¿O del virus o de hambre?

Los gobiernos sometidos ante la histeria colectiva han optado por decretar un régimen autoritario que acaba con las libertades económicas y sociales de empresarios y ciudadanos.

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Poca atención presta la gente a la cifra que debería ser primordial: el número de personas que supera la enfermedad sin siquiera ir al medico por el dichoso virus chino. (Getty Images)

*Por Sergio D. Rodríguez

Imagine usted… si pudiera en este mismo instante escoger su futuro entre dos posibilidades nada lejanas por estos días: estar contagiado de una gripa que tiene menos de un 1% de probabilidad de matarlo o tener que malvivir en la completa miseria y al final morir de hambre. ¿Qué elegiría?

Ese debería ser el cuestionamiento que tendría que esta girando en la cabeza de tantos colombianos que sin si quiera reflexionar por un segundo han preferido renunciar a sus libertades individuales por causa de un virus chino que ronda en el aire, del que nadie sabe cómo se comporta y el que solo pone en riesgo mortal a menos del 1% de los infectados.

Los medios de comunicación y las redes sociales poco ayudan con la denominada “pandemia” que estamos “padeciendo”, publicando cifras que parecen alarmantes por el número de contagios, como si esta cifra fuera la de los muertos que se producirán. Poca atención presta la gente a la cifra que debería ser primordial: el número de personas que supera sin siquiera ir al medico por el dichoso virus chino.

Los gobiernos sometidos ante la histeria colectiva han optado por decretar un régimen autoritario que acaba con las libertades económicas y sociales de empresarios y ciudadanos, lo cual sí está llevando a la debacle a las naciones. Basta ver el costo del dólar y la caída internacional de las bolsas, eso sí, solamente en Occidente, porque en donde se originó todo parece que viven una bonanza económica.

Siempre hay quienes ganan con los cuentos chinos.

Hace pocos meses, cuando se dio el estallido social en Colombia gracias al alboroto de los sectores radicales de la izquierda, conocimos las dos caras de la población: una que aprovechó amedrentado, atacando y saqueando hogares y negocios locales; y por el otro lado una sociedad que no tiene miedo de defender su familia y su propiedad privada.

A eso debemos sumarle que en los próximos días 10.850 presos serán dejados en libertad, ¡claro!, firmando un compromiso de que regresarán a sus prisiones cuando todo este “drama” termine. Sin atenuantes: esa es gente que ya no conoce el miedo ni el respeto por el imperio de la ley y que seguramente se sumaría a un posible estallido social que se está formando.

Con las medidas que están tomando los gobiernos, y en especial el de Colombia, nos exponemos a una caída completa de la economía, en la que los pequeños y medianos negocios, que representan la mayoría de la fuerza empresarial del país, tengan que cerrar por la falta de ingreso y por las presiones del Gobierno para mantener a sus empleados, quizá en un acto de filantropía y para otros casos, evitando sanciones gubernamentales.

De seguir encerrados y jugando con la inestable posición económica de nuestra nación millones de personas se exponen a perder su único ingreso, con el que muchos mantienen a toda una familia, y no va a haber gobierno que sea capaz de soportar a punta de subsidios a los más pobres, a los independientes y a la clase media, que son mayoría en el país.

Imaginen ahora esta situación bastante sencilla: por un lado, algunas empresas tienen que cerrar definitivamente y con ello prescindir de todos los empleados y colaboradores que tenían, a su vez, estos por simple matemática dejarán de comprar, lo que llevará al fracaso a más empresas, como los pequeños comercios, creando una cadena que afectará hasta los empresarios más grandes de nuestra nación, los cuales van a sentir un golpe fulminante que terminará llevándolos a terminar contratos con más empleados, si no es que tienen que también cerrar. Toda una pandemia económica.

¿Y qué esperamos? Que el gobierno en su rol de gran hermano subsidie con recursos de quien sabe donde, ya que impuestos no se van a percibir por la misma crisis económica, o que termine aumentando la deuda internacional para poder contener el estallido social, que recordemos, no se para, solo se posterga.

Cuando estos pocos recursos gubernamentales se agoten vamos a tener la más grande crisis, ya que dinero para subsidiar la salud no habrá, para pagar pensiones de los ancianos probablemente ya no existirá, y los subsidios a los más necesitados (que de seguir así terminaremos siendo todos) también dejarán de existir.

Es el momento de que el gobierno nacional tome las medidas para robustecer un sistema de salud que sea capaz de atender la mayor cantidad de infectados con el virus, mientras que se aísla a los más vulnerables y a la fuerza productiva del país se le permite mantenerse activa. Las empresas y la circulación del dinero terminarán apoyando el mantenimiento de ese sistema de salud.

Por qué no tomar las medidas que implementó Japón, tan arraigado a su cultura: la cancelación de grandes eventos, el uso de tapabocas siempre, el aislamiento social como regla general más nunca decretar una cuarentena. Por eso están saliendo victoriosos en la lucha contra el virus chino.

De no ser así, en muy poco tiempo tendremos que escoger si nos queremos morir por el virus chino o de hambre.

Al cierre de esta columna me comparten una noticia gravísima, tanto en España como en Italia la gente llama a una rebelión y empieza a saquear los primeros supermercados. Se supone que en Europa la necesidad es más baja que en nuestro país, entonces… ¿que nos espera a nosotros?

Nota: Ojalá después de solucionado este enorme problema que puso en jaque las naciones se condene tajantemente a China por su posible creación del virus o la negligencia que tuvieron frente al mismo, como lo relató en su artículo “China oculto y exporto el coronavirus” De Vanessa Vallejo

Sergio D. Rodríguez es Miembro del Partido Conservador Colombiano, Economista, Columnista de opinión, analista político. Reaccionario.

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