Gracias al crecimiento económico estamos al borde de la mayor reforestación global de la historia

Los ambientes naturales y su diversidad biológica son valiosos únicamente en las sociedades más ricas

466
Gracias al crecimiento económico estamos al borde de la mayor reforestación global de la historia (Archivo)

Hace poco leía en GreenAction News que el 80% de los bosques de la tierra han sido destruidos. Luego supe de ecologistas de prestigio declarando a medios internacionales establecidos que “el 85% de los bosques del mundo ya no existen”.

Sospecho que escucharemos más de la supuesta desaparición del 80% –o más– de los bosques del planeta. Quienes conozcan el mínimo de información sobre la materia inmediatamente notan que es materialmente imposible que tal superficie de bosques hubiera desaparecido sin remedio de la superficie del planeta.

Hay 4 mil millones de hectáreas de bosque en el planeta actualmente. Para que el 80 de los bosques “ya no existan”. Pero resten 4 mil millones de hectáreas de bosques. Sería necesario que aproximadamente el 135% de las 14 mil 800 millones de hectáreas de la tierra hubieran estado cubiertas completamente de bosques. Incluyendo todos los desiertos, pantanos, pastizales, tundras y marismas del planeta. Y agregando más de 5 mil millones de hectáreas de superficie marina. Todo cubierto de bosques. Falta tierra y sobran bosques para que ese 80% tenga algún sentido.

Poco más del 31 % de la tierra está hoy cubierta por bosques. Reporta la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO que la tasa anual de deforestación es menos de la mitad de lo que era a finales del siglo pasado.

No hemos llegado, pero estaríamos aproximándonos a una de reforestación neta global. Entre 2010 y 2015, el planeta perdió 7 millones 600 mil hectáreas de bosque al año. Y ganó 4 millones 300 mil de hectáreas de bosques anuales. 3 millones 300 mil hectáreas de deforestación implican una disminución anual de apenas el 0.08 % del área forestal total.

Ciertos ecologistas pretenden descalificar las cifras de la FAO porque incluye en el área forestal  bosques naturales y plantaciones comerciales de árboles. La silvicultura es polémica en esto porque una plantación de árboles puede ser próxima o lejana como ecosistema a un bosque natural.

Algunos bosques artificiales son cercanos porque así son más rentables para sus silvicultores. Otros no por el mismo motivo. Depende de qué arboles, dónde y con cual propósito se siembran bosques –o se intervienen y administran comercialmente bosques naturales–.

Pero lo cierto es que incluso descartando todos los bosques comerciales, el 93% del área forestal del planeta –3 mil 700 millones de hectáreas– son 100% bosque natural. La pérdida de bosques naturales está disminuyendo en un 0.059% anual y se acerca rápidamente a 0%. Tras lo que sería esperable algo de reforestación natural neta.

La verdad del problema se observa en la frontera entre Republica Dominicana y Haití. Misma isla, mismo clima y similar población. Pero del lado de Republica Dominicana hay vegetación exuberante, Haití está visiblemente deforestado. La frontera es una cicatriz entre la relativa prosperidad de los dominicanos –suficiente para mantener su vegetación– y la pobreza extrema que empuja a los haitianos a la deforestación. Es por eso que en cerca la mitad del mundo observamos sostenida reforestación neta. Reforestación que no ocurre a pesar –ni a contramano– del desarrollo económico. Es por y proporcionalmente al desarrollo económico.

Las zonas más ricas del planeta –América del Norte y Europa– están aumentando su superficie forestal más rápidamente que las de menor desarrollo relativo. De hecho, tienen hoy más bosques que antes de la industrialización. El Reino Unido –cuna de la revolución industrial– ha triplicado su superficie forestal desde 1919. Hoy se aproxima a superficies de bosque equivalentes a los registrados en crónicas preindustriales de un milenio atrás.

Es porque el deterioro ambiental da un rendimiento económico decreciente que se torna negativo en la medida que crece el capital por habitante. Inicialmente es económicamente rentable cierto grado de deterioro ambiental. Lo que tenderá a revertirse con el desarrollo por razones estrictamente económicas.

El valor marginal de medio ambiente crece rápidamente cuanto se reducen sus “existencias” ante una población que por primera vez se encuentra en capacidad de valorarlo y demandarlo. Los ambientes naturales y su diversidad biológica son valiosos únicamente en las sociedades más ricas.

Matt Ridley señala que –en promedio–  la transición del decrecimiento a la recuperación de aéreas forestales se produce cerca del umbral de 4 mil 500 dólares de PIB anual per cápita. En la Republica Popular China, Federación Rusa, India, Vietnam y Bangladesh se observó reforestación neta tras superarse ese PIB per cápita. La estadística generalmente disponible que en algo refleja –directa o indirectamente– todos los factores que influyen.

La inviabilidad económica del socialismo a largo plazo implica que mientras se sostenga una economía socialista ocasionará un tipo específico de pobreza estructural ambientalmente más destructiva que niveles equivalente –e incluso mayores– de pobreza con descentralización y competencia de las decisiones económicas. Pero al final toda pobreza extendida será ambientalmente destructiva. Los pobres no pueden darse el lujo de valorar como bien económico de largo plazo un medio ambiente que deben depredar para sobrevivir hoy.

Un estudio de la Universidad de Helsinki explica que de 1990 a 2015 el área forestal creció en las naciones de ingresos altos 1,31% y 0,5% en las de ingresos medios. Pero disminuyó 0,72% en los de bajos ingresos. Los bosques son más que arboles, nos dicen los ecologistas contra estas cifras. Y ciertamente son ecosistemas complejos en que los grandes depredadores resultan ser un indicador de la salud ambiental.

Lobos en los países desarrollados de Europa y América del Norte. Tigres en India, Rusia y Bangladesh de ingresos medios. Leones, en –planicies que dependen ambientalmente de bosques– del África subsahariana de ingresos bajos. Los lobos crecen rápidamente en número. Los tigres permaneces constantes los últimos 20 años (y apenas comienzan a aumentar) Los leones continúan disminuyendo. Cuidar el medio ambiente pasa por crecer económicamente y eso requiere propiedad privada, seguridad jurídica y libre mercado.

 

Comentarios