Paro, deuda, déficit: ¿hacia donde va la economía española?

Los datos de abril vuelven a dejar un nuevo rastro de parados en la economía española

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Las previsiones del Banco de España hablaban de un desempleo que podría rebasar el umbral del 20 %. (Efe)

Tras una EPA repleta de incógnitas, así como unos datos de marzo bastante malos en materia de empleo, el mes de abril se vuelve a cebar con la economía española. Aunque cabía esperar un fuerte incremento de la tasa de desempleo, no por ello dejan de ser sorprendentes los datos que muestra el SEPE sobre la evolución de parados, especialmente en un mes como el que analizamos, donde podríamos añadir el hecho de que estamos hablando de uno de los meses con los que más se ha cebado el coronavirus (COVID-19). Como digo, un mes que, atendiendo a la propia cronología del virus, muestra su mayor esplendor en el cuarto mes del año.

La semana pasada, analizando los datos de la EPA, sacamos a relucir muchos aspectos interesantes a destacar, importantes al menos para tenerlos en cuenta a la hora de analizar los datos. Empezando por la metodología de cálculo y acabando por los meses que se recogían, la EPA muestra muchas peculiaridades que siguen sin reflejar una realidad pasmosa para nuestra economía y, peor aún, para nuestros gobernantes. Una realidad que, de cumplirse y como ya ha estimado el Banco de España, podría situar la tasa de desempleo en un nivel superior al 20 %. Una situación que, tal y como se encuentra la economía española, nos dejaría bastante tocados.

No es de extrañar que a un economista le pueda preocupar que un país muestre un escenario en el que la quinta parte (1/5) de la población se encuentre en situación de desempleo. Especialmente cuando se trata de un país que muestra serias dificultades a la hora de crear empleo, incluso cuando este crece. Hablamos de una situación en la que si cogemos la serie histórica y la analizamos, podemos observar una tasa media de paro del 17 %. Una tasa de paro más que estructural, la cual hemos sido capaces de reducir, al menos a niveles inferiores al 13 %. En este sentido, teniendo en cuenta el paro juvenil —la tasa más elevada de la Unión Europea—, estamos hablando de una situación en la que debería primar tal escenario.

De acuerdo con los datos que nos deja el mes de abril, la cifra de parados asciende en 282 891 personas. En este sentido, teniendo en cuenta el cómputo de marzo, donde registramos un incremento de 302 000 personas, así como todo el empleo que se ha ido destruyendo por los efectos derivados de la pandemia, estamos hablando de una destrucción de empleo que ascendería a los 950 000 empleos. Es decir, estaríamos hablando de que el COVID-19, con todos los efectos que este ha tenido en la economía, llevaría destruidos cerca de 950 000 empleos. Como podemos observar, una situación que, pese a no ser la definitiva, comienza a suscitar una preocupación ante la realidad que muestran los datos.

Al iniciar el artículo hablaba sobre la situación, teniendo en cuenta que el mes de abril es el mes en el que más se han manifestado los efectos de la pandemia, así como las medidas de distanciamiento social que ha ido aplicando el Gobierno; muy de destacar también el decreto del 29 de marzo, el cual se prolonga hasta los primeros días de abril, paralizando en seco la economía. En este sentido, teniendo en cuenta la particularidad de este mes y contando con la estacionalidad, estamos hablando de que esta destrucción de empleo, junto a las producidas en 2008 y 2009, son las primeras destrucciones de empleo de la serie histórica en un mes como el mes de abril. En este sentido, la estacionalidad es un fenómeno que en el mes de abril suele manifestarse, dados los picos de demanda en sectores que, como el turístico, comienzan a mostrar grandes signos de actividad económica durante el mes de abril.

En este sentido, muchos datos y escenarios que, aunque los queramos tener en cuenta como simples datos anecdóticos, dejan registros que, como el de parados, marcan récords históricos sin precedentes. En este sentido, el récord batido este mes, con los 282 891 nuevos parados, es el de “mayor repunte en un mes de abril desde la serie histórica”. Así, con los datos que mostraba el SEPE en marzo, junto a los de la EPA del primer trimestre, estamos en una clara tendencia que, de seguir así y con el mismo plan que mantiene el Gobierno, incluso las peores previsiones del Banco de España podrían quedarse cortas. Pues no solo estamos hablando de un récord histórico, sino que, en contraste con sus precedentes, la diferencia resultante de la destrucción de empleo en abril de 2009 (40 000 personas) y abril de 2020 (282 891 personas) se sitúa en más de 240 000 personas de diferencia; lo cual muestra la magnitud de lo que estamos contando.

Por sectores, los datos relativos que muestran los tres principales sectores de nuestra economía (servicios, construcción e industria) muestran una repercusión similar, lo cual no deja ningún componente anecdótico como para resaltar; es decir, hablamos de un impacto bastante repartido, a diferencia de lo ocurrido otros meses. Sin embargo, si cabe destacar la concentración de la destrucción de empleo en trabajos de baja cualificación y jóvenes. En este sentido, teniendo en cuenta la mayor dificultad que presentan los trabajadores de baja cualificación para reincorporarse al mercado laboral, así como la elevada tasa de desempleo juvenil que presenta el país, esta polarización de la destrucción de empleo deja un escenario futuro peligroso.

En conclusión, la situación que presenta España muestra un duro escenario al que tendremos que hacer frente con grandes reformas estructurales que, hasta el momento se han podido evitar, pero que, ante el escenario futuro, con niveles de deuda, déficit y desempleo nunca vistos, no podrán postergarse a escenarios futuros para salvar la legislatura. En este sentido, España se está metiendo en un callejón sin salida, del cual, para salir, los gestores deberán dar la cara, afrontar la situación y devolver la economía a niveles óptimos, pues incluso el proyecto europeo, en un escenario con tantos desequilibrios y tantas asimetrías internas, corre peligro —incluso afirmado por el economista, premio Nobel, Joseph Stiglitz—.

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