El obispo Silvio Báez se despide de Managua: «Viva Nicaragua Libre»

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Silvio Báez
El arzobispo de Managua tiene que salir de su país como consecuencia de amenazas contra su vida (Wikimedia Commons)

El obispo de la Arquidiócesis de Managua, Silvio Báez, un crítico del Gobierno y quien desveló ser objeto de un plan para asesinarlo, se despidió este jueves de miles de católicos en Nicaragua, días antes de partir hacia el Vaticano, donde colaborará con el papa Francisco.

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Báez, uno de los personajes más influyentes de Nicaragua, acudió este Jueves Santo a la misa solemne en la Catedral Metropolitana de Managua, con sus ojos llenos de lágrimas, en una procesión alrededor del templo.

Miles de nicaragüenses se desbordaron hacia el centro de Managua para estar presentes en la última misa presenciada por Silvio Báez en la catedral.

Los fieles católicos recibieron al obispo con una estruendosa algarabía, en la que destacaba la consigna «¡Báez, amigo, el pueblo está contigo!».

La simpatía de Silvio Báez en Nicaragua se basa principalmente en la posición del religioso frente a la crisis que vive el país desde el estallido social del 18 de abril de 2018 contra el presidente Daniel Ortega.

El obispo, que en Nicaragua es comparado con San Óscar Arnulfo Romero por defender a las víctimas de un conflicto armado, ha insistido en que siempre estará «al lado del oprimido».

Su posición le ha valido el rechazo de Ortega y sus seguidores, quienes lo señalan de promover un supuesto «golpe de Estado fallido», junto con el resto de los obispos nicaragüenses, quienes fueron mediadores en un diálogo entre el Gobierno y la oposición a mediados del año pasado, que fracasó cuando el presidente lo abandonó de forma unilateral.

Durante toda la misa, presidida por el cardenal Leopoldo Brenes, los creyentes apenas se contuvieron para gritar consignas como «¡Vivan Nicaragua libre!», «¡Nicaragua volverá a ser república!», «¡Democracia sí, dictadura no!», o «¡Abajo la dictadura!», a los que se unieron el clero de la Arquidiócesis de Managua.

Los católicos también entonaron el himno nacional y otras canciones de amor por la patria, además de alzar la bandera de Nicaragua volteada hacia arriba, en señal de «auxilio».

Báez -quien ha reiterado su dolor por abandonar Nicaragua, donde su partida ha sido interpretada como un «exilio forzoso»- tomó una de esas banderas y la besó con un suspiro profundo.

En su misa del domingo pasado, el obispo comparó el sufrimiento de Nicaragua con el de Jesucristo al ser crucificado, y afirmó que, al igual que el redentor, el país centroamericano «resucitará».

Báez oficiará varias misas en diferentes parroquias de Nicaragua, antes de viajar al Vaticano, después de la pascua.

La crisis de Nicaragua ha dejado 325 muertos en un año, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Los organismos humanitarios locales suman hasta 568. El Ejecutivo reconoce 199.

También se cuentan hasta 809 «presos políticos», cientos de desaparecidos y decenas de miles de personas en el exilio, en el marco de la crisis.

La CIDH ha responsabilizado al Gobierno de Nicaragua de crímenes de «lesa humanidad».

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