Por qué hay mucha gente brillante que no es rica

El coeficiente intelectual tiene alguna relación con los ingresos, pero es mucho menor de lo que la gente cree. Algunas cualidades importan mucho más.

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El empresario mexicano, Carlos Slim, es uno de los hombres más ricos del mundo (EFE)

Por Daniel Lattier

Si lo que mi investigación en la Internet me dice es cierto, muchos de los que leen este artículo tienen un coeficiente intelectual superior al promedio, pero sólo un pequeño porcentaje de ustedes alcanzará a la clase alta en términos de ingresos.

¿Y eso por qué? Como dice la pregunta cargada de prejuicios, «Si eres tan inteligente, ¿por qué no eres rico?»

La correlación entre el coeficiente intelectual y los ingresos

Bueno, el coeficiente intelectual tiene alguna relación con los ingresos. Como la investigación de Richard J. Herrnstein y Charles Murray ha demostrado, el CI se ha vuelto más importante en la economía basada en el conocimiento de Norteamérica, y las más prestigiosas universidades – que, como sabemos, son escalafones para poder entrar a las filas de la élite socioeconómica – se han convertido casi en su totalidad en la «élite cognitiva».

Pero según el economista James Heckman, ganador del Premio Nobel, la personalidad juega un papel mucho más importante al dividir los que tienen ingresos altos y bajos. Un artículo de Bloomberg que resume su más reciente trabajo académico sobre el tema señala: «[Heckman] encontró que el éxito financiero estaba correlacionado con la conciencia, un rasgo de personalidad marcado por la diligencia, la perseverancia y la autodisciplina».

Al examinar las puntuaciones del coeficiente intelectual, las notas de los exámenes estandarizados y las calificaciones de miles de personas en el Reino Unido, EE.UU. y los Países Bajos, Heckman y sus colegas encontraron que las puntuaciones de los exámenes y las calificaciones eran mucho mejores predictores del éxito financiero que el coeficiente intelectual:

Las calificaciones reflejan no sólo la inteligencia sino también lo que Heckman llama «habilidades no cognitivas», como la perseverancia, los buenos hábitos de estudio y la capacidad de colaborar, en otras palabras, la conciencia. En menor medida, lo mismo ocurre con los resultados de los exámenes. La personalidad cuenta.

A muchos de ustedes probablemente no les sorprendan estos hallazgos. En el sistema educativo actual, aquellos con una inteligencia relativamente modesta tienen la habilidad de lograr sobresalientes simplemente por medio de la persistencia. Y aunque ser «inteligente» ciertamente ayuda en los exámenes estandarizados, los estudiantes pueden cerrar la brecha entre un puntaje bajo y un puntaje alto a través de una preparación cuidadosa y el empleo de estrategias probadas para tomar exámenes.

El impulso para obtener buenas calificaciones y resultados en los exámenes se traduce en personas agradables dentro de un ambiente de trabajo moderno, y en su capacidad para ganar dinero en ese ambiente.

El impulso y el deseo importan

Pero luego está la cuestión del deseo detrás de ese impulso, que ni Heckman ni el artículo de Bloomberg mencionan.

Hace unos diez años, me encontré sentado junto a una atractiva mujer de mediana edad en un avión, y terminamos hablando de nuestras respectivas ocupaciones. Resulta que ella había iniciado algunos negocios de limpieza diferentes y había terminado vendiéndolos por millones de dólares. Ni una sola vez me dio la impresión de tener una pasión particular por ayudar a la gente a limpiar sus casas. Simplemente veía una necesidad en la comunidad en la que vivía, y estaba dispuesta a gastar su tiempo y sus energías creativas en satisfacer esa necesidad para ganarse bien la vida.

Con algunas excepciones, para ser rico, tienes que preocuparte por serlo. Y no todas las personas inteligentes se preocupan por hacerse ricos.

Lo que me llamó la atención es que muchas de las personas inteligentes que conocí en ese momento no estaban necesariamente desprovistas de lo que llamamos «buenas ideas para los negocios». Pero lo que les faltaba era la voluntad de actuar sobre ellos y procurarlos hasta el final.

Y en general, la razón por la que les faltaba esa voluntad no era necesariamente porque carecían de las cualidades que Heckman vincula con los altos ingresos, a saber, «diligencia, perseverancia y autodisciplina». Es sólo que no estaban dispuestos a emprender esas cualidades hacia el objetivo de hacer dinero y llevar a cabo los pasos requeridos para lograr ese objetivo.

Suena estúpidamente obvio, pero en estos tiempos lo obvio a menudo se repite: Con algunas excepciones, para hacerse rico, hay que preocuparse por serlo. Y no a toda la gente inteligente le importa hacerse rica.

 

Daniel Lattier es un exmiembro senior de Intellectual Takeout. Recibió su B.A. en Filosofía y Estudios Católicos de la Universidad de St. Thomas (MN), y su maestría y doctorado en Teología Sistemática de la Universidad de Duquesne en Pittsburgh, Pennsylvania.

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