Reconstruir la economía venezolana es analizarla a la luz de la teoría austríaca

El socialismo eventualmente caerá. Entre sus ruinas quedará una debilitada economía apenas petrolera, descapitalizada y empobrecida. Desde ahí tendríamos que establecer las bases de una economía capitalista para Venezuela.

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¿Cómo reactivar la economía venezolana después de la caída del socialismo?
(Foto: EFE)

 

El mayor problema de la macroeconomía de síntesis neokeynesiana es que, como indicó Robert Solow, “carece de conexión real ente el corto y el largo plazo”. La Escuela Austríaca los conecta coherentemente mediante su teoría del capital, conocimiento vital para Venezuela, una empobrecida economía petrolera con entorno institucional débil y cultura política anticapitalista.

Venezuela es una economía socialista desde hace medio siglo –muy radicalizada en los últimos 20 años– cuyos ciclos saldan expansiones artificiales con tendencia al empobrecimiento a largo plazo hace cinco décadas.
El socialismo eventualmente caerá. Entre sus ruinas quedará una debilitada economía
apenas petrolera, descapitalizada y empobrecida. Desde ahí tendríamos que establecer las bases de una economía capitalista para Venezuela. O adoptar “otro” socialismo para seguirnos hundiendo en la miseria y el salvajismo.

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Mises explica que el ciclo se inicia cuando, en ausencia de aumento en los productos intermedios y sin posibilidad de alargar el período medio de producción, se establece una tasa de interés correspondiente a un período medio de producción más largo “haciendo más lento el tipo de acumulación de capital” y  los medios de subsistencia tienden a consumirse antes de que los bienes de capital empleados en la ampliación se transformen en bienes de consumo. Menos bienes de consumo disponibles eleva sus precios, y, en consecuencia, caen los de los bienes de producción. Pero lo que al principio hizo que los bienes de producción subieran más que los de consumo, se revertirá.

Explica también Mises que el problema de fondo es que “algunos bienes económicos que podrían haber satisfecho necesidades más importantes se han empleado para otras de menor importancia” y únicamente “en la medida que pueda rectificarse la equivocación sufrida dirigiendo los recursos hacia un mejor empleo podrá evitarse la pérdida.”

Como señalan García, Nell y Mata, las teorías monetarias contemporáneas tienden a pasar por alto que el sistema monetario de Breton Woods creó economías emisoras y receptoras de reserva; asimetría menos peligrosa bajo el patrón oro-dólar con cambios fijos, que tras abandonar completamente al oro en 1971, hoy la divisa de reserva se emite contra deuda denominada en aquella misma.

Los tipos de cambio son variables. Hoy, que una economía sea emisora o receptora de reservas determinará su tipo de cambio real y que la debamos calificar de central o periférica en este sistema monetario; no en términos esotéricos de la absurda teoría de la dependencia, sino por su posición relativa en el sistema monetario internacional presente.

Siguiendo a Nicolás Cachanosky en la actualización de la teoría del ciclo al entorno contemporáneo, diremos que, asumiendo que se inicia un ciclo en el centro, con un tipo de cambio fijo en la periferia el aumento del consumo de bienes transables del centro puede ser satisfecho con importaciones.

No obstante, el aumento en el consumo de bienes no transables requiere incrementar la producción nacional. Como resultado, el precio de los bienes no transables se incrementa con respecto al precio de los bienes transables. El incremento en los resultados de las importaciones es un incentivo para reasignar los bienes de capital de la producción de bienes transables a la producción de bienes no transables.  Consecuentemente, en la periferia, ocurre lo contrario. El aumento de las importaciones del centro es un aumento de las exportaciones de la periferia. Para la periferia, a continuación, el incremento en los resultados de exportación crea incentivos para reasignar los recursos de la producción de bienes no transables a la producción de bienes transables.

Si, por el contrario, la periferia mantiene un tipo de cambio flotante, desde el punto de vista del centro, las importaciones se encarecen, pero las industrias de exportación se hacen artificialmente más competitivas. Las importaciones disminuyen y aumentan las exportaciones. En este caso, el incentivo es a la reasignación de bienes de capital de la producción de bienes no transables a la producción de bienes transables. Para las economías de la periferia las importaciones se abaratan y las exportaciones se vuelven más caras y hay incentivos para reasignar capital de la producción de bienes transables a la producción de bienes no transables. Pero en ambos casos, cuando el centro revisa su política monetaria, los efectos inversos ocurren, lo que estimula una reasignación de recursos entre la producción de bienes no transables y la producción de bienes transables inversa.

La distinción entre bienes transables y no transables ayuda a tener en cuenta que una política monetaria expansiva, incluso en ausencia de la inflación doméstica, puede dar lugar a burbujas de activos en el sector no transable. Ahora bien, si el ingreso de divisas no está diversificado sino concentrado en una específica exportación primaria, el aumento de su precio –generalmente impulsado por la fase expansiva del ciclo del centro– implicará un notable y rápido ingreso de divisas que producirá inicialmente cierto incremento importaciones de bienes finales y encarecimiento de no transables, incluso con tipo de cambio fijo. Más con tipo variable. Es lo que en economías petroleras se denominó «enfermedad holandesa», simplemente un tipo particular de transferencia del ciclo del centro a la periferia.

La expansión del circulante en el centro se transforma en demanda, tanto interna como externa, pues desde el centro se liquidan las importaciones en la divisa de emisión local, que es reserva en la periferia.

La expansión del circulante en la periferia no puede incrementar la demanda externa más que en proporción de sus exportaciones y endeudamiento externo. Las importaciones en la periferia se liquidan con divisa emitida en el centro, exportando bienes transables al centro o endeudándose en aquella. Así que las economías de la periferia, para mantener un crecimiento autosostenido con ahorro y capitalización propios, estarían obligadas a sostener una política fiscal y monetaria más eficiente que el centro, lo que en ausencia de las condiciones institucionales del caso, únicamente se podría forzar renunciando a la emisión de moneda local.

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