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La crisis no es del petróleo sino de los Gobiernos

Por: Guillermo Luis Covernton - Ene 6, 2015, 1:20 pm

La evolución de los precios del petróleo se ha convertido, en los últimos meses, en un tema que atrae la atención permanente de los medios de prensa. Es que, en promedio, el precio actual del crudo es levemente algo más de la mitad de lo que cotizaba hacen apenas meses.

Varias veces por semana encontramos artículos en los que se analizan sus causas y consecuencias y también, desde luego, las opiniones de expertos de todo tipo.

Lo interesante del caso es ver como las doctrinas económicas equivocadas de los últimos 80 o 100 años se han enraizado de tal modo en la opinión pública, que casi cualquier hipótesis puede ser dada por aceptable y casi cualquier interpretación puede generar dudas.

A diferencia de la crisis de la década de 1970, los precios del petróleo no caen por decisión de la OPEC.
A diferencia de la crisis de la década de 1970, los precios del petróleo no caen por decisión de la OPEC. (Flickr)

En un reciente artículo de Moisés Naím, publicado en El País, de España, el autor hacía algunas reflexiones acertadas, otras sencillamente opiniones y otras hipótesis que, probablemente, con el paso de los meses, se revelarán como muy aventuradas y sin fundamento.

Allí afirma, acertadamente, que la crisis del petróleo de la década de 1970 provocó cambios geopolíticos muy importantes, y que esta situación de precios actuales podría ser igualmente influyente.

Como economistas profesionales tenemos la obligación de esclarecer a la opinión pública. Y de diferenciar lo diferente.

Lo primero que hay que diferenciar es que la subida del precio del petróleo durante la década de 1970 se debió a una reducción programada de la producción, con motivos especulativos, llevada adelante por un “cartel” de exportadores. Los llamados “países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)” pretendieron hacer abuso de su posición dominante en un mercado, actuando coordinadamente en detrimento de los consumidores.

En cambio, la actual caída del precio del mismo commodity, parece deberse sencillamente a la maduración de una gran cantidad de proyectos de inversión, en general privados, y a la aplicación de nuevas tecnologías de producción, que abaratan los costos de explotación.

Parece haber un acuerdo importante en que las tecnologías que permiten explotar hidrocarburos alojados en rocas de esquisto, es decir, lo que se conoce como “shale gas” o también “shale oil”, han logrado poner en producción grandes yacimientos que anteriormente, al no ser extraíbles, o solo a costos muy altos, hacían imposible su explotación económica; estaban preservados como reserva estratégica, para casos extremos, como conflictos bélicos.

¿Quiénes son los beneficiados?

¿Es correcto afirmar que algunos países saldrían beneficiados y otros perjudicados y que, por ejemplo, los grandes consumidores y los productores más pequeños obtendrían beneficios, mientras que los grandes productores, exportadores, serían perjudicados porque su consumo es marginal respecto a su volumen de producción? ¿O si, contrariamente, se puede afirmar que los beneficios serán para “todos”?

Hay una tentación muy grande en afirmar que puede haber aquí una verdadera confabulación de ciertas naciones desarrolladas y de economías más maduras (EE.UU., Gran Bretaña, Holanda, Noruega) para dominar a países como Venezuela, Irán, Rusia o los países árabes.

Si algunos salieran ganando y otros salieran perdiendo, podríamos decir que el fenómeno es neutral y va a ser valorado o condenado, de acuerdo a la posición particular de cada uno. Si esto trajera progreso y bienestar para todos, podríamos decir que es una conquista del progreso humano.

La más elemental teoría económica nos dice que el fenómeno es definitivamente beneficioso para “todo” el mundo. Y cuando digo “todo” el mundo me refiero para cualquier ciudadano del mundo que apele a la resolución de sus problemas desde la racionalidad económica y el respeto por sus semejantes. Es decir, “para todas las personas de buena voluntad”.

La posibilidad de disponer ahora de mayores cantidades de petróleo, que antes eran inaccesibles, a costos menores que sus precios de venta, es el producto del avance tecnológico. Una forma de capital que se llama conocimiento científico o técnico nos pone entre manos algo que antes no existía. Eso es tan positivo como el aumento de los rendimientos de la agricultura, por el mejor dominio de prácticas agronómicas, o por la adecuación de cada especie o variedad a cada ecosistema.

Definitivamente, somos todos más ricos: Ahora sabemos hacer cosas que antes no conocíamos. Necesitaremos menos medios monetarios o enajenar menos cantidades de otros bienes, para conseguir la misma cantidad de energía que demandábamos antes.

¿No habrá ganadores y perdedores? La sana economía nos debe enseñar que el principal problema del ser humano es la asignación de los recursos. No la escasez de los recursos, como tantas veces, equivocadamente, han afirmado algunos que pasan por expertos.

Para el economista, la escasez no es el problema. En todo caso, un ingeniero que consiga obtener el mismo compuesto químico a partir de extraerlo de algún recurso sobre abundante y a bajo costo, hace mucho más que un economista por disminuir la escasez. Y si por alguna cuestión o descubrimiento, el petróleo se pudiera obtener, por hallazgos o por síntesis química, en cantidades mayores que las requeridas, podría pasar  a ser un “bien libre”, eventualmente, y conseguirse gratuitamente, como el agua potable en algunas regiones.

Para el economista, el problema es la asignación. Es como determinar cuánto de ciertos insumos debemos afectar a qué tipo de producciones. Qué dosis de capital conviene aplicar a cada sistema de producción. Qué sistemas de producción alternativos elegir, entre los más capital intensivos y de más alta productividad, o los menos productivos, pero que afectan menos recursos a invertir, muchas veces escasos.

¿Los perdedores?

La caída del precio del petróleo, sin dudas generará que ciertas inversiones sean reasignadas. ¡Esa es la magia del capitalismo liberal! Donde los empresarios ganan o pierden en tanto y en cuanto acierten en sus asignaciones de factores o se equivoquen.

Como podemos ver, y si persistimos en tratar de determinar si los ganadores generarán perdedores o si todos ganaremos, es clave entender que la economía de mercado, con libre comercio y respeto por la propiedad y los contratos, no es un juego de suma cero. Se descubren sistemas y alternativas productivas, que luego son adoptadas e imitadas, o en el peor de los casos, nos obligan a migrar a otras actividades y a asignar de forma diferente nuestros recursos.

Es decir: Para todas aquellas personas que pretendan vivir en sistemas republicanos, con respeto por la propiedad privada y democracia, con respeto por el disenso, las minorías y los derechos individuales inherentes a la persona humana, estas son todas buenas noticias.

El progreso tecnológico, el desarrollo de los sistemas avanzados de producción de alta tecnología, agrandan las brechas institucionales: los países que tienen una gran riqueza institucional, acaparan inversiones y tecnología. Pero, en cambio, los países cuya miseria y paupérrimo desarrollo institucional los hace inelegibles para la aplicación de estas tecnologías, tienen dos posibilidades: o cambian, o verán alejarse sus oportunidades de progreso.

La evolución del mercado del petróleo es una buena noticia para todas las personas de buena voluntad. Que por esa misma evolución, están siendo más ricas día a día. Aunque, en el camino, algunos tengan que redefinir sus planes de negocio, enhorabuena. Para mejorar la asignación de los siempre escasos bienes económicos.

Editado por Adam Dubove.