Mantener reducción de la pobreza, reto del nuevo Gobierno de Colombia

El economista Luis Guillermo Vélez Álvarez habló con el PanAm Post y dijo que creía en las estadísticas del DANE, que, a pesar, de la fuerte carga fiscal y el derroche del Gobierno, esa es una buena noticia.

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En 18 de 23 ciudades la pobreza monetaria y la pobreza extrema cayeron en el último año. (Flicrk)

En la lucha contra la pobreza, Colombia ha tenido desde inicios de la década anterior un importante avance: de acuerdo con el reciente informe de pobreza del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el nivel de pobreza monetaría pasó del 49,7 % en 2002 al 26,9 % en 2017. En las regiones, la pobreza cayó del 45,5 % al 24,2 % de la población, mientras que en las zonas rurales pasó del 61,7 % al 36,0 %.

Según el informe, el mejor desempeño fue el de la zonaMantener reducción de la pobreza, reto del nuevo Gobierno de Colombia.

La reducción en pobreza en 2017 estuvo acompañada de una mejora en la distribución del ingreso medida por el Coeficiente de Gini, este pasó del 0,517 (en 2016) al 0,508.

¿Cómo mantener esta cifra o reducirla?

El economista Luis Guillermo Vélez Álvarez conversó con el PanAm Post y dijo que creía en las estadísticas del DANE. Además, afirmó que la reducción de la pobreza es una buena noticia, que se produce a pesar de la fuerte carga fiscal y el derroche del Gobierno.

Vélez afirmó que para muchas personas la diferencia entre ser o no pobre radica en tener o no un trabajo independiente o asalariado. “Las transferencias y subsidios algo ayudan, pero no son lo fundamental”, indicó.

Precisó que el Gobierno entrante debe buscar mantener las condiciones macroeconómicas y fiscales que alientan la inversión. “Con una inversión cercana al 30 % del PIB la economía crece al 5 % anual, el desempleo cae al 7 % y la pobreza se reduce mucho más”.

Sin embargo, el experto advirtió que la situación macroeconómica y fiscal se deterioraron por la incapacidad del Gobierno de generar un ahorro en los años de bonanza. “Si el crecimiento se mantiene en niveles de 2 %, el desempleo empezará a aumentar y habrá un retroceso en materia de pobreza monetaria”.

Sostuvo, además, que la reducción de la pobreza puede estar asociada con el aumento de la desigualdad, como en China e India; y el incremento de la pobreza puede venir vinculado con una reducción en la desigualdad, como sucede en Venezuela.

“Los políticos son muy sensibles al tema de la desigualdad, pero cuando las economías empiezan a crecer fuerte, la pobreza se reduce y aumenta la desigualdad. Después de un período más o menos largo, el crecimiento lleva a menor desigualdad, haciendo referencia a la Curva de Kuznets”.

El informe señala también que las diferencias no solo están entre los sectores urbanos y rurales; entre ciudades también se presentan grandes desequilibrios. Esto significa que en las ciudades con los mayores niveles de pobreza, la extrema es superior, incluso, a la pobreza total de las urbes con indicadores más favorables.

Es claro que, a pesar de los avances, se tienen grandes retos en materia de pobreza y desigualdad. Ello demanda del nuevo Gobierno la priorización de las políticas y las acciones en estos campos.

Pobreza multidimensional

Entre 2016 y 2017, en el total nacional, 255.000 personas salieron de la pobreza multidimensional. Según el economista Roberto Angulo, el Gobierno colombiano lanzó, en septiembre de 2011, sus nuevas metodologías de medición de la pobreza monetaria y multidimensional.

Bajo la asesoría de la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI), el índice de pobreza multidimensional de Colombia (IPM-C) fue introducido como una innovación para complementar la medición de pobreza monetaria. El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) identifica múltiples carencias a nivel de los hogares y las personas en los ámbitos de la salud, la educación y el nivel de vida.

En 2017, para el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue del 17,0 % y la incidencia de pobreza multidimensional se redujo 0,8 puntos porcentuales respecto al 2016, cuando fue del 17,8 %. En las regiones el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional, en 2017, fue de 11,4 % y se redujo en 0,7 puntos porcentuales respecto a 2016, cuando fue del 12,1 %. En 2017, en los centros poblados y zonas rurales dispersas, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue del 36,6 %, menor en 1,0 punto porcentual respecto al registrado en 2016, cuando fue del 37,6 %.

Pobreza monetaria

La línea de pobreza, según el DANE, es el valor monetario de una canasta de bienes y servicios que cumple las necesidades básicas de una persona. Esto significa que una persona puede considerarse pobre monetariamente si su ingreso mensual per cápita está por debajo del valor de dicha línea.

En 2017 la pobreza monetaria fue del 26,9 % y la pobreza extrema fue del 7,4 % en el total nacional.

El índice de pobreza monetaria mide el porcentaje de la población con un ingreso per cápita menor a la línea de pobreza, que para el año 2017 se ubicó en USD $88,99 ($250.620 COP). En otras palabras, según los datos oficiales, los ingresos del 26,9 % de la población colombiana no le permiten adquirir la canasta básica de bienes alimentarios y no alimentarios para satisfacer sus necesidades primordiales.

Pobreza extrema

La pobreza extrema es entendida, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), como la situación en la que no se dispone de los recursos que permitan satisfacer al menos las necesidades básicas de alimentación.

El año pasado, los niveles más bajos de pobreza extrema los tuvieron Pereira y Bucaramanga con 0,8 % y 1,4 %, respectivamente. Los más altos fueron los de Quibdó y Riohacha con 17,7 % y 15,1 %.

En 2017 el porcentaje de personas en situación de pobreza extrema, en el total nacional, fue del 7,4 %. En las regiones fue del 5,0 % y en los centros poblados y rural disperso, 15,4 %. En 2016 la incidencia de la pobreza extrema en los centros poblados y rural disperso representaba 3,2 veces la incidencia en las regiones (18,1 % frente a 5,6 %); en 2017 esta relación disminuyó en 3,1 veces (15,4 % frente a 5,0 %).

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