Castrochavismo en Colombia: ¿Fantasma o realidad?

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El castrochavismo cada vez más ocupa el discurso político en Latinoamérica y en Colombia ha jugado un papel especial.
El castrochavismo cada vez más ocupa el discurso político en Latinoamérica y en Colombia. (Foto: PanAm Post)

El castrochavismo cada vez más ocupa el discurso político en Latinoamérica y en Colombia ha jugado un papel especial, pues esta idea se ha insertado en las discusiones cotidianas como una posible amenaza a la institucionalidad y democracia del país. Y es que, a pesar de ser denunciado, pues sus detractores consideran que tal concepto es un “fantasma” y que aparentemente no existe, sino que es mera coincidencia ideológica o posiblemente una exageración infundada de la derecha. Hasta ahora no hay consenso sobre lo que significa el castrochavismo; ¿una teoría totalitaria? ¿una práctica? ¿una política de Gobierno? ¿una ideología?, en este sentido, la coyuntura política y los países vecinos acentúan el fenómeno que según sus predicadores proviene de un traspaso directo en la interpretación y aplicación de las políticas de Gobierno del régimen comunista de los Castro en Cuba y de la revolución bolivariana socialista de Hugo Chávez en Venezuela.

Pues bien, desde Colombia el expresidente y senador Álvaro Uribe ha liderado una férrea defensa en contra del castrochavismo y su institucionalización en el país. En una entrevista para el diario español La Razón, Uribe vaticinaba el rumbo que iba a tomar el segundo Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, señaló que la reelección de su mandato y la suscripción del acuerdo de paz significaba abrirle las puertas al Castrochavismo.

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“La reelección de Santos sería un paso al castrochavismo, porque él firma a cualquier precio acuerdos con el terrorismo. La impunidad genera más violencia. La negociación de la agenda de país que está llevando a cabo genera desconfianza en la inversión y, por tanto, se dificulta la financiación de lo social. Santos no es querido por la base popular del país, un presidente que vive en la nube de lejana vanidad. Así que todo ese vacío lo puede llenar el castrochavismo y llegar al poder en el 2018. Santos pavimenta el camino del castrochavismo.”

El pasado 2 de octubre se cumplió un año del resultado del Plebiscito en Colombia, sin embargo, los pronósticos hechos por algunos opositores concuerdan con lo que viene sucediendo en el país, una implementación que a toda luz parece imponerse por la fuerza que por el derecho y el respaldo ciudadano. Este panorama ha sido aprovechado por la oposición asegurando que en el país existe un terreno fértil para el castrochavismo: crisis institucional, desempleo, concesiones a la guerrilla, candidatos de extrema izquierda, malas decisiones del Gobierno, crisis económica, entre otros argumentos. Al parecer, el castrochavismo se erige en dos pilares: la crisis del sistema político y su corrupción.

En Venezuela, Hugo Chávez fue elegido en 1998, sus electores vieron en él a un dirigente que portaba un discurso esperanzador abierto a la transformación social, que negaba la expropiación e incluso rechazaba el socialismo como política de Gobierno, afirmando que su estatus ideológico era más cercano al de un socialdemócrata.

Nueve años más tarde, Chávez empezó a hablar de socialismo y emprendió una cruzada anticapitalista con serias reformas económicas, sociales y políticas que desembocaron una especie de radicalismo bolivariano con relación a la censura de canales privados de televisión, eliminación y clausura de la prensa opositora, expropiación de empresas, estatización de diferentes servicios públicos y una doctrina a raíz de una interpretación defectuosa de Simón Bolívar. Con el beneplácito de Gobiernos latinoamericanos que veían en Chávez un liderazgo positivo y una barrera al imperialismo en Latinoamérica se fortalecieron lazos con demás países en el continente, los Castro en Cuba, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Kircher en Argentina y Ortega en Nicaragua. Alianzas que significaron a Venezuela un fuerte impacto económico e institucional con un factor en común perpetrarse en el poder a través de un ropaje democrático.

