Golpes de cuartel, Estado y legislativo y de decencia

Revisar los múltiples significados de "golpe" es mandatorio en un momento en el que nuestras democracias están en peligro

golpe de Estado
¿Qué es un golpe de Estado? (Foto: Flickr)

Por Luis Beltrán Guerra G.

En la editorial ¿Hacia dónde vamos? se afirma que «todo parece apuntar a que vivimos en una democracia de los incompetentes». «Ese es mi profesor, Daniel Innerarity, en la Universidad del País Vasco», manifiesta Fátima Assad, de Siria, a su marido, Anastasio Arreaza, caraqueño. Se conocieron en la Universidad de Haifa, con un liderazgo en conflictos derivados de la seguridad nacional e internacional.  El amor los indujo al matrimonio, para convertirse en “una sola carne (Genesis 2:24)”.

Anastasio analiza la carta a Abrams del venezolano Enrique Aristeguieta Gramko, por lo contundente y en honor a la admiración al último. Ha leído, como su mujer, al académico vasco, calificándolo de teórico, pues los episodios críticos de la democracia demandan actuaciones concretas. En el caso de Caracas “para inducir una fractura militar y se materialice un quiebre, es indispensable. Un hecho de fuerza, que permita a los militares tomar partido”.

La emoción lo lleva a un “adendum” que titula La mixtificación de los golpes de Estado, para afirmar que las tiranías, estatuidas conforme a groseras transgresiones de la ley de leyes, falsean el rol de las fuerzas armadas, garantes de las democracias constitucionales, calificando con el “remoquete” de golpes de Estado acciones dirigidas a poner término a regímenes oprobiosos. «Que me califiquen como golpista por adelantar acciones para evitar que el mundo prosiga siendo un desastre por culpa de la perversidad de algunos, lo menos, y la inacción de lo más. Debo decirte, como esposa, que terminaré el ensayo El rol histórico de las actuaciones militares en aras de la decencia de los pueblos«, dice Fátima.

«Allí —prosigue— contrarío la vetusta definición del mal denominado ‘golpe de Estado’ como ‘actuación violenta y rápida, generalmente por militares, en procura de apoderarse del gobierno,desplazando a las autoridades extistentes’. Es una definición restrictiva. Te invito, en consecuencia, que luchemos por una más objetiva, que incluya las tipologías existentes, entre ellas, golpes de cuartel, Estado, legislativo y de decencia. Como el último es el quiebre de Aristeguieta en la carta a Abrams».

​Fátima lee Cómo mueren las democracias, de Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, por lo que, presagiando las conclusiones de su marido, reacciona, como esposa no tomada en cuenta, recitándole: 1. no hay nada en la Constitución de los Estados Unidos que nos inmunice contra la quiebra democrática; 2. hemos experimentado catástrofes políticas, cuando las enemistades entre las regiones o los partidos desencadenaron una guerra civil; 3. el sistema constitucional se recuperó y republicanos y demócratas apuntalaron más de un siglo de estabilidad política, a expensas de la exclusión racial y del imperio del Sur; 4. en 1965 la democracia alcanzó su plenitud,  pero se polarizó de nuevo a los partidos; y 5. ello ha desencadenado la infracción epidémica de las normas que hoy desafía nuestra democracia.

Anastasio contesta que los académicos consideran, también, que en la actualidad existe la percepción de que la democracia se encuentra en retroceso, mencionando los casos de Venezuela, Tailandia, Turquía, Hungría y Polonia. Esto es, estamos insertos en una “recesión democrática”. La experta de Haifa le recita la sinopsis de la obra de Levitsky y Ziblatt: “La aparición de distintos ejemplos de populismo ha hecho salir a la luz una preguntaba que nadie se plantea unos años atrás: ¿Están nuestras democracias en peligro?».

La respuesta de los académicos después de 10 años de investigación es afirmativa, ya que desde la dictadura de Pinochet y el desgaste del sistema constitucional turco (Erdogan), han desaparecido diversas democracias. Y se preguntan, lo cual asusta «¿qué podemos hacer para salvar la nuestra (Estados Unidos)?». Porque la democracia ya no termina con un bang (un golpe militar o una revolución), sino con el lento y progresivo debilitamiento del sistema jurídico, la prensa y la erosión global de las normas políticas tradicionales. Arreaza, insuflado de carácter, requiere si proponen alguna salida, ante lo cual Fátima contesta que plantean la necesidad de ingeniársela para definir opciones que coadyuven a salir del camino hacia el autoritarismo y los populismos de diversa índole. Se impone, pues, “reparar una democracia amenazada por el populismo”. «La palabra es toda tuya, Anastasio de mis viejas querencias», concluye Fátima.

En el fondo me están dando la razón, pues, si en Estados Unidos, el primer mundo, se ha planteado el riego de la democracia, ¿qué diríamos en lo concerniente al tercer globo, donde, como en el caso de Venezuela, prosigue escribiéndose que a la antidemocracia más desastrosa del último siglo hay que derrotarla, pero eso sí, mediante fórmulas dilemáticas, o sea, pacíficas, constitucionales y democráticas? «Por favor», concluye Arreaza, recordando a su mujer que él también es enseñante.

«Es más, me es indiferente, como ya te lo expuse, que me tilden como propiciador de golpes —continúa Arreaza— si a ello he de acudir para salvar a mi patria. Por el contrario. pediría a Dios que me conduzca a divertirme envuelto en las diferentes tipologías  que los filólogos mencionan, entre otras, golpe bajo, el que se da por debajo de la cintura, golpe de calor, dada las altas temperaturas y por qué no, golpe de fortuna, pero siempre y cuando sea el suceso próspero que anhelamos los latinoamericanos caracterizados por nuestras travesuras. Eso sí, con el golpe de gracias deberíamos estar atentos, pues es el que se da con el puño en el pecho por los pecados cometidos. Lo prostituirán los agentes del gobierno en los tribunales. Esperamos que no se les escuche».

Pero «¿cuál sugieres para Venezuela?», pregunta Fátima. Anastasio contesta “el de decencia”. «No hablemos más de política, dediquémonos más bien a nosotros, ya setentones», implora Arreaza. Se confunden en un fuerte abrazo. «Volvamos a ser esposo y esposa. Novios, mejor» riposta una pícara Fátima. Recuerda que desde entonces somos “una sola carne”.


Luis Beltrán Guerra G. es doctor en Derecho, Harvard University

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