Los Oscar giran a la izquierda: la «mejor película» del año será la más «progresista»

Las nuevas normas establecidas por los Oscar establece que largometrajes como “Cuties” que promueve la pedofilia, pueda ser nominada a mejor película, mientras que otras como "1917", sobre la Primera Guerra Mundial sea excluida.

Una escena de «Cuties», junto a una escena de «1917» (PanAm Post)

El rodillo cultural sigue aplastando la moral, falta poco para tener que excusarnos por decir que el agua moja, que el tiempo pasa y que la pedofilia es una aberración. El acoso sistémico de los grupos anárquicos y descabezados que propician una revolución cultural se lleva por delante a todos, a políticos y apolíticos por igual, el que no quiera luchar también será arrollado, ya no hay forma de huir del combate.

Hace unos años nunca hubiese esperado estar de este lado de la ecuación, siempre fui una persona sumamente liberal en el sentido amplio, y no hablo solo en términos ideológicos y políticos, también culturales, pero hay conceptos que no se deben mezclar ni confundir, una cosa es libertad, otra muy distinta libertinaje.

La llegada de la película “Cuties” abre una puerta que llevaba años intentando ser derribada y finalmente le han dinamitado, aprovechando la nueva “revolución cultural” decidieron ir por todo lo grande, para muchos llegó la hora de normalizar la pedofilia y cancelar a todo el que no esté de acuerdo con los nuevos patrones éticos de una generación que parece haber nacido para extinguirse; de hecho, medios influyentes de izquierda como The New Yorker han establecido que el desprecio por parte de la sociedad a Cuties es una campaña de la «derecha»; el proceso de cambios no viene solo, en el trayecto se pide la abolición de la policía, el linchamiento del hombre blanco, la expropiación de sus bienes, y el enfrentamiento directo entre sistemas de vida que no comulgan: por un lado los que piensan que el Estado debe intervenir la vida privada de todos para manejar a diestra y siniestra los bienes y “privilegios”, y por otro lado, los que intentan sobrevivir en esta selva humana llena de simios que acosan a los que piden libertades con responsabilidad, ley, orden y paz; en definitiva, acoplarse a eso que conocimos hace unos siglos como el “contrato social”.

Pero, ¿por qué estamos hablando de contratos sociales, luchas raciales y pedofilia, en un artículo que se supone es sobre los Oscar? La razón es concreta: la politización de la cultura.

Con los postulados del comunista italiano Antonio Gramsci y la puesta en práctica de sus teorías por parte de la KGB soviética, los representantes del marxismo cultural comenzaron a inundar las instituciones de influencia en el mundo: universidades, medios de comunicación, la industria cinematográfica y editorial, entre otras; a partir de entonces todo portavoz famoso que sirviera para propagar su causa desestabilizadora se podía considerar un gran aporte a la “revolución”, y hoy, en el año 2020, ya no podemos dudar que son ellos los dueños de los medios culturales e informativos.

Recientemente los Oscar han dictaminado que a partir del 2024 cambiarán sus condiciones para otorgar el premio a mejor película del año, históricamente el requisito fundamental para conseguir dicho logro era único y exclusivamente ser lo que su enunciado advierte “ser la mejor película del año”, pero ya no será así, ahora no importará la calidad de las películas, sino que las mismas sean “políticamente correctas” dentro de la escala progresista; en ese sentido, una oda a la pedofilia como “Cuties” podría perfectamente ser nominada a mejor película, pero una obra maestra como “1917”, que muestra los duros tiempos de la Primera Guerra Mundial no.

A partir del 2024 tendrá más mérito mostrar a unas niñas de 11 años haciendo bailes eróticos, que retratar la brutalidad de la guerra, pues para ser nominado a mejor película las producciones obligatoriamente deberán cumplir con ciertas “cuotas de representación” que incluyen lo que ellos han denominado como “raza o etnia subrepresentada”, además de “grupos subrepresentados” que son conformados por las mujeres, la comunidad LGBTQ+, y personas con discapacidades cognitivas o físicas; en ese sentido, el largometraje desde su concepción, guion, equipo de producción, y por supuesto, actores, tendrán que cumplir con estas “cuotas”, o no podrán ser la mejor película del año, porque ahora las películas no se juzgan por su producción, actuación, fotografía, edición de sonido, etc., ahora lo que importa es que cumpla con los parámetros de la “cultura” progresista.

Bajo estos condicionantes “Cuties” cumple con todo y creces las cuotas de los “grupos subrepresentados”: niñas de diferentes «razas» que exploran su sexualidad “incomprendida”, mientras que 1917 no merece el galardón, pues solo muestra a hombres blancos batallando en uno de los conflictos históricos más trascendentales de la humanidad, pero, ¿qué es más importante? ¿Niñas haciendo bailes eróticos o la representación de la Primera Guerra Mundial? La organización de los Oscar lo tiene claro, la agenda progresista prima, entre ambas producciones Cuties se lleva el premio.

1917 es tan solo un ejemplo de miles de largometrajes que ya no podrán llevarse el premio a mejor película del año, de hecho, si miramos al pasado en la historia del cine, algunos de los clásicos más importantes también serían cancelados por los Oscar del futuro, como por ejemplo las películas de El Padrino, o los anteriores ganadores del Oscar —El discurso del Rey, Gladiator, Braveheart, Forrest Gump—, entre miles de largometrajes más que no cumplen la cuota de “representación”.

La subversión cultural está arruinando el futuro de la humanidad, es un proyecto que lleva desarrollándose desde hace décadas, un trabajo de contaminación ideológica cuyos resultados empezamos a observar en el presente, si no luchamos contra esto el futuro estará plagado de hombres y mujeres confundidos, nihilistas, atormentados, vacuos y manipulables, cuyas vidas girarán en torno a seguir los mandatos de grupos de poder no identificados, mientras linchan y destruyen a todo el que se oponga a ser arrollado por el totalitarismo del pensamiento único.

A este paso faltará poco para que tengamos que defender con nuestras propias vidas la razón, la verdad y la propiedad, pues el saqueo será socialmente aceptado, la pedofilia se convertirá en algo normal, y la desigualdad dejará de ser considerada algo inherente al hombre. Hay que frenar la aplanadora cultural, no es solo una película, no son solo esas niñas explotadas y abusadas que fueron prestadas por sus padres para ser prostituidas; es todo lo que hay detrás de ello, una civilización entera siendo empujada al precipicio.

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento