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Cómo arreglar los problemas eléctricos de Puerto Rico

Por: Frank Worley-Lopez - Mar 31, 2014, 9:35 am

EnglishEl presidente del Senado de Puerto Rico, Eduardo Bhatia aboga por una reforma del sistema eléctrico de Puerto Rico. Bhatia apoya la privatización, al menos parcial, del servicio eléctrico, que ha estado plagado de apagones, altos costos y miles de millones en deuda durante años. Aunque aplaudo los esfuerzos del Senador Bhatia, creo que puede haber otra manera para mejorar las cosas en la isla.

En un artículo anterior en el PanAm Post, defendí la energía nuclear y, aunque aún apoyo el uso de la energía nuclear en la isla, hay otra forma muy directa de mejorar el servicio: hacer pagar a los empleados cuando no hagan las cosas bien.

Propongo abordar el tema con el palo y la zanahoria. Por cada mes que la compañía eléctrica mantenga la luz encendida para toda la isla, cada empleado, desde el director ejecutivo hasta el más humilde celador, consigue una bonificación. Por cada día sin luz, pierden dinero en su siguiente sueldo. Supongo que los sindicatos odiarán esta idea, pero introduce un concepto de libre mercado — responsabilidad — en una institución pública sindicalizada.

Si el propietario de un pequeño comercio no sirve a sus clientes durante un día, no consigue dinero. Punto. Le daña directamente. Por el otro lado, cuando hace un buen trabajo, queda recompensados por las ventas de más.

Las agencias gubernamentales pueden no cobrarte el día que te dejen sin luz, pero no hay consecuencia para el empleado medio que hace funcionar las cosas (o no). Con la deuda de la isla estimada en US$70,000 millones, ¿qué significan unos pocos dólares en unas pocas casas para el empleado de la eléctrica que trabaja en los postes?

Nada.

Pero cuando el empleado se da cuenta de que su salario mengua cada vez que se va la luz, de repente siente una gran urgencia por volver a encenderla rápidamente. Ni siquiera hace falta que sea un gran recorte. Cinco dólares por cada hora sin electricidad sería suficiente para motivar a los empleados a cambiar. La bonificación podría ser tan poco como 100$ por empleado al mes. Aunque la idea podría ser localizada, aplicándose solo a los empleados en un lugar concreto de la isla, preferiría que fuera a nivel de toda la isla, para que los empleados se animaran entre ellos a mantener el servicio en funcionamiento y no ser tan laxos en su respuesta.

El mal gobierno consiste en premiar el mal comportamiento — ignorando la responsabilidad personal y la libertad de elección — mientras se castiga el buen comportamiento y la independencia. Por ejemplo (por experiencia propia), si una agencia gubernamental encuentra un año la forma de ahorrar dinero en un proyecto, esa cantidad de dinero queda para el presupuesto del año siguiente, cuando pueda ser otra vez necesario. Así que los gestores muchas veces buscan cantidades más altas cada año para prevenir recortes, y encuentran formas de gastar el dinero, aunque no sea necesario.

En el campo de los servicios públicos, si la luz se va durante el fin de semana, los trabajadores del servicio cobran horas extras por hacer acto de presencia. Siempre he tenido la ligera sospecha de que es por esto que siempre suele haber más cortes de luz y agua durante los fines de semana en Puerto Rico que en cualquier otro momento. Esta propuesta debería incluir un máximo para las horas extra también, impidiendo el pago por horas extra de cualquier corte que durara más de 24 horas o más de 100 horas en un mes a no ser que hubiera un desastre natural o situación similar.

Los sindicatos no trabajan para el pueblo. Son un grupo especial, motivado por interés propio. Su función es mantener trabajos y beneficios, y doblegar al poder político. Los sindicatos del sector privado al menos oyen algo sobre los conceptos de pérdidas y ganancias, aunque no siempre escuchen, como en el caso del sindicato de panaderos de Wonder Bread and Twinkies.

Sin embargo, los sindicatos del sector público están completamente desligados del concepto de pérdidas y beneficios, y de servicio al cliente. El cliente de los sindicatos es el empleado y, de forma extraña, los empleados públicos sindicados parecen considerarse a sí mismos también como sus clientes, ya que sus propias preocupaciones a menudo pesan con más fuerza que las necesidades del público.

Las preocupaciones del propietario de un negocio pequeño (y los beneficios) están directamente conectados con lo exitosamente que traten a sus clientes. Es así de simple. Aplicando este simple concepto — haciendo rentable para los empleados públicos mantener la luz encendida y doloroso quedarse parados y dejar que el servicio de electricidad o agua caigan — ocurriría un cambio de paradigma en la cultura laboral del sector público y mejoraría enormemente el servicio y los tiempos de respuesta.

Traducido por Víctor Marín Vayá.