España puede convertirse en un narcoestado

España está en pleno proceso subversivo y con todos los ingredientes para convertirse en un narcoestado

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Pedro Sánchez, presidente de Gobierno español. (Foto: EFE)

Por Antonio Moreno Ruiz

Ningún país se convierte en un narcoestado así como así. Para que ello ocurra, antes ha de darse un potaje sociopolítico pintoresco y virulento. No obstante, el sueño de Pablo Escobar está hoy más vigente que nunca, y para muestra, el Cartel de los Soles que en comandita con el G2 castrista “gobierna” Venezuela.

Por nuestra parte, llevamos tiempo advirtiendo de que España puede convertirse en un narcoestado. Especialmente en Galicia y en Andalucía (las zonas con mayores costas de España), desde hace tiempo se están dando sociedades paralelas que se parecen bastante a lo que hace mucho tiempo se da como fenómeno social asumido en el sur de Italia y en algunos países de Iberoamérica.

Con todo, no solo siguen vigentes nuestras advertencias, sino que se van a reforzar en los tiempos del coronavirus. El gobierno social-comunista español tuvo más de dos semanas para actuar y lo que hizo fue desinformar o negar a costa de aupar a como diera lugar la manifestación feminista-neomarxista del 8 de marzo; siendo que al día siguiente, Pedro Sánchez tuvo que exponer su descompuesta cara ante los medios.

Entre las medidas del estado de alarma decretado por Pedro Sánchez hay absurdos y contradicciones que van a estallar: todos concordamos con que debe haber un estado de alerta sanitaria, pero lo que no se entiende es que la gente tenga que pagar los mismos impuestos cuando muchos irán a su casa con un expediente de regulación temporal de empleo o que los autónomos sigan padeciendo impuestos abusivos y sin ingresos durante un tiempo indefinido.

Y hablando de expedientes de regulación temporal de empleo: ¿De verdad las empresas están obligadas a readmitir a todos esos trabajadores después? ¿De verdad muchas empresas van a continuar siquiera?

Asimismo, no todo el mundo se puede ir a casa; todavía sigue bastante gente trabajando. Y aquellos que tienen que ir a trabajar, resulta que tienen la premisa de “un coche, una persona”; o en su defecto, pueden recurrir a los autobuses, cuyo horario se recorta, o a los taxis, que no es una opción barata.

La falta de transporte va a obligar a que mucha gente salga mal de sus trabajos.

Además, con esto del “estado como avalista” de Pedro Sánchez, ¿de dónde van a salir esos supuestos millones y quién, ¿cómo y por qué los va a prestar, si el estado español está endeudado hasta las cejas?

La subida de impuestos, algo constante desde los tiempos de Zapatero y Rajoy, será todavía más asfixiante.

Esto huele a mala imitación de Francia; con la salvedad de que si Francia puede mantener una política de “estatalismo de bienestar” (en continua contradicción y quiebra, por cierto), es porque sigue siendo un imperio colonial en África. Cuando Macron exime de pagos como la luz o el alquiler, lo hace porque sabe que su país podrá explotar multitud de recursos naturales a placer. Y esto no viene de ahora: La jugada “descolonizadora” fue apartar políticamente a Francia de África, pero mantenerla económicamente y con la Legión Extranjera como vigilante.

¿Se imaginan ustedes que la Legión Española o los Regulares intervinieran en Guinea Ecuatorial, qué escándalo no se armaría? Pues Francia interviene militarmente en Costa de Marfil y Mali sin que nadie levante la voz.

La “descolonización” solo fue para España y Portugal. No es casualidad que Guinea Ecuatorial y Angola sean disputadas por Francia y Mozambique por la Commonwealth. Tampoco es casualidad que Francia, Holanda y Gran Bretaña tengan colonias.

Pero nuestros progresistas, con su vitola de déspotas iletrados y afrancesados del siglo XXI, no protestan ante ello, puesto que son muy selectivos.

Como avisa el economista Roberto Centeno, los tiempos del coronavirus dejarán un caos económico apocalíptico en España para el que ni estamos preparados ni estamos tomando medidas adecuadas.

En estos terribles tiempos, Podemos –tan responsable de la pésima gestión ante el coronavirus como el PSOE– no pierde su tiempo ideológico, y viendo en Sánchez a Kerensky y en Pablo Iglesias a Lenin, se resuelve entre decreto y decreto que Pablo Iglesias tenga arte y parte en el Centro Nacional de Inteligencia, justo cuando Bolivia y Ecuador están dispuestos a sacar la información de millones de dólares desviados que supuestamente habrían ido a parar a la financiación de la marca chavista en España.

Pablo Iglesias ha conseguido que el estado español nacionalice la sanidad, pero también quiso ir a por el sector eléctrico y las redes sociales. Ante la confusión y pánico, no va a parar: Él sabe muy bien que hay información de Sudamérica que puede sepultarlo en el basurero de la historia y va a imponer como mejor defensa es un buen ataque, queriendo callar a todo el que pueda contrariarle. Muy poco tardó en comenzar a señalar a escritores y periodistas, y aprovechará el momento a toda costa.

