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El sueño de “paz” de Maduro es la peor pesadilla para Venezuela

Por: Guillermo Rodríguez González - May 26, 2017, 10:31 am
(Taringa)
Lo han contenido donde es mayor mediante el terror, agresión criminal, politización del racionamiento de alimentos, represión y la tortura. Así que eventos de salvaje brutalidad que atribuir a quien proteste no podían faltar. (Taringa)

A casi dos meses de protestas y brutal represión en las calles el gobierno venezolano busca victimizarse incitando y magnificando violencia que atribuir a la protesta.  En un violento país material, moral e intelectualmente empobrecido por la agresión institucionalizada del poder a la población. El odio de gran parte de la empobrecida población al chavismo lo causaron sus gobernantes con la arrogante destrucción del aparato productivo. Lo han contenido donde es mayor mediante el terror, agresión criminal, politización del racionamiento de alimentos, represión y la tortura. Así que eventos de salvaje brutalidad que atribuir a quien proteste no podían faltar. De quien más se beneficie políticamente sospecharemos la oculta autoría intelectual.

Hace dos años, investigaciones periodísticas denunciaron la infiltración de criminales por la policía política, para incitar, falsear y cometer delitos que atribuir a opositores. Mientras más monstruosos sus crímenes mejor los capitalizaría un gobierno adicto a la  desinformación y propaganda. Criminales que apuñalan y queman vivo alguien en público no son muy diferentes de quienes a la sombra torturan y asesinan. Entre desinformación y propaganda vemos crímenes públicos de torpes bestias inhumanas. Crímenes imperdonables que la propaganda usa intensamente para cubrir los de otras astutas bestias inhumanas.

 

La Fiscal General calificó de ruptura del orden constitucional sentencias de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo. Sentencias que mantenían una línea ya bien establecida de uso del máximo tribunal para anular políticamente cualquier autoridad electa que no respondiera al proyecto totalitario. Su Fiscal General rechazando la Constituyente de Maduro en defensa de la Constitución de Chávez muestra descontento en sus propias filas. Con el salto a la dictadura, Maduro y los jueces que lo soportan bloquearon su propio regreso. Aunque el tribunal sentenció la anulación parcial de sus propias sentencias, la violación de la constitución no desaparece. En un sentido más político que jurídico el precedente es la violación de la constitución de 1961 para acelerar la Constituyente que redactó la actual. Con la vigencia de una nueva constitución la violación de la previa perdió contenido político.

Maduro tiene menos de la mitad del apoyo popular con que empezó. Compite por el último lugar en apoyo con Juan Manuel Santos. La estabilidad de la dictadura en Venezuela pasa por La Habana y Bogotá. Washington con nueva doctrina impulsa más contenido político a pragmáticas sanciones  personales contra los jueces en que se soporta el chavismo actual.

Civiles armados actuando impunemente contra la población son señalados como chavistas organizados en colectivos. Guardias nacionales y policías bolivarianos son procesados por asesinar a quienes protestaban. Se repiten señalamientos de tortura agresiones y robos por fuerzas represivas.

Es claro lo que exige del socialismo opositor agrupado en la Mesa de la Unidad Democrática a políticos e intelectuales chavistas en oposición a Maduro. No es claro que exigirían quienes protestan en las calles y excede el consenso de los políticos. Quienes gobiernan insistirán en su constituyente comunal para la violación impune de la constitución vigente, el marco legal de elecciones amañadas, la legalización de la brutal represión y el paso final al inviable sistema económico que sueñan.

Con protestas en las calles y una creciente pérdida de apoyo intelectual y político internacional la dictadura necesita su propia legalidad contraria a Derecho. Regularizar la excepcionalidad. Una y otra vez renuevan y amplían un decreto de excepción temporal. Maduro y el poder de hecho que lo soporta, tienen dos salidas.  Negociar la entrega del gobierno manteniendo poder de hecho para recuperarlo en el futuro. O institucionalizar la dictadura a corto plazo.

Dan señales de hacer ambas cosas paralelamente. Es coherente. Una pretende alcanzar el objetivo, la otra distraer y debilitar al socialismo opositor. ¿Cuál es cuál? Dependerá de las circunstancias. Para una salida negociada con entrega del gobierno a quien elija la mayoría lo difícil es la impunidad de quienes están comprometidos en asuntos demasiado turbios. Avanzar hacia la institucionalización de la dictadura mediante la constituyente comunal mejoraría la posición negociadora del chavismo si la realidad le impone negociar realmente. Entre tanto, para neutralizar la oposición e institucionalizar la dictadura con constitución ad hoc, aparenta negociar con quienes debilita mediante represión militar, policial, judicial y criminal.

La apuesta por una constituyente comunal de elección sectorial y municipal en que menos de un cuarto de los votantes elijan más de la mitad de los representantes aseguraría resortes del poder hoy dudosos. Crearía la legalidad de una dictadura permanente. Impuesta así, es irrelevante para la resultante constitución que participen o no quienes se opongan. Tienen motivos de sobra para entender que se diseñará para que sean minoría aunque por ellos votare el 80 %. Y si fallasen los cálculos la vía judicial garantizaría al gobierno la mayoría y la constitución a su medida. Pero no es  irrelevante para su legitimidad que participe o no el socialismo opositor. O los pocos que no son socialistas. Participando, nadie fuera del chavismo logrará sino regalar legitimidad política a una constituyente sin legitimidad moral. Sería desmoralizar y desmovilizar la protesta en las calles.

El único momento que la dictadura arriesgaría el control del teatro constituyente sería el referéndum aprobatorio al que la constitución le obliga. Si pretenden alguna legitimidad no podrían manipularlo con triquiñuelas sectoriales y municipales. Puede negarla como niegan hoy elecciones que perderían. Y seguros de perderlo se atreven ya a anunciar que su constituyente podría negar un referéndum al que la constitución vigente les obliga indudablemente. O pudieran lograr que una mayoría desmoralizada por la fallida participación de significativos factores políticos de oposición en el fraude constituyente se abstenga tan masivamente que el muy minoritario apoyo actual del chavismo alcance a ganar ese referéndum. Trágicamente no es imposible. De buena o mala fe, ya suenan voces que empujaran hacia aquello. Mientras más ingenuas más efectivas contra su propio interés y el interés general. Cantos de sirena que ingenua o taimadamente impulsan lo que sería el sueño de “paz” de Maduro y la pesadilla de Venezuela.

Guillermo Rodríguez González Guillermo Rodríguez González

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.