“Nicolasito” Maduro Guerra, un ruin criminal más del chavismo

El hijo del tirano Nicolás Maduro empieza a dar pasos de cocodrilo en la política, pero lo cierto es que, desde hace tiempo, forma parte del conglomerado criminal

Nicolasito es beneficiario de la empresa Wall Marketing, empresa que explota la minería ilegal en Parguaza, en el municipio Cedeño. Según varias denuncias, la empresa extrae coltán para venderlo a Colombia, Brasil e incluso a Sidney, en Australia. (Twitter)

Una semana atrás los portales del mundo empezaron a reseñar los pasos políticos del hijo del tirano Nicolás Maduro, “Nicolasito”, que en diciembre –se puede anticipar – será electo como diputado de la Asamblea Nacional chavista, en unas habituales falsas elecciones que produce el régimen.

Varios medios internacionales lo presentaron como un “Kim Young-un tropical”, un heredero al trono de hierro bañado en sangre que ostenta su padre en Miraflores. El término empleado es correcto por dos razones: Maduro Guerra es un criminal con historial y, al parecer, empieza a perfilarse como un sucesor presidencial tiránico al largo plazo. Por ello, es un error tratarlo como un político convencional.

Su flojo impacto mediático

Las redes sociales de Nicolasito, al que se le está empezando a llamar “El zar del coltán” – por sus vínculos criminales y ser el principal cabecilla de la explotación aurífera ilegal del coltán en el Arco Minero del Orinoco –, son sencillamente llamativas. En Instagram, que es donde más se mueve el ilegitimo heredero al trono, cuenta con una tribuna de 47 000 seguidores. En su perfil se le puede apreciar compartiendo mesa con “ilustres” personajes del chavismo: Aristóbulo Isturiz, Tareck El Aissami, Rafael Lacava, Héctor Rodríguez; y otros miembros del régimen que han contribuido con la destrucción sistemática del país.

Pero la verdad es que la difusión de su mensaje es flojo, muy pobre; bastante mediocre incluso. Algunos vídeos tienen algunos pocos de miles de visualizaciones, sus fotos algunos cientos de likes, pero es en lo que posiciona su principal y notorio déficit. Apenas hay comentarios – para bien o para mal – y es muy probable que sean likes o followers comprados (bots). En su homologo perfil de Facebook, la situación no es muy distinta, la repercusión es ínfima. Y en Twitter se dedica a retwittear más que a empezar debates o publicar ideas propias. En síntesis: tiene un pobre feedback comunicativo, y para alguien que quiere dedicarse a la política, es un total y rotundo fracaso. Hasta Lacava lo supera en este aspecto.

Los vídeos que alza y muestra muy orgulloso “Nicolasito”, aparte de tener un nulo sentido de la estética y mucho menos del mensaje, tienen todos los atributos de alguien que aspira a tener relevancia política: hace proselitismo, realiza entrevistas a dedo para impulsar su imagen y la del chavismo, se adhiere a causas ideológicas afines y muestra su aprecio hacia sus líderes y referencias políticas: su padre – el primero –, el difunto Hugo Chávez, Vladimir Putin, el “Che” y Rafael Correa, por citar algunos ejemplos. Un perfil revolucionario.

De igual forma, es irrelevante que “Nicolasito” no sea un hábil orador y que tenga muy poca capacidad de influir en un público determinado, de hecho, son dos míseros detalles para un sujeto que tiene el apoyo de los medios oficialistas chavistas, del tirano y, seguramente, de La Habana.

“Nicolasito”, en sus redes, también envía constantes mensajes hacia “el pueblo revolucionario”, al cual se dirige con mucha predisposición e interés cuando el tema se centra en las elecciones que la tiranía impulsa, “nosotros vamos a por ese voto que, en algún momento, puede estar descontento con la revolución, pero vamos a conquistarlo”, espetó Maduro Guerra al lado de Jorge Rodríguez.

El que se prepara para celebrar su curul legislativo en año nuevo, elaborado a placer, también es enfático para mostrarse afín a los regímenes de Cuba y a la Rusia comunista, se empeña en saludar a las fuerzas del régimen, y también lanza guiños y flores por doquier; sabe que necesita mostrarse con un mínimo de carisma para llegar al poder.

¿Es factible su llegada al trono de sangre?

