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Los políticos, más importantes de lo que deben ser

Por: Guillermo Peña Panting - Oct 30, 2013, 9:19 am

EnglishLos hondureños nos encontramos a menos de un mes de las elecciones generales, que se realizarán el próximo 24 de noviembre. Estos comicios constituyen prueba muy importante para nuestro país, que nos dirá no solo el probable rumbo que los próximos gobernantes tomarán para su conducción, sino también cuál fue el verdadero impacto que la destitución de Manuel Zelaya el 28 de junio de 2009 tuvo en el sentimiento político de la población.

Todos los aspirantes compiten libremente y bajo las mismas reglas establecidas por el Tribunal Supremo Electoral. Exactamente igual a como participó la selección de Honduras en las eliminatorias del mundial de fútbol de Brasil. Sólo los equipos organizados y que respeten las reglas son los que deben tener la oportunidad de llegar a la Presidencia de la República.

El camino ha sido largo desde aquella jornada identificada como 28J, y han sido pocos los éxitos y muchas las preguntas. Preguntas que no deben enfocarse a responder qué partido político sobrevivirá luego de estas elecciones, sino sobre el estado de las instituciones después de tanta lucha de poder. Propongo que nuestra meta de gobernabilidad a largo plazo, sea tener un Presidente popular y con impacto regional – y, por qué no, global, como los Presidentes o Ministros de Nueva Zelanda, Finlandia o Bélgica. No queremos un líder como ellos porque son países desarrollados, sino que si llegasemos a lograrlo, sería porque vivimos en un país donde mandan reglas justas y claras, y no la voluntad del gobierno de turno.

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Protesta de Hondureños en Tegucigalpa contra la reforma constitucional de Manuel Zelaya (2009). Fuente: El País.

Honduras se encuentra en una encrucijada en estas elecciones, simplemente porque posee instituciones que son tan débiles, que obligan a los Presidentes electos a desarrollar complejos de Reyes con fecha de vencimiento. Los políticos de turno se vuelven más importantes de lo que deben ser, y cuando sus acciones son equivocadas terminan golpeando a la población más de lo que ésta se merece.

Nuestras elecciones se han vuelto un pasatiempo nacional, una expresión de pasiones por colores políticos y grandes liderazgos caciqueros, olvidando la población que lo más importante siempre ha sido fortalecer las instituciones. Los líderes hondureños prometen que cambiarán el triste rumbo del país, prometen sacarlo del eterno problema de la pobreza, pero olvidando que son los mismos políticos los que con su constante afán de cambiar las reglas de juego, han logrado un resultado único: que todo siga igual.

Hace dos años, Bélgica estuvo más de quinientos días sin un Poder Ejecutivo por que no se lograba formar una mayoría en el Parlamento. ¿Y que pasó? ¡Nada! Fui testigo personalmente; no pasó nada por que las instituciones funcionaron. ¿Podemos imaginar algún país de América Latina en donde pueda ocurrir dicha situación por más de 15 días? Lo único que se me viene a la mente es el caos, las protestas, la violencia: una pelea salvaje por el sillón presidencial.

El camino es largo, y por eso la batalla por las ideas debe ser permanente. En un país que sufre tanto el hambre y la pobreza, es difícil mantener el rumbo en el largo plazo. Pero trabajar por el largo plazo es el único camino si queremos algo que perdure. Cuando los cambios vienen desde la raíz, a pesar de ser cambios buenos, implican comenzar desde cero – en este caso, construir la credibilidad de las instituciones.

Ser un reformador es un arma de doble filo; realizarlo mal solo significa realizar pasos hacia atrás. Realizarlo bien, significa permitir que las nuevas instituciones sean más grandes y fuertes que los líderes políticos que llevaron a cabo la reforma. Y mientras la población pide que el próximo gobernante sea quien guíe nuestro barco hacia la isla del desarrollo, los políticos del momento siguen pensando que son ellos los que encarnan esa idea. Alejan así la posibilidad de tener reglas claras y fuertes, tan fuertes que trasciendan los gobiernos y sus caprichos, fortaleciéndose aún más con el tiempo. Son estas ideas las que nos llevarán verdaderamente al desarrollo.

Honduras tardó 28 años en volver a ver su bandera en un mundial de futbol, y aún así, nos dimos cuenta que llegar no era suficiente y no pudimos celebrar. Solo teniendo confianza en la organización y en los jugadores se podrá llegar a la meta. En el mundo real, donde vivimos la gran mayoría que no somos mundialistas, para que las personas puedan salir de la pobreza por sus propios medios y vivir felices, se deben aplicar las mismas reglas.

Guillermo Peña Panting Guillermo Peña Panting

Guillermo Peña Panting es Director Ejecutivo de Eléutera, un nuevo think tank liberal clásico en Honduras. Completó sus estudios universitarios en la Universidad de North Carolina y un máster en Economía en la Universidad Francisco Marroquín. Síguelo en Twitter @GuillermoP_HN.