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Venezuela y el 8-D: Una partida trancada

Por: Emilio Sanmarti - Dic 5, 2013, 10:37 am

EnglishA pocos días de otra jornada electoral, los venezolanos se enfrentan a una de las decisiones políticas más estratégicas del último decenio. Cada bando busca coronarse vencedor; pero, ¿qué significa “ganar” dentro del contexto socio-político actual? ¿Es buscar la victoria electoral la mejor estrategia tanto para oficialistas como para opositores? Un análisis detallado parecería indicar que no.

El marco socio-político

La disputada versión del Socialismo del Siglo XXI, acuñada por el difunto teniente coronel Hugo Chávez y sus adherentes, se ha basado, someramente, en dos principios básicos: la división social, o guerra de clases; y la unificación de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, bajo una figura única: la del Presidente de la República.

Venezuela y el 8-D
Fuente: Gobierno de Venezuela

Con 15 años de “revolución”, incluyendo el traspaso del poder presidencial en abril del 2013 a Nicolás Maduro, muchos de los cambios han sido suficientemente profundos como para continuar sumergiendo al país en ese remolino sin fondo que conduce, como un agujero negro, al “mar de la felicidad”.

Uno de los más importantes y recientes cambios ha sido el de la transferencia paulatina del poder político central a un nuevo poder regional de las mayorías, a través de las llamadas juntas comunales. Estas juntas comunales, o “comunas”, están conformadas por cualquier miembro de la comunidad que desee participar – siempre y cuando esté aprobado por el régimen oficialista.

Como los Comités de Defensa de La Revolución en Cuba, estas comunas no son más que núcleos vigilantes solidarios al gobierno, que buscan profundizar la revolución mediante la exclusión de cualquier ciudadano que no sea fiel a los ideales revolucionarios. En el trasfondo, las comunas buscan usurpar el poder legítimo de los gobiernos regionales, recibiendo fondos que de otra manera fueran destinados a las parroquias o municipalidades; y son ahora transferidos a las comunas para financiar sus operaciones de vigilancia ciudadana.

¿Qué significa ésto en la práctica?

Recordemos que las venideras elecciones del 8-D son elecciones municipales. O sea, se busca elegir a los representantes de los distintos municipios del territorio nacional. Pero si el poder se ha ido transfiriendo a las comunas, ¿qué importancia tienen los municipios? En términos prácticos, ninguna.

Veamos entonces las opciones que tiene cada bando en estos comicios del 8-D.

La oposición y el cuento del pastorcito mentiroso

Durante sus primeros años, el mandato chavista se enfrentó a una oposición dividida. Cuando finalmente los partidos de oposición empezaron a darse cuenta de su desorganización, cometen el más craso error de la historia de los últimos 15 años: retirar sus candidaturas de las elecciones parlamentarias del 2005 en protesta por supuestas manipulaciones del sistema electoral. Como consecuencia, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) ganó la mayoría en el Congreso, lo cual le permitió a Chávez asumir control total de todos los poderes. A partir de entonces, aunque la oposición finalmente está organizada, ya no hay mucho que hacer. La única opción es continuar la campaña de desacreditación del gobierno y de la transparencia de los procesos electorales.

Venezuela y el 8-DEn cada acto electoral que se ha efectuado en los últimos años, la oposición – encabezada por su líder Henrique Capriles – se ha dado a la tarea de: 1) anunciar a voz en cuello que la oposición es mayoría y que casi todas las encuestadoras lo dan como ganador con amplio margen (p.ej., 7-O 2012, 7-A 2013 y 8-D 2013); y, 2) gritar “lobo” una vez que pierden – como en la fábula de Esopo – aludiendo a las irregularidades del sistema electoral y la manipulación de votos y votantes por parte del oficialismo (p. ej., 7-O 2012 y 7-A 2013). Falta ver qué dirán después del 8-D.

El que hubiesen irregularidades en el proceso electoral es algo que se presta a muy poca duda. El problema con la oposición ha sido gritar “lobo” (trampa), para, en la próxima oportunidad electoral, validar el sistema anunciando que hay que salir a votar.

O el sistema es limpio o no lo es. Si no es transparente y legal, ¿qué diferentes resultados espera la oposición obtener? Ya decía Albert Einstein que la definición de estupidez es “hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados distintos”.

Lamentablemente, si la oposición ganase un porcentaje importante de representantes regionales, estos quedarían prácticamente de manos atadas – por aquello de las comunas. Entonces, la oportunidad de fomentar un cambio al ganar las elecciones es inútil en el corto plazo.

Venezuela y el 8-D Fuente: Prof. Steve H. Hanke, The Johns Hopkins University, publicado por Cato Institute.

Sin embargo, estratégicamente a largo plazo es vital que se ganen la mayor cantidad de plazas posibles. No porque vayan a poder ejercer un cambio político, sino más bien porque la oposición necesita recobrar la confianza en el sufragio, en miras a la eventual posibilidad de sacar a Nicolás Maduro del poder por la vía democrática. Éste, por su parte, pareciera que trabajara para la oposición: las medidas económicas de los últimos meses están llevando a Venezuela al borde del abismo. La población ha aguantado bastante, pero todo tiene un límite. De llegarse a este límite, la salida no va a ser pacífica.

En conclusión, a la oposición le conviene votar de manera masiva. Si ganan una mayoría de votos, deben asumir su triunfo calladamente, regocijados en la satisfacción de haber obtenido una mayoría, y de que esa mayoría podría triunfar en la próxima vuelta, cuando le toque el turno a las presidenciales. De no ganar, les queda la tarea de demostrar si el triunfo del oficialismo fue verdaderamente honesto. De haber irregularidades, deberán llevarlas hasta sus últimas consecuencias; de lo contrario. seguirán siendo el pastorcito mentiroso de esta triste historia.

Pero si ésta es la estrategia de la oposición, ¿qué debe hacer el oficialismo?

La revolución continúa

La estrategia del oficialismo pareciera mucho más sencilla, una vez analizada la de la oposición. La pregunta de las 50 mil lochas es: ¿se hace trampa (para asegurar el triunfo) o no se hace trampa? O más bien, preguntemos: ¿qué gana el oficialismo con triunfar en estas elecciones? La respuesta es absolutamente nada. Ya tienen el poder comunal. Unos cuantos opositores en posiciones de poca o ninguna importancia no va a hacer mella alguna en la revolución. Pero por el contrario, si ganaran las elecciones se estarían echando, como se dice en criollo, un mono encima. Porque la oposición debe pelear los resultados si cree que hubo trampa, y en un panorama politico-económico tan frágil como el actual, ees una pelea que Maduro debe eludir.

Ahora, si fuese verdad que el Chavismo-Madurismo sigue dominando las mentes y corazones de los venezolanos (porque ciertamente no los estómagos), entonces sería recomendable que el oficialismo trampeara los resultados de los comicios – en favor de la oposición.

Si la oposición gana, ésta no tendrá nada de qué quejarse, y Maduro podrá continuar con la revolución usando la figura de las juntas comunales y los poderes sobrenaturales que se ha auto-otorgado (incluyendo la habilidad de hablar con pajaritos). El problema es si realmente el chofer de autobús-tornado-presidente tiene la capacidad para gobernar un país.

Eventualmente, Maduro saldrá del poder. La gran incógnita es si se hará por las urnas dentro de seis años, o mucho antes, por las armas, cuando el pueblo no aguante más.

Emilio Sanmarti Emilio Sanmarti

Emprendedor y consultor, Sanmarti es Director del Instituto de Análisis Social y Económico. Participa activamente en diversos medios de comunicación y otras instituciones de América. Oriundo de Venezuela, es Licenciado en Ingeniería con una maestría en Administración de Empresas. Síguelo en twitter ISEA @iseacanada y en Facebook.