¿Se debe rescatar Unasur? No parece…

El expresidente de Colombia y exsecretario general de la Unasur, Ernesto Samper calificó como de “error histórico” permitir que el organismo regional desaparezca. Pero internacionalistas señalan que uno de sus pocos logros, quizás el único, fue permitir la consolidación de la dictadura chavista en Venezuela.

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Para el exmandatario, la desaparición del organismo debilitaría a los países que lo conforman. (Archivo)

Ernesto Samper, expresidente de Colombia y exsecretario general de la Unasur, calificó como un “error histórico” permitir que el organismo regional desaparezca, porque esto “debilitaría a los países que lo conforman”.

Según el político colombiano se hace necesario que la organización siga en pie, ya que “(…) falta hace plantar cara a las amenazas que acechan a la región y al mundo desde que el disparatado Donald Trump preside los EEUU”.

En un video publicado en su cuenta de Twitter, Samper expresa la preocupación de los países que hacen parte del organismo que, desde la terminación de su mandato hace ya un año, no logran ponerse de acuerdo sobre quién debe ser su sucesor.

“Creo que llevar más allá esta posición sería un verdadero suicidio histórico. La región vive uno momentos de muchas dificultades que se deben responder con más integración y no con desintegración”, dijo.

Al mismo tiempo, explicó que enfrentar en este momento las amenazas de Trump disolviendo el organismo es como “tirarse por la borda de un barco en momentos en que comienza la tormenta”.

En este sentido, Samper increpó al candidato presidencial Iván Duque, ya que las propuestas internacionales del político del Centro Democrático parecen inspiradas por “Trump y Ordóñez”, dijo.

“Abrir embajada de Colombia en mitad de la guerra palestina, disolver Unasur para regresar a OEA, romper relación con Venezuela”, dijo.

Duque ha manifestado en distintas ocasiones que gracias a Unasur se pudo consolidar una dictadura en Venezuela.

¿Hay que rescatar a Unasur?

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) conformada por Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, pasa por un momento de crisis interna. Esta organización, que pretendía ser un intento de integración en América Latina, no pasa por su mejor momento.

Tras una década de existencia se asoman sombras de una posible liquidación, luego de que seis de estos países anunciaran que no participarán por tiempo indefinido luego de que el canciller de Bolivia, Fernando Huanacuni, asumiera la Presidencia pro témpore. 

El internacionalista Javier Garay le dijo a PanAm Post que es falso que Unasur mantenga el espacio de integración y de encuentro de todos los países suramericanos.

“Las trabas comerciales, de inversión y demás se mantienen de manera general o solo han cedido entre algunos países, como resultado de procesos paralelos de acuerdos comerciales. Sobre lo segundo, no es necesario contar con una organización regional (más muchas otras) para tener esos espacios de encuentro”, indicó.

De igual manera, sostuvo que Unasur sirvió como apoyo internacional a la consolidación y consecuente endurecimiento de la dictadura venezolana.

“Culpan a los nuevos gobiernos, opuestos al Socialismo del Siglo XXI, por la actual crisis de la Unasur. Puede ser cierto. Pero eso no demuestra sino su debilidad: si hubiera sido útil en algún sentido, importante por alguna razón real, la existencia de esta organización no tendría por qué tener móviles ideológicos”.

En comparación, Garay señaló que organizaciones que lograron adelantar procesos de integración comercial como Mercosur y la CAN se mantuvieron por años sin importar las ideologías de sus gobernantes, porque los resultados y beneficios fueron visibles.

Además, a su juicio, los defensores de la organización no reconocen que el problema es la organización misma.

“Su origen fue claramente ideológico, impulsado por el entusiasmo de los gobiernos de izquierda en Brasil, bajo Lula da Silva, y en Venezuela, bajo Hugo Chávez. Como suele suceder, no se creó porque fuera necesaria ni para impulsar una agenda positiva, sino para mostrar supuestos logros en la política exterior de esos gobiernos que querían convertirse en referentes anti-estadounidenses. Era un trofeo para esos gobiernos, ni más ni menos”, destacó.

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