Por qué la esperanza es esencial para el futuro de Latinoamérica

La esperanza es un estimulante muy potente. Nunca, nunca dejen que se les escape. No importa lo que pase

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Lo opuesto a la esperanza es la desesperanza y no conozco ningún contexto en el que la desesperanza mejore las cosas. (Flickr)

Por Lawrence W. Reed

Tu ne cede malis, sed contra audentior ito, escribió el poeta romano Virgilio en La Eneida en el siglo I a. C. Se traduce comúnmente del latín como «No te rindas ante el mal, sino que procede cada vez más audazmente contra él».

En sus memorias, el economista austriaco Ludwig von Mises explicó por qué y cuándo adoptó esas palabras como un grito de guerra personal: «Cómo uno se comporta ante una catástrofe inevitable es una cuestión de temperamento. En el instituto, como era costumbre, había elegido un verso de Virgilio como lema: Tu ne cede malis sed contra audentior ito… Recordé estas palabras durante las horas más oscuras de la guerra. Una y otra vez me había encontrado con situaciones de las que tras la deliberación racional no encontraba escapatoria; pero entonces intervino lo inesperado, y con ello vino la salvación».

Las horas más oscuras de la Primera Guerra Mundial fueron muy oscuras, pero el gran economista siempre encontró esperanza. Por ello, nunca se rindió. Resultó ser una bendición monumental para la humanidad que no se rindiera, porque su mejor trabajo estaba aún por salir a la luz.

La esperanza y la perseverancia

Esto es lo que hace la gente verdaderamente buena y admirable. No se rinden ante el mal. No se rinden. No les importa cuán oscuro se ponga. Siguen adelante con perseverancia. La oscuridad es a menudo el crisol en el que su carácter es probado y fortalecido. En la lucha, brilla una luz donde antes poco o nada brillaba; y como resultado frecuente, el futuro resulta mejor de lo que muchos, excepto unos pocos, esperaban.

No son las probabilidades las que deciden la actitud mental o el esfuerzo físico de los verdaderamente buenos y admirables; son los principios. En otras palabras, lo que en última instancia es correcto. Con su ejemplo, también dan a otros motivos para perseverar.

En todo el mundo, los amantes de la libertad se hacen naturalmente las mismas preguntas que los espíritus afines a lo largo del tiempo se han hecho: «¿Será el futuro brillante u oscuro? ¿Viviremos libres o esclavizados por el Estado?» Incluso cuando los tiranos cruzaban los continentes, Mises se negó a tirar la toalla.

Esperanza. No es algo que puedas tocar, oler o ver, pero es algo poderoso, un motivador convincente. Es una sensación, una premonición, tal vez. Es una sensación de que algo deseable y que vale la pena puede ser logrado, adquirido o realizado incluso si los obstáculos parecen insuperables. Tener esperanza es poseer una medida de confianza u optimismo más allá de lo que las circunstancias actuales parecen justificar.

La esperanza en América Latina

El crédito de la génesis de este artículo pertenece a María José Bernal, una incansable joven activista a favor de la libertad y exalumna de FEE en la nación suramericana de Colombia. María reunió a un gran público en varias escuelas para que yo hablara en Medellín el pasado noviembre. A la hora de recogerme en el aeropuerto, María expresó un deseo:

«Larry, debemos encontrar la esperanza aquí en América Latina. Muchas cosas van en la dirección equivocada. Si puedes darnos esperanza, entonces deberías escribir un artículo que hable precisamente de eso. ¡Realmente la necesitamos!».

María es una de esas personas verdaderamente buenas y admirables que mencioné anteriormente. Sus convicciones son fuertes y su carácter es sólido, así que sé que no se rendirá, no importa lo duro que sea el camino. Ella está, estoy seguro, inmersa en una cruzada de por vida para que la gente sea libre. Ella sabe que vale la pena luchar por la libertad porque, más que nada, la libertad hace posible que la vida valga la pena vivirla. Aunque no sea obvio para ella hoy, su perseverancia probablemente inspirará a docenas, cientos, tal vez incluso miles de personas en los próximos años.

Dondequiera que vivas, si amas la libertad debes tener esperanza. Aquí hay algunas razones del porqué:

La esperanza es una profecía autocumplida

Te inspira a trabajar más duro para alcanzar tus objetivos. Si te rindes, cederás el campo a la oposición sin luchar. Lo opuesto a la esperanza es la desesperanza y no conozco ningún contexto en el que la desesperanza mejore las cosas.

La esperanza es saludable

La gente que tiene esperanza está mejor mental, espiritual y físicamente. La desesperación y el pesimismo nos arrastran en todos los sentidos, haciendo aún más difícil que triunfemos. La esperanza y el sentido del humor van de la mano: sai podemos reírnos de nuestros apuros es porque tenemos confianza en que podemos superarlos, reducimos el estrés y la presión sanguínea.

La esperanza conquista el miedo

Muy poco de lo que vale la pena se consigue fácilmente y si es así, probablemente no se valorará mucho. Lo que vale la pena y es muy valorado, y esto es particularmente cierto con la libertad, a menudo genera enemigos entre quienes no quieren que la tengas. Puedes temerle a esos enemigos y ser inhabilitado por ellos; o puedes vencerlos con la certeza de que los vas a resistir.

