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Historias de supervivencia: Venezolanos luchan por conseguir medicinas

Por: Elisa Vásquez - @elisavasquez88 - Ago 29, 2014, 1:17 pm
Farmacia en Maracaibo con anaqueles casi vacíos.
Farmacia en Maracaibo con anaqueles casi vacíos. (@PANDETROPA0)

EnglishEl hermano de Ariana Guevara, de 26 años, depende de por vida de un anticonvulsivo, el Valcote ER. Tenía cinco años tomándolo religiosamente, en la mañana y en la noche, pero hace tres meses, cuando le quedaba sólo una caja en casa, su familia se dio cuenta de que el medicamento había desaparecido de las farmacias de la ciudad donde viven, Barinas, al suroeste de Venezuela.

Fue así como comenzó la odisea de esta familia por todo el país; por redes sociales y Whatsapp alertaron a todos sus conocidos sobre la búsqueda del medicamento, y fue así como consiguieron algunas cajas en farmacias pequeñas de otras ciudades, así como en Caracas, donde vive Ariana. Ya existen cuentas de Twitter dedicadas a ayudar a encontrar medicamentos en el territorio venezolano.

Casi en paralelo, a su abuela de 82 años le recetaron un medicamento para la tensión, Adalat Oros de 20 miligramos. Ariana revolvió las farmacias caraqueñas buscándolo, y su familia hizo lo mismo en Barinas, pero sólo lograron conseguir el medicamento en una presentación de 30 miligramos. “El doctor dijo que no podía tomarse esa pastilla porque sería muy fuerte para ella”, explica. El mismo médico les dijo que consumiera la mitad de la píldora que encontraron, aunque no era la dosis que realmente necesitaba.

Los venezolanos peregrinan a diario por las farmacias de su país. La reciente crisis de escasez de medicamentos sacó a la luz miles de casos de personas dependientes de fármacos, que debido a la paralización de las importaciones, ahora no consiguen las recetas que necesitan para vivir con bienestar, o mantenerse vivos.

Entre los medicamentos que desaparecieron de los anaqueles están los anticonvulsivos, los que pelean con las tensiones altas, con los problemas de tiroides, los sueros, los antirretrovirales para el VIH/SIDA y otras sustancias para sobrellevar enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer. Los pañales para adultos también se encuentran en la lista roja de las farmacias.

Ariana también busca estos últimos para su abuela. “Si lo de las medicinas es horrible, la escasez de pañales para adultos es peor. Una tía vino de Estados Unidos y le trajo unos paquetes, porque aquí sólo se consiguen toallas clínicas, de posparto, o los centros de cama. Cuando se acaben los de Estados Unidos no sé qué vamos a hacer. Yo entro en todas las farmacias que puedo”, lamenta.

Existen cuentas de Twitter dedicadas a ayudar a los venezolanos a encontrar medicamentos. @MedicamentosVE está recién creada para tal fin.
Existen cuentas de Twitter dedicadas a ayudar a los venezolanos a encontrar medicamentos. @MedicamentosVE está recién creada para tal fin. (@MedicamentosVE)

En similar situación se encuentra Maritza Quevedo, de Caracas, cuyo padre de 94 años usa un promedio de tres pañales diarios.

“Hace poco llegaron los pañales a Locatel (una cadena de farmacias de Venezuela), y vendían dos paquetes por persona. Cada paquete trae apenas seis pañales, entonces fui con mi hermana y compramos lo que pudimos, los guardamos en el carro y volvimos a entrar, pero el personal del local nos identificó y no quisieron vendernos de nuevo. Entonces, le dimos el dinero a personas que estaban ahí comprando otros productos, para que nos hicieran el favor”, relata.

Su hermano también hizo una gran compra de pañales en Panamá, de donde le trajo pañales de reserva.

Sin embargo, lo que más le preocupa a Maritza es la inexistencia de una medicina para disminuir la rigidez que el Parkinson provoca en su padre. Se llama Sinemet, o también Madopar. “Puedo dedicar la mañana a buscar la medicina por las farmacias porque tengo quien cuide a mi papá, sino, no podría salir. A veces opto por llamar a todas las farmacias que salen en las páginas amarillas, pero hasta ahora ese medicamento no ha vuelto. Tiene que tomar esa pastilla con todas las comidas, pero sólo se la doy dos veces al día para que nos rinda lo que tenemos”, explica.

