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Licencia para matar en la “zona libre de Constitución”

Por: Guillermo Jimenez - @tracesofreality - Oct 29, 2013, 10:52 am

EnglishLa semana pasada, en mi ciudad Laredo, Texas — la cual se encuentra en la frontera entre México y Estados Unidos — agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos (US Border Patrol) dispararon y casi asesinan a un chico de 20 años, nacional de México, en otro caso de dudoso uso de la fuerza policial.

Como informó el periódico Laredo Morning Times en su artículo “Patrulla Fronteriza e inmigrantes indocumentados involucrados en un tiroteo“, un agente de esa fuerza disparó contra dos inmigrantes ilegales. Uno fue herido de gravedad, luego de que presuntamente “atacó” al agente. (Este artículo es también evidencia del cuestionable uso de confusos titulares por parte del Hearst daily.)

El agente en cuestión no recibió ningún tipo de asistencia por ninguna herida, y a ninguna de las víctimas les encontraron armas. Uno puede deducir que estos dos inmigrantes ilegales estaban tan “involucrados en un tiroteo” como las víctimas de una invasión a la propiedad pueden verse “involucradas en un robo”.

El uso de la fuerza por parte de la Patrulla Fronteriza en este caso, debería ser analizado dentro del contexto de una política admitida y completamente desvergonzada de gatillo fácil. En los años anteriores, ha habido una cantidad considerable de casos documentados en los cuales los agentes han disparado contra individuos desarmados, o hasta de forma indiscriminada contra grupos de personas —e incluso cuando el objetivo aún no había cruzado la frontera.

Curiosamente, muchos de estos casos involucraron agentes argumentando el uso de la fuerza luego de ser atacados, y sentir sus vidas indudablemente amenazadas, por jóvenes lanzando piedras.

En el 2010, Sergio Adrián Hernández Guereca, de 15 años de edad, fue asesinado por un agente de la Patrulla Fronteriza en Ciudad Juárez, México. En este caso, el agente alegó defensa propia frente el ataque del chico, quien le estaba “lanzando piedras”.

Jose Antonio Elena Rodriguez
Taide Elena, la abuela de José Antonio Elena Rodríguez, sostiene una foto de José Antonio frente a las puertas de la frontera con Estados Unidos en Nogales, Sonora. | Josh Morgan

En octubre de 2012, los agentes de la Patrulla Fronteriza asesinaron en condiciones similares a un chico de 16 años, José Antonio Elena Rodríguez. ¿Su crimen merecía una sentencia de muerte? Supuestamente, había arrojado piedras desde Nogales, Sonora, México, contra los agentes que se encontraban situados del otro lado de la frontera, en Nogales, Arizona.

Más tarde en el mismo año, Vicki Gaubeca, Directora del Centro Regional por Derechos Fronterizos de ACLU en Las Cruces, Nuevo México, denunció que “al menos 16 personas fueron asesinadas por agentes a lo largo de la frontera con México desde el año 2010, en ocho casos las autoridades federales alegaron estar siendo atacadas con piedras”.

De hecho, fue esta serie de trágicos casos la que causó que muchas personas, incluidos miembros del Congreso de Estados Unidos, cuestionaran la política de la Patrulla Fronteriza. Surge entonces la pregunta: ¿por qué tantos casos donde se menciona el acto específico de “arrojar piedras”?

En respuesta al caso de Jose Antonio Elena Rodriguez, la Secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, dio una declaración sorprendente frente a este dilema durante una entrevista. La política oficial de la Patrulla Fronteriza, de hecho, específicamente “permite a los agentes disparar a quienes arrojan piedras.”

Cabe destacar, sin embargo, que en los dos casos de los menores de edad mencionados previamente, hubo evidencia con video y testimonios de testigos que contradicen el relato de los agentes sobre el desarrollo de los eventos, estableciendo que las víctimas no habían arrojado piedras a los agentes, ni actuado agresivamente.

En lo que concierne al caso de Rodríguez, la autopsia reveló que, contrariamente a las declaraciones de los agentes, el chico recibió siete disparos por la espalda, posiblemente luego de haber sido derribado y mientras yacía en el suelo.

En otras palabras, cada vez que los agentes de la Patrulla Fronteriza se encuentren en una situación comprometedora por haber herido fatalmente a uno de sus objetivos, solo necesitan alegar que la víctima arrojó una piedra en dirección a ellos; se escribe en los registros de la organización como apenas otro homicidio justificado. Luego, quizás tenga lugar una breve investigación del FBI o la Justicia, los agentes no serán acusados de nada, sus nombres permanecerán ocultos al público — caso cerrado.

Como declaró la representante de ACLU, Vicki Gaubeca, en respuesta al exagerado uso de la fuerza por parte de la Patrulla Fronteriza, “No hubo un solo caso de una muerte de un agente de esta fuerza causada por una piedra. ¿Por qué no están actuando para proteger a sus agentes, como darles cascos y escudos?”

Una pregunta muy razonable, pero quizás otra más importante — en lugar de pensar formas de armar y ayudar a los agentes — es preguntarse por qué estos agentes están armados. ¿Por qué guardias armados con fusibles y tendencia al gatillo fácil están encargados de patrullar la frontera?

Es de hecho, la propia inmanejable e insostenible política inmigratoria de los Estados Unidos, junto a una inmanejable e insostenible “guerra contra las drogas“, la que crea las condiciones para que la Patrulla Fronteriza cometa asesinatos rutinariamente. Estos asuntos fundamentales deben ser discutidos y repensados, si queremos poner fin a la inútil pérdida de vidas humanas en la frontera.

Traducido por Sofía Ramirez Fionda.

Guillermo Jimenez Guillermo Jimenez

Guillermo Jimenez es Subeditor en Inglés para el PanAm Post, anfitrión en la radio Traces of Reality y el podcast Demanufacturing Consent en Boiling Frogs Post. Vive en Texas, en la "zona libre de Constitución" del Departamento de Seguridad Interior. Síguelo en @tracesofreality.