AMLO sigue los pasos de Chávez y otorga a militares poder económico y político

La creciente militarización de México fractura el gabinete de López Obrador

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Fotografía cedida por la presidencia de México, que muestra a Jorge Arganis Díaz (i), secretario de Comunicaciones y Transportes, quien sustituye a Javier Jiménez Espriú (c), quien presento su renuncia al presidente de México, Andrés Manuel López obrador (d), este jueves, en el Palacio Nacional en Ciudad de México (México). EFE

México, 24 jul (EFE).- La creciente militarización de México auspiciada por el presidente Andrés Manuel López Obrador continúa sumando críticas y abrió una fractura en el Gobierno con la dimisión del secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, contrario a la presencia de militares en los puertos.

Aunque ambos escenificaron en un vídeo una renuncia amistosa, el secretario saliente dejó plasmado en su carta de dimisión el enérgico rechazo a la decisión del presidente de que la administración de los puertos quede en manos de la Marina tras 50 años de control del ministerio de Transportes.

«Lamento profundamente no haber tenido éxito en transmitirle mi convicción y preocupación, sobre la grave trascendencia que considero tiene esta medida para el presidente y el futuro de México, tanto en lo económico como en lo político», señaló.

MILITARES EN PUERTOS Y ADUANAS

La dimisión del secretario se daba por hecha desde que la semana pasada López Obrador anunció la militarización de las 49 aduanas del país para quitar a funcionarios coludidos con el narcotráfico y frenar la entrada de drogas.

Desde el importante puerto de Manzanillo, en el Pacífico mexicano, el mandatario se justificó con que a través de las aduanas portuarias y fronterizas se introduce «droga de la más destructiva y dañina» y que «esto explica mucho los atentados y homicidios» en México.

El control de la Marina no es algo nuevo en los puertos de México, puesto que en administraciones pasadas ya se desplegaron marines en el de Manzanillo (Colima) y el de Lázaro Cárdenas (Michoacán) para frenar la entrada de estupefacientes de China.

«Hay experiencias previas en las que se desbordó la violencia porque los militares se enfrentan al narcotráfico y eso deriva en una batalla campal», contó este viernes a Efe el experto en seguridad Jorge Márquez, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A este analista no le cabe la menor duda de que la apuesta de López Obrador traerá «una alza en la violencia» ya que la Marina tiene más fuerza que las autoridades civiles, que tienden a evitar choques frontales con el crimen.

Además de una afectación económica, puesto que la minuciosa búsqueda de estupefacientes en los puertos deriva inevitablemente en una ralentización de la entrada de mercancías en el país.

UN EJÉRCITO MULTITAREA

El secretario saliente fue el gran artífice de la cancelación de las obras del nuevo aeropuerto capitalino iniciado por el presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) y denostado por López Obrador, quien lo consideraba un derroche.

El nuevo Gobierno decidió como alternativa ampliar una base militar y convertirla en aeropuerto civil, pero del proyecto se encargó el Ejército en lugar de Jiménez Espriú.

Es una prueba más del peso de los militares bajo el Gobierno de López Obrador.

Los soldados mexicanos pueden construir un aeropuerto a la vez que atienden a pacientes de COVID-19 en hospitales militares, protegen oleoductos de Pemex, edifican sucursales del banco público de desarrollo o sustituyen a la policía en tareas de seguridad pública.

El experto en seguridad Javier Oliva opina que López Obrador «tiene mucha confianza en la cadena de mando del Ejército» debido a la disciplina de los militares, al contrario de las autoridades civiles, que las considera impregnadas de corrupción.

Pero los múltiples encargos a los soldados suponen el riesgo de «sobreexponer a las Fuerzas Armadas en tareas que no les corresponden», avisa.

El gran ejemplo es la reforma constitucional para permitir a los soldados asumir la seguridad pública del país y que derivó en la creación de la Guardia Nacional, un cuerpo legalmente civil pero formado en casi toda su totalidad por militares.

Cuando era líder de la oposición, López Obrador se oponía a que los presidentes usaran a militares para luchar contra el narcotráfico pero al asumir el poder en 2018 se convirtió en el primero en dar cobertura legal a esas actuaciones.

¿MIEDO A UN GOLPE?

La presidencia de López Obrador, que ganó los comicios con la promesa de un cambio radical en el país para erradicar la corrupción y la desigualdad, levantó interés por la relación que mantendría con el Ejército.

El mandatario, gran seguidor del chileno Salvador Allende, defiende que a diferencia de otros países los soldados mexicanos son muy cercanos a la población. «Son pueblo uniformado», opina.

«El Ejército siempre ha mostrado lealtad al Gobierno de turno y no ha habido en la historia reciente del país golpes militares», explica el politólogo David Morales, a diferencia de la turbulenta historia militar en América Latina.

Por ello, este profesor de la UNAM cree que la intención de López Obrador de respaldarse tanto en el Ejército no es tanto para garantizar la lealtad de los militares sino para «concentrar» el poder.

Aunque advirtió de que, de seguir así, los militares podrían pedir con el tiempo «más juego político».

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