Para quienes no pueden racionar, la situación se vuelve una angustia. Natacha Pinto tuvo hospitalizado a su bebé de 10 meses por una complicación pulmonar. El antibiótico que necesitaba no se encontraba en ninguna farmacia de la ciudad, y sólo lo hallaron a través del representante de una farmacéutica que les dotó de una muestra gratuita. La situación se le repite con casi cada medicina que el bebé ha necesitado. “Es un bebé, no puede tomar pastillas. Simples medicamentos, como un analgésico, no se consiguen en su presentación de suspensión. Cuando consigo como tres o cuatro para tener guardado”.

Hay otros que agotan sus reservas y tienen que optar por medicamentos naturales que, sin embargo, no aseguran su efectividad. El padre de Fátima Arévalo depende desde hace dos años de un medicamento para la hipertensión, Benicar, el cual parece haberse esfumado del país.

Su consumo es delicado. Fátima cuenta que una vez tomó un poco de más de lo recomendado y sufrió un desmayo. Ahora, buscan el Benicar con angustia. Tiene un día sin tomarlo, y sólo pudieron sustituirlo con una mezcla de miel y ajo. “Los doctores explican que la tensión en silenciosa, y cambios en el tratamiento pueden causar ataques repentinos”, dice con angustia.

Dentro y fuera de los hospitales y clínicas, la salud de los venezolanos pende del hilo de su economía. Desde España, Adriana Gómez fue testigo de la lucha de su familia para encontrar en Venezuela la quimioterapia que demandaba el cáncer de ganglios de su tío abuelo.

Luego de tres meses tocando las puertas de las farmacéuticas, sin respuesta positiva, la familia aceptó la sugerencia del doctor: aplicar una quimioterapia más fuerte, pero existente en el mercado. Al mes de iniciar el tratamiento el tío abuelo de Gómez falleció.

“Tenía muchos años enfermo, incluso estaba ciego por la larga data del cáncer, pero yo no dejo de pensar que si le hubiésemos colocado la quimioterapia adecuada, quizás sobrevivía”, lamenta.

El origen de la desaparición

La Federación Farmacéutica de Venezuela (FFV) solicitó al Gobierno este viernes que establezca una “política de emergencia” para el sector por la escasez de medicamentos que se originó tras la inadecuada entrega de divisas para su adquisición.

“Se lo hemos dicho […] hay que poner una política de emergencia para que estos productos lleguen al país”, dijo a la emisora Unión Radio el presidente de la FFV, Freddy Ceballos.

“Esto no puede seguir sucediendo. Que se vayan a morir pacientes por la negligencia y la impericia de un Gobierno que no sabe lo que está haciendo”, dijo Ceballos, quien pidió que la liquidación de dólares que controla el Estado se haga “de manera planificada, programada y sistemática”.

El pasado 18 de agosto el ministro de Salud, Francisco Armada, admitió en las pantallas de Venezolana de Televisión (VTV), el canal estatal, que “hay un grupo de medicamentos que efectivamente no existe”.

Sin aclarar cuáles, ni en qué cantidad, aseguró que en un “cortísimo” plazo los mismos volverían al mercado, ya que el Centro de Comercio Exterior (Cencoex) —responsable de autorizar las transacciones en el extranjero a partir de la moneda venezolana—, aprobaría US$1.478 millones para las importaciones que realizarían 174 empresas.

En mayo la federación había establecido la deuda en US$4 mil millones, y en agosto el mismo Ceballos indicó que la escasez continuaría pronunciada hasta finales de año, pues hacen falta entre tres y cuatro meses, a partir del pago de las importaciones, para regularizar el mercado.

Los resultados del excesivo control

Venezolanos recurren a las redes sociales y a compatriotas en el exterior para encontrar las medicinas.
Venezolanos recurren a las redes sociales y a compatriotas en el exterior para encontrar las medicinas. (@joelkys)

El control del Estado venezolano sobre este sector no se expresa nada más en la entrega de divisas para la importación de los medicamentos y otros insumos, sino también en la comercialización y manejo de los mismos.

Carolina Pérez (quien usa un nombre falso por su protección) debe viajar una vez al mes de Maturín a Puerto La Cruz, en el oriente de Venezuela, para conseguir una hormona de crecimiento para su hijo llamada Genotropin.

El viaje dura dos horas, y debe emprender camino a las 3:00 am. para ingresar temprano a la fila de pacientes que dependen de las medicinas del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS).