Si bien es difícil saber si efectivamente “Nicolasito” será un heredero o un simple figureti de cuarta del entorno chavista, se pueden mirar los puntos clave: el hijo de Maduro es fiel y leal a Cuba, no hay mucho que debatir en ello; puede ser aceptado por las figuras del chavismo siempre y cuando sea maleable, ya tiene experiencia criminal, pues es uno de los principales líderes de la minería ilegal del Arco Minero en lo que al oro azul se refiere; además, su figura puede ser un poco lavada porque aún no está completamente manchada como sí lo está la de su genocida progenitor.

Pero lo cierto es que son meras especulaciones y rumores que surgen desde fuentes anónimas chavistas por el nuevo cargo de diputado que tendrá el hijo del tirano, según cuenta ABC. En realidad, es muy difícil saber si a Maduro Guerra se lo está preparando para suceder a su padre o si le están dando un cargo por mero capricho, pero no habría que sorprenderse si llegara a ocurrir.

Dicha llamarada especulativa se acrecenta con los pasos de cocodrilo que va dando el hijo del tirano en la política, pasos cortos y con mandíbula abierta, devorando lo restos de las instituciones venezolana al mejor estilo chavista.

Con respecto al coltán, no hay que obviar este tema, Nicolasito es beneficiario de la empresa Wall Marketing, empresa que explota la minería ilegal en Parguaza, en el municipio Cedeño. Según varias denuncias, la empresa extrae coltán para venderlo a Colombia, Brasil e incluso a  Australia. La exportación del oro azul venezolano ya se ha comprobado, en 2018, en el puerto de Trieste (Italia) se incautaron más de 5 toneladas.

El perfil del Maduro Guerra

El perfil oficial de “Nicolasito” es el de un joven constituyentista, de treinta años, que desde 2013 formó parte de la administración chavista y es actualmente delegado de la Asamblea Constituyente. También es vicepresidente de Formación de la Juventud del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Pero en su CV, además de adjudicarle sus vínculos criminales con la explotación aurífera, también hay que agregarle que le gustan las grandes fiestas, a tal punto que ni la pandemia le impidió realizar una gran rumba para festejar su treintena de edad; dicha celebración fue denunciada por jefes de seguridad y agentes de El Hatillo que, posteriormente fueron detenidos por la DGCIM por osar denunciar al hijo del tirano que molestaba a los vecinos de la zona.

A su «interesante» hoja de vida hay que agregarle todo lo que reveló El Mundo la semana pasada: ejerce como enviado especial de su padre a los eventos de Kim Jong-un en Corea del Norte, le encanta darles órdenes a altos mandos militares y es el principal investigador del caso Odebrecht en Venezuela, un hecho dantesco, poner a un miembro del chavismo a investigar una de las grandes tramas de corrupción de la historia venezolana. ¿Algo más que agregar a las curiosidades del hijo de Maduro? Sí, es muy cercano a Delcy Rodríguez y su testaferro es Santiago Morón. También está sancionado por el Tesoro de los Estados Unidos, sus cargos son el enriquecimiento ilícito, impedir el ingreso de ayuda humanitaria y censura.

Los méritos de “Nicolasito” son idénticos a los de su padre, al igual que sus acciones hasta el momento. Es alguien que no ha sido muy sobresaliente en estudios, que no ha hecho nada de valor en su vida, pero que tiene la virtud de ser muy cercano a la revolución. El nepotismo le otorgó cargos inventados, lo puso en el revuelo mediático, le dio juguetes como espacios en TV y también sirvió para que sea representante de una de las tiranías más sangrientas de América Latina. Le roba a la nación comprándole oro a las mafias del estado Bolívar que operan en el Arco Minero del Orinoco y después lo revende al Banco Central de Venezuela. Una operación ilegal que lleva toda una cadena de corrupción, violaciones, abusos y masacres.

Maduro Guerra, sin tener un poder de la dimensión de su padre y sin contar con el peso de otros referentes chavistas, ya muestra sus ínfulas autoritarias jugando con la censura, la represión y la persecución. No hay que equivocarse con “Nicolasito”, es un miembro más del conglomerado criminal, nada que envidiarle a Maduro, a Diosdado o Tareck El Aissami. Que la prensa no se equivoque en tratarlo como un niño que juega a la política.

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