Nobel de Paz para el señor de la guerra; prensa de fascista para el pacificador

Barack Obama, el premio Nobel de Paz, en su último año de gestión autorizó el lanzamiento de 26.171 bombas, según el mando de Operaciones Especiales de EEUU

El hombre de las negociaciones imposibles, Donald J. Trump (EFE)

“La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, ese era el lema principal del Socing, el partido dominado por el Gran Hermano que profesaba el socialismo y seguía métodos revolucionarios para “acabar con el capitalismo”, en la novela de George Orwell, 1984, sin duda alguna, todo un emblema de nuestros tiempos, un documento histórico que desde la ficción nos relataba que nos depararía el futuro.

En los últimos meses el presidente de los Estados Unidos ha enfrentado una cantidad de ataques sistémicos y a su vez anárquicos, a los cuales ha respondido cómo solo un gran estadista podría hacerlo: con libertad, democracia, y con apego a la ley. Con los miembros de extrema izquierda de Black Lives Matter y Antifa aterrorizando las ciudades de los Estados Unidos, el presidente se ha asegurado de seguir los protocolos constitucionales para procurar la seguridad de sus ciudadanos. Los miembros del Partido Republicano, incluso algunos de sus senadores, como es el caso de Rand Paul, se han mostrado íntegros y alturados ante las embestidas de antisociales que los persiguen por las calle con gritos, empujones, amenazas y violencia, y en todo caso la respuesta siempre ha sido la misma “ley y orden”. No ha habido llamados a la guerra, al fusilamiento, ni mucho menos a socavar la democracia en el país, como si lo han hecho en reiteradas ocasiones los miembros del partido contrario que hoy intentan asaltar el poder dominado por un radicalismo de izquierda nunca antes visto en el “Partido Demócrata”, que ya es de todo menos democrático y que ya no le hace justicia a su nombre, ni a su propia historia.

Por si esto fuera poco y con todo y los problemas internos, el presidente de los Estados Unidos se ha ocupado de llevar la paz a la zona más conflictivas históricamente del planeta Tierra, el Medio Oriente y también los Balcanes, en ambos lugares, tras décadas de negociaciones que no proliferaron, el gran estadista de estos tiempos logró sentar a las partes y hacerles firmar acuerdos de paz, de cooperación y comercio, para reestablecer relaciones que han estado rotas desde hace décadas por las guerras, la muerte y la sangre; es el caso más reciente de Serbia con Kosovo, y el que le antecede con apenas unas semanas de diferencia entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, dos acuerdos de pacificación internacional que serían suficiente para darle el Premio Nobel de la Paz a cualquier mandatario progresista que lo hubiese hecho posible, pero que han pasado completamente desapercibidos por parte de la prensa mundial, de las altas organizaciones para Derechos Humanos, y de los propios organismos destinados a resolver conflictos internacionales, pues quien lo ha hecho posible no es un hombre hipócrita que se llena la boca de mentiras apelando al buenismo y la corrección política que se espera en estos tiempos, sino alguien que va siempre ante todo con la verdad por delante, por incómoda que sea, y que además, claro está, se opone de manera ferviente al socialismo progresista, lo que ha llevado a que los ignorantes y manipuladores de la historia le tilden de “fascista”, pues para ellos “La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es la fuerza”.

El señor de la guerra, Barack Obama, en un acto militar junto al exvicepresidente y candidato presidencial, Joe Biden (Flickr)

Al expresidente Barack Obama le otorgaron el Premio Nobel de la Paz a pesar de haber bombardeado a siete países en menos de seis años, ellos son Afganistán, Yemen, Irak, Pakistán, Somalia, Libia y Siria, y de hecho, en el último año de su gestión, el 2016, bajo su mandato se lanzaron 26.171 bombas, según el mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos; la misma prensa que lo aplaudía y celebraba, es la que hoy critica al actual mandatario por haber ejecutado tres misiones completamente limpias, que no puso en riesgo la vida de ningún norteamericano y liquidó a los terroristas Abu Bakr Al Bagdadi, el califa de ISIS, a Qasem Soleimani, líder de las Fuerzas Quds iraníes, y a Qasem Al Rimi, líder de Al Qaeda.