Carolina intentó buscar este medicamento en farmacias comerciales, pero en varias le hicieron hincapié en que esa medicina fue sacada del mercado, por orden del Gobierno, debido a que era usada para tratamientos estéticos. Ahora, sólo la comercializa el Estado.

“Nos ha tocado muy duro, aunque peor la pasan los ancianos que hacen conmigo la misma fila y buscan medicamentos para al cáncer o el Alzheimer. Algunos llegan a las dos de la mañana, y hay veces que al amanecer les dicen que no hay”, lamenta.

El control también se extiende al transporte de los químicos. Ariana Guevara asegura que cuando consiguió algunas cajas del medicamento de su hermano, hacérselo llegar a Barinas fue algo similar a enviar una mercancía de valor.

“Los servicios de mensajería y los terminales de autobuses no se quieren hacer cargo de encomiendas que contengan alimentos básicos o medicinas. Tuve que envolverlas en ropa gruesa, meterlo en una caja de zapato y embalarlo, para que pareciera que estaba enviando otra cosa”.

Adriana Gómez cuenta que su familia superó algo similar cuando nació un nuevo primo en Ciudad Bolívar, al sureste del país. Tenía la bilirrubina alta y la medicina sólo se consiguió en Caracas. “Un tío que trabaja con el Gobierno tuvo que sobornar al chofer del autobús de envíos para que aceptara llevar el paquete. Le tuvo que ofrecer una recompensa si la familia recibía bien la medicina para el bebé”, cuenta.

Consecuencias no calculadas

Además de la muerte y la mala salud de los afectados, la escasez de medicinas e insumos trae a Venezuela efectos secundarios. Todos los involucrados reclaman una pérdida de tiempo severa en la búsqueda de los fármacos.

Vanessa Raga, docente de educación básica en Caracas, cuenta que las aulas también están sufriendo las consecuencias. Relata que la desaparición hace seis meses del Ritalin, un medicamento utilizado para niños con necesidades especiales de atención, ha comenzado a causar problemas: algunos niños se tornan agresivos, les cuesta descansar y conciliar el sueño, pueden llegar a realizar actividades nocivas para su salud, y requieren tiempo extra de sus padres, que deben abandonar sus puestos de trabajo para acudir al colegio con frecuencia.

“Los niños con estas necesidades, al no ser medicados, pueden además presentar depresiones que tienen su origen en la frustración de verse incapacitados para alcanzar sus metas por falta de concentración. Pudiera prescribirse algún otro medicamento para sustituirlo, pero de igual manera no se consiguen”, reclama.

Sin garantías de derechos humanos

Una farmacia ubica en una lista todos los medicamentos agotados.
Una farmacia ubica en una lista todos los medicamentos agotados. (@natasha_lpez)

El Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (PROVEA) emitió un comunicado este jueves en el cual pidió al gobierno que la crisis económica no se traduzca en una crisis de derechos humanos.

PROVEA registró en su último informe anual un incremento del 84% (con respecto a 2012) en el número de situaciones “de impedimentos para la prestación servicios de salud pública”, cifra que respalda con 1.976 denuncias.

Dentro de dichos obstáculos destaca los datos de escasez de medicinas y insumos médicos que reporta la Federación Farmacéutica Venezolana y la Asociación Venezolana de Distribuidores de Equipos Médicos, Odontológicos, Laboratorios y Afines, que alcanza un índice de 60% en el caso de las medicinas y de 85% en el caso de los insumos médicos.

La organización lamenta que la Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, haya desestimado decretar un estado de emergencia de salud en Venezuela. “[…] la ausencia de medidas efectivas, adecuadas y sostenibles para solventar las constantes fallas y las deficiencias en la prestación del servicio tiene como consecuencia la profundización de la crisis, generando que la población sea privada de tratamientos y servicios de atención esenciales. Los retrocesos y estancamientos en materia de disponibilidad, accesibilidad, gratuidad y calidad de la atención prestada, afectan el derecho a la salud y el derecho a la vida de las y los venezolanos”, reza el llamamiento.

Elisa Vásquez Elisa Vásquez

Elisa Vásquez es periodista venezolana con experiencia en las fuentes sociales y comunitarias. Está especializada en Educación para los Derechos Humanos y Acción Solidaria Internacional, y reporta desde la Ciudad de Panamá. Síguela en Twitter a través de la cuenta @elisavasquez88.