las redes sociales ¿cuál es la herencia del régimen para los suyos?

El castrismo no está atado de pies y manos y es astuto, pero su futuro es incierto e inexplorado, un escenario que hasta hace muy poco parecía distinto.

 


Antonio G. Rodiles es un activista político cubano.

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