Los expertos coinciden que el fenómeno del castrochavismo tiene su aparición en la década de los noventa en Venezuela, resultado de la corrupción política que se vivía en ese país, posteriormente, el creciente numero de pobreza y desigualdad ligado a la caída de los precios en petróleo, recurso que ha sido vital en una economía dependiente y finalmente la debilidad de las instituciones de realizar un ejercicio democrático contramayoritario a través del control de constitucionalidad permitieron la irrupción del fenómeno populista.

El temor en Colombia, según algunos analistas, es que este imaginario se debe principalmente a la participación de las FARC en política. Tras haberse reconocido personería jurídica al incipiente partido político de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) se han prendido las alarmas por una posible implementación del castrochavismo en el país. El mismo Uribe ha señalado que para las próximas elecciones presidenciales de 2018 algunos candidatos son “sospechosos chavistas”.

Cabe destacar que Uribe en su señalamiento no especifica quiénes son los candidatos «Chavistas», si bien podría referirse a los precandidatos de la izquierda Gustavo Petro, Piedad Córdoba, Humberto de La Calle, Claudia Lopez, Clara Lopez o Rodrigo Londoño Echeverri, conocido como Timochenko. En ese orden de ideas, el precandidato presidencial de su partido, Rafael Nieto, ha esgrimido argumentos que van en esa misma dirección y que en Colombia actualmente existen tres alternativas:

“1. Escoger un Gobierno chavista, socialista y radical como el de Petro o el de las FARC. 2.Escoger un Gobierno suavecito, tibio y con esa misma tendencia como el de Fajardo. 3. O escoger un Gobierno claramente de oposición que les diga NO a los desmanes de Santos. ¡Escojan!”

Las FARC en la X Conferencia Nacional Guerrillera llevada a cabo en septiembre de 2016 en los llanos del río Yarí ratificaron su lucha revolucionaria por la vía política, así lo señaló el portal La Silla Vacía : “Nos seguiremos orientado por un ideario inspirado en el marxismo, el leninismo y el pensamiento emancipatorio bolivariano”.

Porque esto entraña un modelo económico muy similar al emprendido en los años 50 por Fidel Castro, recibido e implementado por Hugo Chávez y ratificado por Nicolás Maduro; con una hiperinflación galopante, desabastecimiento de víveres, crisis hospitalaria y médica, sin propiedad privada, con expropiaciones de tierras sin justificaciones, ni indemnizaciones. “Con el Acuerdo final no asistimos al fin del conflicto que es inherente al orden social capitalista, sino a la continuidad de la lucha social y de clases, y a la terminación de la expresión armada del conflicto en el caso de las FARC-EP, que con el tránsito a organización política legal proseguirán su brega por las transformaciones estructurales hacia un nuevo orden social de democracia verdadera y justicia social”, agregaron en el documento.

 

Sin duda, el desconocimiento del plebiscito y la firma del acuerdo de paz agitó las masas de la derecha colombiana y ratificó una creencia generalizada de la entrega del país al socialismo, de la mano de políticos de izquierda y ahora de las FARC como ratificación de lucha guerrillera. Aunque se ha denunciado internacionalmente el régimen de Nicolás Maduro, políticos de izquierda y miembros de FARC han desconocido que lo que se vive en ese país sea una dictadura y han avalado en varias ocasiones sus elecciones.

Tras conocer el resultado de las elecciones regionales del pasado 15 de octubre, en las que los candidatos afines al régimen lograron 17 de las 23 gobernaciones, el líder guerrillero, Ivan Márquez‏ sostuvo que se debían reconocer los comicios en el vecino país y aseguró que los que desconocían resultado son unos “malos vecinos” que están en contra del Gobierno de Nicolás Maduro.

Asimismo, los exguerrilleros han convocado en Venezuela la creación de un partido de las FARC con el fin de brindar apoyo y resistencia a Nicolás Maduro en contra de la oposición venezolana: “No hay tiempo que perder en desenmascarar a los principales instigadores fascistas que tratan de dividir a los pueblos”.