Kerensky Sánchez y Lenin Iglesias, cuando el desastre se agudice, virarán su dialéctica contra los “ricos” y los “empresarios”, a los que nos ha enseñado a odiar un sistema educativo (cada vez más empeorado y hasta envilecido) y unos medios de “comunicación” controlados por la izquierda desde antes que muriera Franco. Pero los “ricos”, como en Venezuela y en tantos otros lugares a los que llegó el socialismo, pactarán o se irán. Los asalariados se empobrecerán con sueldos más bajos o directamente se quedarán sin trabajo, y los pequeños empresarios/autónomos tendrán que cerrar en masa por no poder hacer frente a los impuestos que llevan pagando estoicamente a lo largo de su emprendedora vida.

Y por fin el Estado se podrá hacer cargo de todo.

Ahora bien: La gente no se va a resignar por las puras. Aparte que en España ya no estamos acostumbrados a las incomodidades.

En los años 90, el juez-estrella Baltasar Garzón fue uno de los organizadores de la “Operación Nécora” (supuestamente, contra el narcotráfico en Galicia). Aquel magistrado prevaricador que acabaría como peón del Foro de São Paulo encarceló muy severamente a aldeanos gallegos que venían del contrabando de café, carburante y tabaco y derivaron en hachís y cocaína; mientras que fue muy permisivo con los traficantes turcos de heroína. Este descarado doble rasero, acompañado de circos mediáticos grotescos, no sirvió sino para que mucha gente perdiera el poco respeto que le quedaba a la autoridad y se echara a la mala vida sin remordimientos. Y si algo inoculó la inacabable crisis de 2008 es un repunte de la economía sumergida. Por un lado, mucha gente hubo de “refamiliarizarse”, volviendo a sus hogares paternos o incluso a los de sus abuelos; por otro lado, también mucha gente se dispuso al trabajo en negro, al contrabando y al narcotráfico. No se inventó en aquella época, pero sin duda, el hambre agudizó el ingenio.

Luego de la Operación Nécora, con los años, el Campo de Gibraltar, esto es, en la Andalucía que une el Mediterráneo y el Atlántico, cumple un papel clave en el narcotráfico global en una geografía providencial: La unión de Europa y África y el paso obligado para América. Y como en los ríos España no cuenta con la misma seguridad que en el mar, muchos narcos, aprovechan que en Sanlúcar de Barrameda radica la desembocadura del Guadalquivir para remontarlo recién llegados del Atlántico y esparcirse hasta Coria del Río y pueblos aledaños.

Asimismo, los narcos hispanoamericanos ya cuentan con bases en África en las que descansar antes de seguir la ruta ibérica y de ahí para todo el viejo continente.

El insostenible gasto público, endémico problema desde 1978, irá acompañado de una burocracia cada vez más asfixiante, ineficiente y alejada del ciudadano, en una época en la que el trabajo decrecerá tanto en calidad como en cantidad.

El desarraigo de muchos pueblos que se han convertido en malas imitaciones de barrios urbanos y la inmigración que no se adapta (que no es toda) son factores claves para aumentar el desorden social; todo ello unido a que nos han “educado” en el odio por nuestra cultura y nuestra historia; “enseñándonos” que lo único que importa es el dinero fácil.

Y ahora el coronavirus.

El poco respeto que queda por la policía o la guardia civil se puede quebrar ahora, pues con sus medidas contradictorias, el gobierno les está poniendo en la picota, generando involuntariamente antipatía en las personas más vulnerables y afectadas por esta crisis. Imaginémonos el papel de las fuerzas de seguridad cuando tengan que multar a un matrimonio que trabaja en la misma área y no pueden tener dos coches o no les calza el horario de autobuses, y que por supuesto, no pueden estar pagando taxis todos los días.

Y además, estando el Foro de São Paulo a placer en España gracias a Lenin Iglesias y al “mediador” Zapatero, ¿acaso el G2 castrista no es experto en reciclar delincuentes y convertirlos en revolucionarios? En Venezuela les ha dado excelentes resultados. Excelentes para la miseria, el terror y el hambre, por supuesto.

Es cuestión de tiempo que, si este potaje social, político y económico no cambia, aflore la violencia, máxime en tantos sectores en los que el desempleo será endémico; mientras que mucha gente con cierto nivel académico o profesional se irá como pueda, agudizándose este fenómeno ya recientemente conocido.

Y luego de que años y años de marxismo cultural (tolerado y hasta auspiciado también por el Partido Popular) nos hayan hecho pensar que todo es parte del papá Estado, será fácil en un momento dado sustituir al papá estado por el papá narco; y los narcos, como “evolución natural”, harán “medidas sociales” allá donde el Estado no llega; y así como todavía hay quien en Colombia habla maravillas de Pablo Escobar, ¿acaso eso ya no se hace aquí de algunas familias gallegas o andaluzas dedicadas a remontar las costas con aquello que ya todo el mundo sabe?

España está en pleno proceso subversivo y con todos los ingredientes para convertirse en un narcoestado. O quién sabe, en una república federal de narcoestados ibéricos, que podría ser más “divertido” todavía.

Con todo, no estamos realizando una afirmación categórica, pues no somos adivinos ni tenemos semejantes pretensiones; pero el que avisa, no es traidor.

 


Antonio Moreno Ruiz es historiador y escritor español.

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