El virus del Partido Comunista chino

Occidente debe iniciar, sin prisa pero sin pausa, una desconexión de China que implique, entre otros factores, el cese de transferencia de tecnología

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La relación de las democracias liberales entre sí y de estas con el mundo autoritario deben cambiar. (Efe)

Por Carlos Leáñez Aristimuño

El régimen presidido por el Partido Comunista chino (PCCh) pudo evitar la pandemia y no lo hizo. La naturaleza autoritaria propia de un régimen de partido único —que implica necesariamente ausencia de libertad de expresión y de supervisión independiente— es la responsable de la propagación del virus. Las rígidas jerarquías, los secretismos, la propaganda, la represión y —muy por encima de todo— el desprecio inherente a la vida de cada individuo que campea en estos sistemas llevó al silencio y a la acción tardía.

En el mundo insospechadamente distinto que surgirá tras esta crisis, la relación de las democracias liberales entre sí y de estas con el mundo autoritario deben cambiar radicalmente. Hasta hoy han estado signadas por una dinámica prácticamente ilimitada de expansión de mercados y reducción de costes sin ninguna otra consideración. Ello ha llevado a Occidente a vender la soga con la cual será eventualmente colgado a un país presidido por un ente totalitario y deseoso de hegemonía mundial. La avidez y la ingenuidad de empresas y políticos occidentales han puesto a las democracias en jaque al generar una dependencia a todos los niveles que no puede continuar.

La interdependencia entre aliados que compiten con reglas claras es algo muy bueno. La dependencia de alguien que juega el juego del libre comercio para subvertirlo acumulando poder político y financiero a fin de ser el hegemón de un mundo colectivista no lo es. Occidente debe iniciar, sin prisa pero sin pausa, una desconexión de China que implique, entre otros factores, el cese de transferencia de tecnología, la imposibilidad de adquirir empresas occidentales relevantes, la relocalización de toda actividad industrial estratégica, la recompra de deuda occidental… Y no volver al libre comercio hasta que el régimen chino respete unos estándares mínimos en normas sanitarias, libertad política, derechos humanos, remuneración de mano de obra y contaminación que cambien su naturaleza totalitaria y lo vuelvan un competidor confiable.

La miopía, la avaricia, la ingenuidad con respecto al PCCh deben cesar. Acometamos la desconexión de un régimen que, por su ADN colectivista, acabará con la libertad y sus frutos. El virus PCCh es la manifestación más cabal de lo que nos espera si Occidente no pasa a aliarse a plenitud solo con aquellos que asumen la libertad en todas sus vertientes y pone en cuarentena a quienes solo usan una fracción de ella —el libre comercio— para acabarla como un todo.


Carlos Leáñez Aristimuño es profesor de la Universidad Simón Bolívar (Caracas).

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