La esperanza ayuda a mantener la conciencia clara

Si yo supiera que renunciaba a los principios que sabía eran los correctos, estos me perseguirían por siempre. Esa voz interior que llamamos conciencia nunca dejaría de recordarme que me había rendido. Por su propia paz mental, ¡espere un futuro mejor y contribuya a que así sea!

La esperanza te hace pensar

Reflexione por un momento sobre los interminables inventos que han beneficiado a los seres humanos. Si sus inventores no hubiesen tenido esperanza, habrían detenido el mismo proceso de pensamientos que produjo esos resultados. Nadie piensa mucho en las posibilidades si se centra en lo que predetermina como imposible.

La esperanza gana conversos

Atrae a otros a su meta. Hace que tanto tu personalidad como tus ideas sean magnéticas. Nadie quiere apuntarse a una causa perdida o trabajar con gente que emana desánimo.

Esperanza para el futuro de la libertad

En última instancia, nadie conoce el futuro, ¿verdad? Entonces, ¿qué sentido tiene renunciar a él antes de que ocurra, antes de que hayas hecho lo posible para afectar el futuro a tu favor? Eso es exactamente lo que la oposición quiere que hagas. ¿Por qué complacerlos?

La historia está llena de momentos en los que las perspectivas de la libertad parecían tan tenues como una bombilla de 5 vatios. ¿Qué hay de los patriotas congelados en el invierno de 1777-78 en Valley Forge? Considere la difícil situación de los esclavos británicos antes de que el movimiento anti-esclavos comenzara en la década de 1780. O recuerde los últimos años de la década de 1940: FEE fue fundada en medio de un mundo que creía que la planificación central era inspiración divina porque parecía haber ganado una gran guerra mundial. Leonard Read nunca habría fundado FEE y Mises nunca habría escrito Acción Humana si alguno de los dos hubiesen pensado que la libertad no tenía futuro posible.

Grandes y positivos cambios, que mejoran las cosas, han tenido lugar en la historia, generalmente en momentos poco propicios, reforzando el viejo dicho de que «siempre es más oscuro antes del amanecer». Aparecieron impredecibles constelaciones de personalidades, eventos e ideas que no hace mucho tiempo parecían improbables, si no impensables. Al examinarlas, se hace evidente que estas constelaciones no se materializaron de la nada; fueron posibles gracias a personas que nunca se rindieron porque tenían esperanza. El colapso de la antigua Unión Soviética es un caso clásico.

Recientemente vi una buena película llamada The Aeronauts (Los Aeronautas). Está basada en la historia del pionero meteorólogo inglés James Glaisher. En una época (1862) en que la ciencia se burló de la noción de que el tiempo era predecible, él y un compañero ascendieron a una altura de al menos 30.000 pies en un globo para demostrar lo contrario. Lo lograron. Al final de la película, la suave voz de un narrador declara:

No se cambia el mundo con solo mirarlo. Lo cambias a través de la forma en que eliges vivir en él.

Piensa en eso. Es más profundo de lo que podrías haber imaginado en un principio, y creo que es muy, muy cierto. No somos marionetas con cuerdas. Somos seres humanos, cada uno de nosotros únicos, con motivación interna, y capaces de afectar el futuro si ponemos a trabajar nuestra mente. Eso por sí solo debería darnos la esperanza de que podemos hacer un impacto positivo, tal vez incluso uno muy grande.

«Esperanza» en la Comuna 13

Un ladrón puede tomar tus cosas, pero no puede tomar tu esperanza. Tú estás a cargo de eso. La línea entre tener esperanza en el futuro y actuar para hacer que ese futuro sea mejor y más libre es una línea muy directa.

Mientras estaba en Medellín en noviembre de 2019, un colega de FEE y yo caminamos por las calles de la Comuna 13, una sección de la ciudad que hace apenas dos décadas estaba entre los barrios más violentos del mundo. Había un problema con asesinos y secuestradores asociados con los cárteles de la droga. Cientos de personas eran asesinadas al año. Todos vivían con un permanente miedo, pero la mayoría nunca perdió la esperanza.

Hoy en día, la Comuna 13 es un lugar mucho más pacífico lleno de comerciantes, artistas, personajes bulliciosos y caras sonrientes. Múltiples paredes están adornadas con colorido arte de la calle. Tomé muchas fotos, incluyendo una que proclamaba «Esperanza» (Ver foto portada). Si estas personas pudieron salir de un terror desgarrador con sus espíritus intactos, e hicieron de su vecindario un hermoso lugar turístico, todo es posible, en cualquier lugar.

La esperanza es un estimulante muy potente. Nunca, nunca dejes que se te escape. No importa lo que pase.


Lawrence W. Reed es presidente emérito y senior fellow de la familia Humphreys. También es embajador de Ron Manners para Global Liberty en la Fundación para la Educación Económica. Es autor de Real Heroes: Incredible True Stories of Courage; Character, and Conviction y Excuse Me, Professor: Challenging the Myths of Progressivism.

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