Hoy de hecho, distinto a lo hecho por Obama, el actual residente de la Casa Blanca ha comenzado a retirar tropas del Medio Oriente, ejecutando ataques estratégicos, doblegando a sus enemigos, y persuadiendo a negociar a los mismos con sus aliados; en este sentido ha demostrado con creces ser un maestro en el arte de la negociación, ningún presidente norteamericano había logrado tanto disparando tan poco.

No obstante y a pesar de todo esto, cuando a día de hoy el actual mandatario de los Estados Unidos se enfrenta en las elecciones al exvicepresidente de Barack Obama, Joe Biden, el mismo que le acompañó en todas las aventuras belicistas, parte de la opinión pública mundial y de la prensa continua llamando fascista al que se ha comportado como un estadista histórico antibelicista, capaz de lograr acuerdos impensados, y continua haciendo apología a los que en el pasado no pararon de hundir el botón rojo para lanzar misiles y bombas a diestra y siniestra. Pero, ¿qué importa cierto? Los demócratas son biempensantes, están a favor de Black Lives Matter, de la anarquía, de la “justicia social”, y de todas las causas progres del mundo, ellos pueden desatar guerras con una sonrisa en el rostro y serán amables, mientras que su enemigo republicano retira tropas y le retratan como un demonio.

Quizás no lo han notado, pero en todo el escrito no he mencionado el nombre del gran estadista que ha logrado crear los acuerdos de paz y reconciliación más impensados, el segundo presidente norteamericano tras Jimmy Carter —que no invadió otras naciones pero propició las condiciones para una guerra—, en casi un siglo que no ha ordenado ningún desembarco de tropas en otros países, su nombre es Donald John Trump, aunque por supuesto, ustedes ya lo sabían. No obstante me reservé el nombre hasta el final para que los lectores tuvieran la oportunidad de reflexionar si cualquier presidente de los Estados Unidos que lograra lo que hizo Trump con otro nombre, no sería digno del Nobel de la Paz, de portadas gloriosas en todos los medios del mundo, y de cuanto premio y reconocimiento exista en nombre de la paz y seguridad del mundo; con cualquier otro mandatario hubiese sido así, pero con Trump no ocurre puesto que ya saben, no sucumbe ante la hipocresía de la corrección política, ni se presta al juego de los operadores mediáticos que quieren aprovechar cada causa para impulsar el socialismo en el mundo.

Pensándolo bien, Donald Trump no se merece el Premio Nobel de la Paz, ese premio le queda diminuto, lo que se merece es el reconocimiento de los hombres y mujeres del mundo que van por la vida caminando con cordura, respeto y creen en la libertad, lo que se merece es cuatro años más en la Casa Blanca y luego retirarse a unos pacíficos últimos años de vida con la riqueza acumulada y el reconocimiento y los honores legados de su gestión.

Y no, no se me ha olvidado Venezuela, no sé si romperá su modus operandi y finalmente ejecutará una operación militar pacificadora para deponer al conglomerado criminal que aterroriza la región, no sé si llevará a cabo una negociación imposible como solo él las sabe hacer para acabar con el martirio de los venezolanos, pero Trump no ha incumplido ninguna de sus promesas, y creo y espero que Venezuela no sea la excepción.

Terminar con el chavismo, superar la crisis económica que lo ha entorpecido debido al coronavirus, y recuperar la hegemonía mundial indiscutible de los Estados Unidos que hoy China pone en peligro, sería el broche de oro perfecto de la gestión más grande en la historia moderna del país de las oportunidades y de todo Occidente, y eso ocurrirá sin importar lo que diga la prensa progresista y las instituciones biempensantes aliadas del izquierdismo internacional.

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