¿Qué supone la derrota de Calviño en el Eurogrupo?

La victoria del irlandés Paschal Donohoe obliga al Gobierno de España a virar en su hoja de ruta.

La vicepresidenta 3ª del Gobierno español, Nadia Calviño (Flickr)

Tras la derrota de Calviño en la disputa por la presidencia del Eurogrupo, el Gobierno de España va a ver modificada su hoja de ruta para los próximos avances que este deba dar en la negociación presupuestaria con el bloque comunitario. Pues, aunque la presidencia del Eurogrupo pueda parecer una figura más bien simbólica en lo que a la aplicación de políticas se refiera, la victoria del irlandés Paschal Donohoe supone un baño de agua fría para un Gobierno que, como el de España, impulsaba un mensaje muy polémico y en el que se basaba la candidatura de Calviño. Un mensaje que pretendía dotar de flexibilidad en el pago de la deuda, así como del déficit, a aquellos países más endeudados, pero que, para Donohoe, así como para sus votantes, y tras su victoria en el Eurogrupo, no resulta convincente.

En este sentido, como decíamos, la derrota de Calviño ha sido un duro palo para un Gobierno que creía contar con los votos necesarios para liderar el grupo de negociación. En este sentido, el apoyo de aquellos países “outliers” que, como Francia, Italia o Grecia, reforzaban la candidatura de Calviño para la presidencia ha sido insuficiente para hacerse con dicho cargo. Una situación inesperada para un Gobierno que, como decíamos, contaba ya con la victoria de la vicepresidenta de asuntos económicos; y es que, tanto confiaba el Gobierno en su victoria que, incluso, la candidatura de González Laya a la presidencia de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en aras de favorecer a Calviño, fue retirada para que la posible victoria de la ministra de exteriores no pudiese afectar de ninguna forma la ansiada victoria de Calviño.

Pero no solo ha sido un jarro de agua fría para el presidente del Gobierno, sino que también lo ha sido para el vicepresidente Pablo Iglesias; un vicepresidente que ya sufrió varios encontronazos con la que, hasta ahora, ha mostrado la cara más ortodoxa en lo que a la economía y la política económica se refiera. En este sentido, las disputas entre Pablo Iglesias y Nadia Calviño pretendían resolverse con la salida de esta del Gobierno para ir a Bruselas a presidir el Eurogrupo. Ahora bien, tras la derrota, la presencia de Nadia Calviño en el poder incapacita a un vicepresidente que, entre sus intenciones, pretendía aplicar determinadas reformas que, incluso a ojos de Calviño y ya no de Europa, eran inadmisibles.

Así, tanto para los líderes socialistas en el poder, como para los de Podemos, la derrota de Calviño conlleva una serie de consecuencias que no gustan para nada en sede parlamentaria. Consecuencias que, por el lado del presidente del Gobierno, implican el tener que cambiar el mensaje, así como someterse a las exigencias del líder popular en el Eurogrupo, para lograr el preciso rescate que tanto ansía España y que Europa, en base a una serie de condiciones, proveerá para paliar los efectos de una crisis sin precedentes.

Asimismo, para Iglesias, las consecuencias son más que claras, y estas son que dicho vicepresidente seguirá contando con un dique de contención en el Gobierno, el cual paralice las tan deseadas así como desastrosas políticas que, en campaña electoral, este prometió.

Por tanto, estamos ante una situación bastante compleja. El Gobierno, hasta ahora, contaba con una hoja de ruta bajo la que creía tenerlo todo controlado. Con Nadia Calviño al frente del Eurogrupo, esas exigencias, así como requisitos, de rebajar los niveles de deuda y déficit como primera condición para lograr el rescate no habrían jugado un papel tan fundamental. Además, la negociación para el rescate, en aras de favorecer a aquellos países más endeudados, hubiese sido una negociación mucho más fácil para un presidente del Gobierno que, ahora, debe enfrentar sus intereses políticos con los intereses económicos que presenta el país, así como el bloque comunitario y los países que lo integran.

En este sentido, hablamos de un escenario en el que, con motivo de una mayor integración económica, las intenciones de relajar la condicionalidad del rescate, con la victoria del candidato irlandés, quedan desestimadas. Así, el rescate que precisa España en estos momentos, en un contexto en el que el déficit público que presenta la economía española resulta intolerable para los miembros del bloque comunitario, no debería sufrir ninguna modificación en cuanto a la forma, pero sí estaríamos hablando de modificaciones en cuanto al modo, pues, si atendemos a lo que ha sucedido en Europa, estamos hablando de un consenso de países que han dado la victoria al mismo candidato que exigirá a España el cumplimiento de los pactos de estabilidad presupuestaria, así como de la disciplina presupuestaria que tanto está exigiendo Europa a España para sus cuentas públicas.

Por tanto, en conclusión, hablamos de un escenario que ha salpicado a los dos principales mandatarios en el poder. Por el lado de Pablo Iglesias, la derrota de Calviño supone, como decíamos, volver a tenerla enfrente, controlando los excesos de un socio de Gobierno que pretendía seguir ensanchando el gasto público y aportar rigidez al mercado laboral; mientras que, por el lado de Pedro Sánchez, la derrota de Calviño supone esa pérdida de esa posición estratégica que tanto buscaba el presidente Sánchez para beneficiarse, así como hacer calar su mensaje, de unas condiciones más ventajosas, así como unas menores exigencias y condiciones, para la llegada del rescate que precisa el país.

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