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Venezuela, con el socialismo en la frontera de la miseria

Por: Guillermo Rodríguez González - Jul 11, 2016, 2:05 pm
(El Colombiano)
Los venezolanos parecen alemanes orientales en la Alemania Occidental, asombrados ante farmacias con medicamentos y la comida sin cola, al cruzar la frontera con Colombia. (El Colombiano)

Los venezolanos que atraviesan la temporalmente reabierta frontera colombiana para comprar algo de comida y medicinas, parecen alemanes orientales en la Alemania Occidental, asombrados ante farmacias con medicamentos y la comida sin cola del racionamiento o angustias del mercado negro.

Eso lo habían olvidado. Mis pobres compatriotas con sus grandes fajos de bolívares sin valor cambiados por unos pocos pesos, exhiben emocionados en Twitter lo poco que compraron, harina de maíz o algo de carne. Son lujos que los habitantes del paraíso socialista buscan al otro lado de la frontera. Tienen teléfonos móviles para fotografiarlos, pues hace poco eran mucho menos pobres, pero hoy viven la economía maltusiana del producto decreciente racionado entre la población creciente.

Esto es lo único que se puede esperar del Socialismo, hasta los propios socialistas lo admitieron al integrar el neomaltusianismo en las bases ideológicas del Socialismo del Siglo XXI.

El “camarada” Malthus

En 1798, Thomas Malthus publicó Principios de la población, afirmando que mientras la producción de alimentos crecía en proporción aritmética, la población lo hacía en proporción geométrica.

Malthus suponía que el crecimiento de la población se mantendría inalterado por la intensidad del deseo sexual, pues los datos históricos indicaban que la población únicamente se reducía por epidemias y hambrunas. Aunque ya entonces había anticonceptivos, no pudo prever que mejorarían y se masificarían con el capitalismo moderno.

También suponía la capacidad de producción de alimentos limitada, por la calidad de la tierra, a rendimientos decrecientes al agregar tierras marginales, y es cierto sólo si no mejoran las técnicas de producción agrícola como han mejorado al agregarse innovación empresarial, tecnología y capital al campo.

El marxismo tradicional prometía que la escasez desaparecería con el Socialismo. Llegado al poder no dio la prometida abundancia, sino el racionamiento y más de una hambruna, con lo que tras el colapso soviético el neocomunismo adoptaría la teoría maltusiana y defendería limitar el crecimiento por razones ecológicas.

Hacia el neocomunismo “verde” del siglo XXI

La imposibilidad de la planificación central de la economía que Ludwig von Mises teorizó a principios del siglo XX, fue luego evidenciada por los colapsos económicos, políticos, ecológicos y poblacionales socialistas de la URSS a Camboya. Pero sobrevivió una influyente intelectualidad socialista en todo del mundo. Tras el colapso, sus académicos crearían nuevas teorías anti-capitalistas, y replantear al maltusianismo en clave ecologista fue una idea con potencial político.

Era obvio. De Paúl Ehrlich y Lester Brown al Club de Roma, los teóricos del ecologismo maltusiano profetizaron todas las catástrofes posibles proponiendo la planificación central para conjurarlas.

Paúl Ehrlich, quien todavía afirma que “la mayoría de la gente no reconoce que, al menos en los países ricos, el crecimiento económico es la enfermedad y no la cura”, afirmó en 1968 como imposible que la India alimentara a 200 millones adicionales de personas para 1971. En la edición de 1980 de su libro, La bomba poblacional, omitió esa parte, pues India, pobre pero sin hambrunas, ya exportaba excedentes de granos a la URSS.

El aumento de la población que nos mataría de hambre a menos que planificáramos centralmente el crecimiento cero de producción y población, chocó con que la población se triplicó el pasado siglo y las hambrunas se limitaron a países con economías centralmente planificadas. En la segunda mitad del siglo XX, la población se duplicaba pero el suelo dedicado al cultivo no se incrementaba. Pero los fracasos de sus predicciones no los detendrían, dirían que se cumplirían después, todavía lo dicen extendiendo la teoría maltusiana de los alimentos a todos los recursos naturales que son bienes económicos, profetizando el fin del mundo debido a la economía de libre mercado y proponiendo la planificación central de economía y población con crecimiento cero. Irresistible para el marxismo tal ecologismo revolucionario.

Llegar al poder primero en Venezuela dependiendo de petrodólares para financiar el socialismo “verde”. La inconmensurable destrucción ambiental en la ineficiente economía socialista soviética, o las alianzas non sanctas y contradicciones de sus políticos y Organizaciones No Gubernamentales en el mundo desarrollado, no afectan a los creyentes. Los nuevos marxistas, como los viejos, creen en un dogma de fe incontestable y la realidad contradiciéndolo, no los hará dudar.

El nuevo orden socialista

Como los socialistas de todos los tiempos han demostrado su incuestionable capacidad de producir y distribuir pobreza material y moral, el neocomunismo alineó sus objetivos con sus capacidades. Era escandaloso, hasta para ellos mismos, el fracaso del socialismo cuando el objetivo fue producir más que el libre mercado, produjeron armamento excelente, pero jamás se acercaron a la producción capitalista para el consumo de las masas en cantidad, calidad o variedad.

Barry Commoner fue quizás el teórico ecologista que logró integrar mejor el neomaltusianismo en el marxismo, y sobre su teoría –admitiéndolo o no– han estructurado el nuevo discurso ideológico. No el discurso para las masas sino para “los iniciados”. Ante las masas aún prometen prosperidad y acusan al capitalismo del empobrecimiento que sus políticas ocasionan. Pero los iniciados son los que planificarían la vida de todos si pasan del autoritarismo competitivo al totalitarismo, y creen en un futuro de crecimiento cero, pobreza planificada y totalitarismo colectivista como plenitud de las masas “liberadas”. Aunque el “hombre nuevo” no aparece feliz en su mundo nuevo, y cuando  abren temporalmente la frontera corre a comprar al otro lado lo poco que puede.

La etapa del Socialismo del Siglo XXI, sustentada en altos precios de materias primas se agotó. En Cuba anuncian restricciones por recortes de petróleo venezolano, las derrotas políticas se multiplican, y el apoyo mayoritario es cosa del pasado incluso en Venezuela. Sólo crecientes dosis de represión los sostienen donde pueden aplicarlas, pero no nos engañemos, como se rehicieron ideológicamente antes, hoy replantean estrategias.

La etapa electoral del Foro de Sao Paulo quizás pasó, pero ya adelantan otras vías sutiles con aliados sorprendentes, temática que pronto se analizará.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.