Hagamos que el capitalismo sea genial otra vez: el futuro depende de ello

Las estadísticas están del lado del capitalismo, pero si la investigación y las estadísticas cambiaran las mentes de las personas de manera consistente, la sociedad estaría ya curada de gran parte de los males que la aquejan.

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Quienes no poseen una visión afirmativa del capitalismo no necesariamente tienen una idea de qué es el capitalismo. (Flickr)

Por Dillon Jones

Una reciente encuesta de Gallup halló que, por primera vez en la historia de la compañía encuestadora en la última década, los Demócratas ahora tienen una imagen más positiva del socialismo (57 %) que del capitalismo (47 %). Mientras que su perspectiva del socialismo no ha cambiado materialmente en la última década, la reciente baja en cuanto a su idea del capitalismo ha expandido esta brecha. Se aprecia un descenso aún más rotundo en la percepción del capitalismo entre los jóvenes estadounidenses de entre 18 y 29 años de edad, con una caída del 68 % que tenía una opinión positiva en 2010 con respecto al 45 % actual. Si bien estas estadísticas no son del todo sorprendentes, todavía son motivo de preocupación.

Con la aparición del socialista Bernie Sanders en las primarias presidenciales demócratas y la reciente victoria primaria de Alexandria Ocasio-Cortez como candidata demócrata a la Cámara de Representantes, es justo decir que los demócratas no temen apoyar abiertamente al socialismo como podrían haberlo hecho durante la Guerra Fría. Y con el apoyo del socialismo lógicamente viene el desdén por el capitalismo.

Influenciadores contra el capitalismo

Existe una serie de cosas que pueden atribuirse a la visión negativa del capitalismo por parte de los jóvenes en general, la menor de las cuales proviene de los efectos reales del capitalismo. El presidente Trump tiende a asociarse con el capitalismo (aunque argumentaríamos que erróneamente, dada su política de intromisión gubernamental cuando se trata de libre comercio), y dado el desprecio hacia el presidente por muchos en este grupo, el capitalismo se vuelve culpable por asociación.

Otros factores que podrían estar contribuyendo a la falta de puntos de vista positivos hacia el capitalismo, especialmente cuando se trata de los jóvenes, incluyen el sesgo general del sistema de educación pública y los medios de comunicación. Como se señaló en el Washington Post, la gran mayoría de los maestros K-12 se inclinan por los demócratas. El estudio muestra a 79 demócratas por cada 21 republicanos en la industria. La educación superior también está en el mismo barco. En 2014, aproximadamente el 60 % de los profesores universitarios se consideraban de izquierda, mientras que un poco más del 10 % se identificó como conservador o de extrema derecha.

Esto no es para argumentar que hay una gran conspiración izquierdista para adoctrinar a nuestros niños; sin embargo, es difícil objetar que esto no tenga un efecto sobre lo que los jóvenes desarrollan como creencias. Entre las edades de 5 y 18 años, la mayoría de los niños pasan por lo menos ocho horas al día con sus maestros, y las opiniones de ellos sin duda van a influenciarlos, incluso sin darse cuenta.

El capitalismo no parece tener muchos seguidores entre otros dos grandes influyentes: los medios de comunicación dominantes y Hollywood. Si bien es incorrecto emplear ambos como chivos expiatorios cada vez que un conservador pierde una elección, efectivamente es creíble el hecho de que estos dos medios son más liberales que el país en general. A partir del 2013, solo el 7 % de los periodistas se identifican como republicanos. Y aunque no siempre se aprecie el sesgo abiertamente en exhibición, el sesgo contra los conservadores puede ser expuesto en base a las historias que eligen cubrir y cómo cubren ciertas historias.

Del mismo modo, las inclinaciones de Hollywood a la izquierda se revelan en sus contribuciones políticas. En 2016, particulares y empresas de la industria de la televisión, el cine y la música aportaron con 84 millones de dólares en contribuciones de campaña en el período electoral de 2016, el 80 % del cual se asignó a los demócratas.

Resulta lógico pensar que si los más influenciadores en el pensamiento del país tienden a inclinarse hacia la izquierda política y, por lo tanto, tienden a sostener una óptica más negativa del capitalismo, los consumidores de este contenido también empezarán a inclinarse de la misma forma.

Palabras versus definiciones

Un aspecto muy importante del estudio de Gallup es que los encuestadores en realidad no definieron “capitalismo” y “socialismo” cuando preguntaron a las personas sobre sus actitudes hacia ambos conceptos. Mientras solo el 56 % de los estadounidenses en general tenía una visión positiva del término “capitalismo”, el 86 % veía de forma positiva a los empresarios y el 79 % veía positivamente a la “libre empresa”, dos términos que están estrechamente asociados con el capitalismo, y esencialmente lo definen.

Para los de la izquierda, ahora se argumenta que el capitalismo es la razón por la cual las personas se vuelven pobres, la causa de la desigualdad e incluso la causa de otras enfermedades sociales como el racismo y el sexismo. No obstante, como muestra el estudio de Gallup, quienes no poseen una visión afirmativa del capitalismo no necesariamente tienen una idea de qué es el capitalismo, dadas las opiniones más positivas de los términos que ayudan a definirlo. Si el estudio encuestara a individuos solamente con las definiciones de capitalismo y socialismo, en vez de los términos en sí mismos, los resultados probablemente serían distintos (como el meme de la millennial en un Starbucks con un iPhone versús protestando contra el capitalismo en Facebook).

¿Socialistas republicanos?

