El capitalismo es el único antídoto contra la pobreza

El fin de la pobreza (como la conoció la humanidad desde que el primer homo sapiens pisó África hasta inicios de la revolución industrial) está al alcance del hombre

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capitalismo pobreza
El hombre ha abandonado su estado natural (la pobreza) gracias al capitalismo. (Foto: Flickr)

Realizar una reseña del excelente libro de Antonella Martí Capitalismo: Un antídoto contra la pobreza me resulta grato por varios motivos. Es una joven intelectual notable, autora de varios libros, buenos desde el primero, y cada nuevo título mejor que el anterior. Fue mi primera editora en PanAm Post.

Tan de acuerdo estoy con lo que nos plantea ahora, que en una reciente columna afirmé: «el capitalismo moderno, que se inició en la revolución industrial, logró en un par de siglos lo que no se había logrado en más de cien mil años. Hay muchos más humanos que nunca antes. Y ya cerca del 90 % superan la línea de pobreza. Eso es el capitalismo. Y si todavía hay pobreza –estado natural del hombre del que únicamente escaparon las mayorías en el capitalismo moderno– no es por desigual ‘distribución’ de riqueza, sino por desigual distribución del capitalismo en el mundo».

Lo que pudo salir de este libro de Antonella, aunque lo habría redactado ella mejor. Su nuevo texto es extraordinario. El prólogo es de María Corina Machado, quien explica que de la pretensión marxista de «enmendarle la plana a Dios y favorecer el arribo de un imposible: un hombre nuevo, capaz de renunciar a su propia esencia (…) las consecuencias (…) tienen que contarse en millones de muertos, guerra, destrucción y la amenaza constante de las acechanzas revolucionarias, el verdadero opio de los pueblos».  El epílogo corre por Gloria Álvarez, quien nos recuerda que cuando de socialistas revolucionarios se trata «esos líderes que llegaron por la vía democrática no quieren elecciones ni ningún proceso que pueda escapar a su control. Quieren que su ideología, por encima de todo, se convierta en cuestión de fe».

Entre ambos, hay una visión fresca pero al mismo tiempo profunda y ampliamente documentada del tema clave de nuestros tiempos. El fin de la pobreza como la conoció la humanidad desde que el primer homo sapiens pisó África hasta inicios de la revolución industrial, está al alcance del hombre. Es cuestión de elegir el camino correcto. Al que fuerzas políticas e ideológicas, apoyadas en obscuros intereses e impulsabas por una intelectualidad resentida y mercenaria, se opone con desesperación. Buscan regresarnos a la miseria sobre la que pueden ascender al poder e imperar en el totalitarismo criminal al que aspiran.

La autora no ignora esos peligros. Los trata acertada y detalladamente, pero sin dejar de ser muy realista sobre las amenazas, nos presenta un libro optimista. Sorprenderá al lector que un texto sobre el capitalismo como antídoto para la pobreza, empiece con el inicio del universo en la gran explosión. Grata sorpresa, pues encontrará un delicioso paseo por la historia de la evolución de la materia, que le llevará a la azarosa y sorprendente evolución de la vida, al surgimiento de homínidos inteligentes, y de nuestra especie, que dio lugar a la evolución de este orden social, producto de la acción, más no de la voluntad humana.

Hay varios capítulos de divulgación científica en un libro sobre capitalismo y pobreza ¿qué objeto tienen? Pues, situar al lector en el marco de la evolución de la civilización. Y hacerle entender, le guste o no, que todo lo que hoy damos por hecho es producto del más reciente y espectacular fenómeno de avance de toda la historia humana, el capitalismo moderno.

Hacerle saber, también, que durante decenas de miles de años los avances civilizatorios –que van del comercio y la agricultura neolítica a las grandes civilizaciones de la antigüedad, y a imperios ultramarinos del siglo XVI en adelante– no alcanzaron a sacar de la extrema pobreza a más del 90 % de la humanidad. Y que únicamente a partir de la revolución industrial –con el surgimiento del capitalismo moderno– emerge finalmente un orden social capaz de sacar de la pobreza secular a millones, al tiempo que multiplicaba la población como nunca antes. Que la humanidad, pese a crecer en número, en riqueza, en conocimiento y en moral, seguía en el siglo XVIII atrapada en la trampa maltusiana de las hambrunas recurrentes. Indefensa ante las epidemias. Y en su abrumadora mayoría, casi tan pobre como siglos o milenos antes.

Que un campesino de la Europa inmediatamente anterior a la revolución industrial no habría tenido dificultad para adaptarse al mundo de cien o de mil años antes, y viceversa, porque en el mundo de la abrumadora mayoría muy poco había cambiado realmente y que todo eso terminó de una vez y para siempre con el capitalismo moderno. Que desde la revolución industrial a nuestros días, la humanidad avanzó más, en todos los aspectos de la vida, que en toda la historia humana precedente. Y que esos avances, no planeados sino alcanzados en un orden espontáneo en apenas un par de siglos, mientras multiplicaban el número de humanos sobre la tierra como nunca antes, invertían la proporción de la pobreza, de 90 % de pobres a 10 % de pobres. Colocandonos al borde del fin de la pobreza, si acaso lográsemos realmente extender el capitalismo a plenitud, hasta el último rincón de la tierra. Es el optimista, y ampliamente documentado, mensaje de la autora.

Marti no deja de advertirnos que en las primitivas ideas constructivistas del socialismo y su peligrosa popularidad presente –multiplicado en las más diversas causas emocionales– tenemos todavía una amenaza real. Porque nada de lo que disfruta el mundo es producto de otra cosa que el capitalismo y si se lograse destruirlo, como tantos con irresponsable ignorancia e histérica emoción claman hoy en nombre de cualquier causa de moda, se destruiría irremediablemente todo el avance humano de los últimos 200 años. Regresaríamos rápida e inevitablemente a la miseria, el hambre, la enfermedad y la muerte, de las que el socialismo real mucho nos ha adelantado a lo largo de ya casi un siglo, sin que los intelectuales y políticos empeñados en seguir ensayándolo se den por enterados.

Un libro que hay que leer. De eso no hay duda.

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