Según el texto publicado por el Partido Comunista Colombiano se trata de “Un ejercicio imprescindible en el actual y complejo escenario, creado por el imperialismo, con la abierta y descarada complicidad del fascismo y la ultraderecha que arremeten contra la República Bolivariana de Venezuela”.

Analistas han señalado la existencia de una estrategia de los Castro para imponer gobiernos en América Latina. Primero a través de la lucha armada, y de ahí surgen guerrillas como el Ejercito de Liberación Nacional (ELN), cuando se dieron cuenta de que la lucha armada era un factor imposible por las retaliaciones y resistencia de Gobiernos, ayudaron a Chávez a ganar las elecciones en Venezuela. Esta misma estrategia ha sido también en Nicaragua y Bolivia

Al respecto, Andres Oppenheimer ha señalado en el Nuevo Herald que Venezuela oficialmente se ha convertido en una dictadura y que se les ha prestado poca atención a sus vecinos ideológicos; Nicaragua y Bolivia. Mientras tanto estos países han dejado de ser democracias híbridas a pasar a “Dictaduras emergentes”. Mientras Evo Morales y Daniel Ortega se han erigido en el poder, le han seguido los pasos a Maduro en Venezuela, han conformado tribunales de justicia a su disposición muy parecido a la Alemania nazi, no sin dejar lado la expulsión o enjuiciamiento sin arreglo a las leyes a quienes se declaren opositores.

Según Oppenheimer:

“Muchos políticos de la oposición boliviana han sido expulsados o forzados al exilio, y según un decreto de 2013, Morales tiene amplios poderes para intervenir grupos independientes de la sociedad civil. Sin embargo, como en Nicaragua, pocos fuera del país están prestando atención”.

La transformación que ha tenido las FARC ahora como movimiento político agudiza la crisis de la democracia colombiana aun sin haberse sometido al rasero de la justicia, se logró un acuerdo de paz desconociendo un mandato popular -a su vez Evo Morales desconoció en Bolivia el plebiscito que rechazaba la posibilidad de su reelección indefinida-, que de acuerdo con las víctimas, estas han dejado de ser el eje central y se ha premiado a los lideres de las FARC sin observancia de los rezagos de su disidencia y del boom de la cocaína tras la firma del acuerdo.

El martilleo de Uribe parece indicar que hay vestigios de una práctica política que se puede identificar con cierto talante ideológico que al parecer carece de un determinado cuerpo teórico o de una interpretación defectuosa o contextualista que se ha empeñado en transformar a países en gobiernos populistas prometiendo el cambio, mientras esto pasa, los errores de la administración del presidente Santos han abonado el terreno en el país y se ha sembrado el pánico de una ‘venezonalización’ de Colombia.

Opiniones

El PanAm Post habló con el economista español, Juan Ramon Rallo, que según el sí existe el fenómeno del castrochavismo. “Sí, claro, es un tipo de socialismo parasitario que se sostiene manteniendo a la población al borde de la subsistencia merced a las transferencias clientelares del Estado.”

Por su parte, Juan Pablo Sterling, abogado y filósofo, opina que el fenómeno del castrochavismo es una interpretación de la coyuntura política y social.

«El Castrochavismo» existe como resultado de una interpretación de las percepciones de un individuo. La asociación de ideas (al estilo Humenao) da como resultado que al existir, por un lado una realidad comprobable y marcada por fenómenos económicos, políticos e ideológicos (desabastecimiento, supremacía presidencial, nacionalismo, etc.) , y por otro unos líderes, también identificables por su ideología y personalidad, dan como resultado la creación de un concepto que en el lenguaje se transforma en el término «castrochavismo».

Por otro lado, el libertario Skyller J. Collins y especialista en criptomonedas, manifestó que en países como Estados Unidos se desconoce el concepto de castrochavismo, sin embargo, sí son clara las políticas socialistas/comunistas de Chavez y Castro que tanto ha denunciado el presidente norteamericano Donald Trump.

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