Coronavirus: buscando la dosis justa

Quizá el mundo no estaba preparado para lo que hoy nos toca afrontar, pero de la adversidad han surgido muestras de resiliencia

coronavirus
En medio de la crisis, hay razones para ser optimista. (Foto: Flickr)

Por Agustina Sosa

No es una broma de mal gusto, no es un simulacro, no es una paranoia colectiva inducida por los tiempos de internet. La pandemia por el coronavirus es un hecho irrefutable y a prueba de todos los escépticos, los conspiranoicos o antivacunas.

Prueba de todo ello, son los cambios –significativos y otros no tanto– que hemos ido implementando en nuestro modo de vida en las últimas semanas en pos de la auto preservación: al tiempo en que el número de casos confirmados crecía, corrimos a los supermercados a abastecernos de los bienes necesarios para afrontar lo que podría venir después. El pánico y la incertidumbre fueron trepando lentamente por nuestro imaginario y se instalaron sobre la razón.

Paulatinamente, el Gobierno Nacional argentino decidió decretar la cuarentena obligatoria y la suspensión de todo tipo de actividades, y a partir de allí, casi de asalto, nuestra cotidianeidad se ha reducido a los muros de nuestros hogares. Salir a la calle, algo tan común y acostumbrado, hoy no es alternativa para casi nadie.

En la TV, los portales digitales y otros medios, la mayoría del contenido está relacionado al virus, sus alcances, el número de bajas por países, los irresponsables que violan la cuarentena y deambulan por las calles sin motivos creíbles, las medidas que se tomaron o las que debieron haberse tomando. Todo es coronavirus, y muy poco o nada es lo que existió antes de él.

Que el virus sacó lo peor de nuestra condición de seres humanos, fue otra fatídica idea reproducida por muchos. Que nos volvimos egoístas, mezquinos, codiciosos e indiferentes del porvenir del otro. Que el que levantó de la góndola un papel higiénico de más, representa todo lo que está mal en esta sociedad. Que la pandemia es un plan cruel y vil de los ricos y poderosos del mundo para limpiarlo de los pobres.

Lo sabemos: el panorama no reluce de lo mejor para ninguno de nosotros, ciudadanos. Persiste el miedo a lo desconocido, a un futuro incierto y las garantías que tenemos son tantas como el irrenunciable deseo/ determinación que compartimos por re surgir de esta crisis. Pero aún en los momentos más crudos, cuando parecemos desbordados, siempre vamos a poder encontrar algún detalle que nos devuelva por un instante a la normalidad tan ansiada.

En un momento en que la palabra “solidaridad” pierde credibilidad cada vez que es pronunciada por los personajes incorrectos y cuya esencia se ha deteriorado al punto de convertirse en un acto impuesto por unos pocos, no podemos permitirnos no ver que existe otro tipo de solidaridad aún, esa que se materializa en los actos anónimos, desinteresados y espontáneos de miles de personas alrededor del mundo.

Los miles de libros puestos a disposición de los internautas para descargar y compartir gratuitamente, las recetas de platos que antes nos parecían inaccesibles, las infaltables películas y documentales, los increíbles tutoriales explicados paso a paso cuyos interlocutores no piden más que un “like” en intercambio. Los entusiastas de la música que le devuelven vida y ritmo a las ciudades con sus instrumentos desde los inalcanzables balcones, los atléticos que se ejercitan remotamente y comparten sus rutinas; los profesionales de todas las áreas que pone sus servicios a disposición de su público.

El estruendo de los aplausos para acompañar a los médicos en su interminable tarea, el café que ofrece todas las mañanas un desayuno a los policías que patrullan durante toda la noche, los cursos sobre infinidad de temas que especialistas están dispuestos a dar sin costo alguno.

Los que se toman la molestia de salir de sus casas a alimentar a animales callejeros siendo conscientes del riesgo que implica; el que utiliza su sentido del humor nato e irónico para generarte un minuto de risa con un meme o alguna inocente payasada; las personas que se disponen a confeccionar manualmente barbijos para donarlos a quien lo precise; las empresas multinacionales y millonarias que deciden detener su producción habitual para disponerse a fabricar todo tipo de insumos. La plataforma de pornografía más grande del mundo que libera todo su contenido para darnos un motivo más para quedarnos en casa.

Y podríamos seguir hasta el hartazgo, pues yace precisamente allí la diferencia con quienes quieren llevarnos a la fatalidad re afirmando sin ningún temblor que esta situación nos volvió peores: quizá el mundo no estaba preparado para lo que hoy nos toca afrontar, pero de la adversidad han surgido estas maravillosas posibilidades y aprendizajes; la creatividad y el espíritu de resiliencia que cada uno posee, trabajando en perfecto equilibrio… Por si alguna vez alguien repite con rebuscados argumentos que solo “el Estado puedo salvarnos”, o vuelve a poner en duda la bondad humana y sus infinitos alcances.


Agustina Sosa es coordinadora de Ladies for Liberty Alliance Argentina.

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento