El gran reto de reabrir la economía de Nueva York

Un experto en gestión de desastres, una economista, un virólogo y un sociólogo, residentes en la ciudad, cuentan el complejo regreso a la cotidianeidad en la Gran Manzana

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Miembros de la Guardia Nacional caminan por Nueva York (EFE

Nueva York, 12 may (EFE).- La densidad de población en sus rascacielos, el metro que mueve 5,5 millones de pasajeros diarios, los restaurantes abarrotados donde las mesas se solapan unas con otras o los multitudinarios conciertos y obras de teatro son las señas de identidad de Nueva York, pero también sus principales retos para recuperar su actividad.

Un experto en gestión de desastres, una economista, un virólogo y un sociólogo residentes en la ciudad que nunca duerme cuentan a Efe las luces y las sombras del complejo regreso a la cotidianeidad que la Gran Manzana debe experimentar en el futuro.

«La densidad es la clave para entender cómo Nueva York funciona, por eso hay 27.000 restaurantes y 10.000 bares y eso se sostiene precisamente con esa densidad. En cualquier noche normal antes de la pandemia la ciudad tenía los teatros llenos, los restaurantes llenos, 40.000 personas en el Yankee Stadium viendo un partido de béisbol», rememora a Efe el sociólogo Lisandro Pérez, profesor de la Universidad CUNY.

Y también es la clave para entender cómo se expandió el virus entre sus ciudadanos hasta convertirse en el epicentro de la pandemia, con cerca de 15.000 fallecidos por COVID-19, y otros más de 5.100 casos de defunción que se sospecha podrían estar vinculados al nuevo coronavirus.

«La reapertura va a hacerse muy lentamente, de manera muy metódica, tenemos que determinar qué puede abrirse de manera segura y preguntarnos dónde están los mayores riesgos», asegura a Efe el vicedirector del Centro Nacional para la Preparación de Desastres de la Universidad de Columbia, Jeff Schlegelmilch.

El METRO, CLAVE PARA EL REGRESO

Los expertos consultados coinciden en que el metro es la clave del funcionamiento de Nueva York y su talón de Aquiles. Es el gigante subterráneo que mantiene conectada esta ciudad de 8,6 millones de personas y que, junto al tren y al autobús, enhebra un área metropolitana de 15,3 millones de personas.

«¿Pueden los gobiernos federal, estatal y local hacer que las personas se vuelvan a sentir cómodas viajando en el trasporte? Creo que eso requerirá muchos subsidios federales porque, básicamente, tendrá que operar con aún más servicios para mantener los trenes menos concurridos y contando con menos dinero», asegura a Efe Nicole Gelinas, economista del centro Manhattan Institute.

Para Schlegelmilch tendría poco sentido que en los lugares de trabajo se tomaran medidas para reducir los riesgos de contagio mientras el metro siga siendo una posible amenaza para el rebrote de la enfermedad.

Por eso, considera que será muy probable que quienes puedan teletrabajar lo sigan haciendo y que se aliente a un mayor uso de bicicletas para desplazarse por la ciudad.

Metro de Nueva York (EFE)

¿MUSICALES EN LOS PARQUES Y TERRAZAS EN MANHATTAN?

Las luces de Broadway, que atraen a turistas de todo el mundo, será uno de los sectores que más tarde en recuperarse, sostiene Gelinas, quien no descarta que la ciudad intente «mitigar» el impacto de los cierres promocionando actuaciones en parques y en espacios abiertos donde se pueda mantener la distancia social.

Sin embargo, considera que el mayor de los retos lo afrontarán los restaurantes «porque tienen un margen muy bajo de beneficios» debido a los altos alquileres que pagan.

«Renunciar a la mitad de las mesas o incluso al 70 %, realmente significa que no van a tener un negocio viable», dice la economista, que piensa que una opción podrían ser generalizar las terrazas al estilo europeo con mesas en calles cerradas al tráfico o en las aceras.

Con más de 30 millones de estadounidenses sin trabajo, de los cuales millón y medio están en Nueva York, Gelinas también se plantea cuándo se recuperará el consumo de ocio.

«Existe el riesgo de que al haber tanta gente que ha perdido su trabajo no quieran salir a gastar su dinero, aunque se haya superado el problema de la salud pública, o que no quieran gastar mucho dinero en tiendas y restaurantes si sienten ansiedad sobre su propia situación económica», subraya.

Para la experta, «el último paso (de la reapertura) será el turismo internacional», tanto por las restricciones de viaje y las medidas que deberán tomar las aerolíneas que afectarán a los precios de los billetes, como por la lenta reapertura que sufrirán los faros del turismo de la ciudad: Times Square, la Estatua de la Libertad, los museos o Broadway, vinculados a una gran densidad de población.

«Me atrevo a aventurar que serán años, no meses. No creo que todo vuelva a parecerse a como era en enero o febrero, pienso que vamos a ver una ciudad muy diferente, incluso un poco menos densa por un tiempo, porque habrá mucha gente que no quiera volver por una temporada», concluye.

LAS CLAVES PARA LA REAPERTURA

El gobernador Andrew Cuomo ha puesto sobre la mesa varios factores clave que se deben cumplir antes de comenzar la relajación de las medidas.

Entre ellos, que los hospitales tengan un 30 % de camas libres tanto en planta como en las unidades de cuidados intensivos y que la ciudad sea capaz de realizar suficientes análisis y cuente con suficientes rastreadores para hacer seguimiento de nuevos posibles casos.

Para Schlegelmilch el cumplimiento de todos estos requisitos «está, como muy pronto, a varias semanas vista y posiblemente más lejos», algo que también reconocen las autoridades. Si bien este viernes algunas regiones del norte del estado empezarán a reabrir la actividad económica a partir de este viernes 15 de mayo, el alcalde Bill de Blasio no espera que suceda algo similar en la Gran Manzana hasta junio, de forma muy gradual.

NORMALIDAD RELATIVA EN AGOSTO CON VIGILANCIA Y RASTREO

A corto plazo, el virólogo español Adolfo García-Sastre, que lleva 30 años trabajando en el hospital Monte Sinaí de Nueva York, considera que en agosto «va a haber normalidad» antes de que «posiblemente» se registre un segunda ola de la pandemia en invierno.

Sin embargo, advierte de que «hasta cierto punto, ese nivel de normalidad tiene que estar compensando con el suficiente diagnóstico para seguir monitoreando los niveles de infección y, si empiezan otra vez a subir, estar preparados para poder hacerle frente de una forma más rápida de como se ha hecho hasta ahora».

ENSAYO Y ERROR: AL MENOS AÑO Y MEDIO PARA VOLVER AL PUNTO DE PARTIDA

Pero a largo plazo, Schlegelmilch sostiene que para «volver a como las cosas estaban hace unos meses, es probable que, como poco, trascurra un año y medio, aunque posiblemente más. Lo que veremos será un lento avance en la reapertura de las cosas y después se irán haciendo ajustes a lo largo del camino».

«Va a ser un poco ensayo y error, lo que significa que cualquier cosa que se implemente probablemente cambie, y esto será lo normal, esta será la nueva normalidad para un buen año, año y medio, tal vez dos años, hasta que estos ciclos pasen y tengamos un cierto nivel de inmunidad en toda la población, haya avances innovadores en vacunas o terapias o cosas por el estilo que puedan ayudar a prevenir la propagación o al menos tratar a los más vulnerables».

Nueva York (EFE)

LA DISCIPLINA DE LOS NEOYORQUINOS Y LA GENERACIÓN «MONK»

En favor del regreso a la vida cotidiana juega, según explica el sociólogo Lisandro Pérez, que los neoyorquinos son disciplinados y que «existe una noción de que en la vida publica hay reglas que uno sigue».

Pero advierte de que «por otro lado, si vamos a tratar de reducir la densidad de Nueva York, va a ser difícil», porque «va contra la base misma de lo que es Nueva York».

Según este sociólogo cubano afincado en Nueva York, si bien la pandemia ha agravado las grietas sociales y étnicas de los grupos minoritarios como latinoamericanos y afroamericanos, también ha favorecido el desarrollo de una cultura política que reclama «que exista un mayor papel para el gobierno en asegurar el bienestar de los ciudadanos» y la imposición de medidas para prevenir este tipo de situaciones en el futuro.

Otra de las consecuencias que predice es que, con el paso de la pandemia, los jóvenes van a ser mucho más sensibles hacia el contacto social, a diferencia de las generaciones adultas que volverán a ser como antes, aunque siendo más conscientes del peligro que suponen este tipo de amenazas.

A esta nueva generación la denomina «Monk», en referencia al protagonista de la serie de televisión «Monk», que se emitió en EE. UU. entre 2002 y 2009, y que era un detective «obsesivo compulsivo con respecto a los gérmenes».

«Yo creo que tenemos una generación entera que va a desarrollarse con un concepto de que hay un mundo peligroso ahí fuera y que hay que tomar medidas», concluye.

Pero todos están de acuerdo en que aunque algunos neoyorquinos la abandonen temporalmente, Broadway tarde en recuperar su brillo, los museos no arranquen a todo gas y sus noches no abran de par en par, Nueva York seguirá siendo la misma que resurgió una y otra vez de tantas catástrofes.

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