Otra estadística repentina del estudio de Gallup es que el 16 % de los republicanos tiene una percepción positiva del socialismo. Aunque parte de esto podría atribuirse a la falta de atención a la política por parte de algunos (es decir, aquellos que fueron “criados” como republicanos y, por ende, se autodenominan sin seguir de cerca la política o el proceso político), todavía debería preocupar a aquellos que fomentan la libre empresa, especialmente aquellos que ven al Partido Republicano como el vehículo para promover una economía de libre mercado en este país.

En la guerra por los corazones y las mentes del pueblo norteamericano, sin duda existe la necesidad de convencer a aquellos en el “centro”, así como a aquellos que ya están ubicados a la izquierda política, de los beneficios de una economía de libre mercado. Es igual de relevante responsabilizar a la parte que supuestamente es económicamente conservadora, y asegurarse de que realmente respaldan y crean en un entorno para que el libre mercado prospere.

Si bien los recortes tributarios corporativos federales y el movimiento hacia la desregulación son indudablemente buenos pasos hacia la elaboración de un mercado más libre, otras acciones (o la falta de acciones) de nuestro presidente republicano y la legislatura dejan mucho que desear. Tal vez la mayor política anticapitalista expuesta por el presidente sea la implementación de aranceles y, en general, el desdén por el libre comercio.

Aunque los republicanos parecen bastante divididos sobre el tema, no se puede argumentar que los aranceles reflejen cualquier tipo de valores capitalistas. Mientras que aparentemente intentan salvar o crear empleos en los Estados Unidos, los aranceles en realidad impiden la capacidad de los consumidores y los fabricantes para comprar productos a precios internacionales más bajos, lo que perjudica a las personas a las que supuestamente intentan ayudar. Estos aranceles son solo otro programa de bienestar social de arriba hacia abajo destinado a coadyuvar a un determinado sector de la población mientras hacen lo contrario.

Es importante que los defensores del capitalismo mantengan en observación a quienes están en el supuesto partido del libre mercado y los hagan responsables. Como no puede contar con un solo partido para permanecer en el poder por mucho tiempo, es importante aprovechar la oportunidad que tenemos de avanzar hacia mercados más libres.

Cambiando los corazones y las mentes

Si bien los “influencers” de la izquierda argumentarán lo contrario, las investigaciones reflejan que los libres mercados, en general, han comprobado que son capaces de hacer que las personas sean más sanas, más ricas y más felices. Sin embargo, si la investigación y las estadísticas cambiaran constantemente la mentalidad de las personas, la sociedad se curaría de gran parte de los males que la aquejan. La gente tiende a reflexionar (y votar) emocionalmente en lugar de lógicamente. Por consiguiente, cuando se trata de cambiar las mentes de las personas, es más probable que lo haga con argumentos emocionales e historias cercanas que con un artículo investigativo con estadísticas y varias referencias de buena reputación (la ironía de esto, viniendo de un think tank, hace de esto una buena nota).

Debido a esto, los socialistas, y los de la izquierda en general, tienen la sartén por el mango. Todo lo que tienen que hacer es mostrar la imagen de una persona sin hogar hambrienta y decir: “Esta persona está hambrienta y sin hogar debido al capitalismo. Si tuviéramos el socialismo, el gobierno lo apoyaría proporcionándole un lugar para vivir y comida para alimentarse”. Por supuesto, no se menciona de qué forma el gobierno obtendría de algún modo el dinero para satisfacer a todos los individuos sin hogar y hambrientos en el país, pero esto no importa. Son imágenes conmovedoras y un argumento fácil y rápido para captar tus emociones.

Los defensores del mercado libre no lo tienen tan fácil. Existen muchos argumentos que podemos hacer sobre cómo la persona sin hogar fue puesta allí por el gobierno y tendría una mejor oportunidad de salir de esa situación si se eliminaran las barreras del gobierno. Esta persona sin hogar fue despedida de su trabajo debido a nuevas regulaciones o aumentos de impuestos que forzaron a la compañía a quebrar. Luego se volvió dependiente de los programas de asistencia social, lo que hizo que dejara de buscar empleo, lo que lo llevó a donde está ahora. Es un argumento lógico y sensato, pero no es tan probable que cambie las mentes simplemente diciendo: “Lo pusieron aquí debido a los ambiciosos capitalistas que no se preocupan por los pobres”. Incluso cuando señala las dificultades, el hambre y las muertes creadas por el socialismo en países como Venezuela, el argumento es ignorado porque “eso no es un socialismo real… esto no sucedería bajo el socialismo real: ¡mira a Europa!”.

Este juego de pathos contra logos junto con las perspectivas anticapitalistas de las figuras más influyentes de nuestro país le da a los defensores del libre mercado una batalla cuesta arriba para luchar. Tenemos la investigación y las estadísticas de nuestro lado, pero tenemos que seguir mostrando ejemplos específicos y comprobables sobre cómo el capitalismo ha ayudado a las personas a salir de malas situaciones y cómo el socialismo ha afectado negativamente a tantas vidas.

A pesar de la colina cuesta arriba, la batalla aún se puede ganar. El hecho de que el Gobierno federal esté actualmente dirigido por republicanos es al menos una buena señal, ya que fueron elegidos con la creencia generalizada de que promoverían el capitalismo más que sus oponentes demócratas. Y todo esto a pesar de los constantes ataques al capitalismo desde la izquierda.

Los defensores del capitalismo deberían aprovechar estos triunfos políticos, y lo más importante, hacer todo lo posible para garantizar que los supuestos defensores del libre mercado en el poder implementen realmente políticas de libre mercado. De lo contrario, todo el arduo trabajo de luchar en la batalla cuesta arriba contra el socialismo será en vano.


Dillon Jones es analista senior de políticas en el Lone Star Policy Institute.

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