El socialismo es un error de hecho sostenido en fatal arrogancia

Los socialistas se equivocan al considerar que se puede sujetar el orden espontáneo a su voluntad sin destruir sus frutos

socialismo
La Habana, Cuba. (Foto: Flickr)

El socialismo como arrogante error de hecho es algo a lo que me he referido antes aquí, pero tal vez sea interesante en estas fechas resumir lo que a lo largo del año he dicho sobre este tema en más de una columna.

Cuando aplicamos la explicación de Hayek del socialismo como error intelectual de hecho resulta que desde las utopías socialistas filosóficas de la antigüedad, y sus variantes en diferentes civilizaciones, a los milenarismos comunistas de la Edad Media, la reforma y los subsecuentes socialismos revolucionarios cristianos, junto a los socialismos ateos —soportados en dogmas de fe incontrastables— que se proclaman científicos, y aun las modernas variantes neopaganas u orientalistas del siglo pasado y actual, quedan comprendidas, en tal explicación, lo común de tan variopintas versiones de la idea de la reconstrucción voluntariosa e integral del orden social, en la que sus partidarios «perciben la realidad de manera distinta (…) yerran en cuestiones de hecho» debido a que simplemente tienen «una falsa apreciación (…) de cómo la información requerida surge y es utilizada por la sociedad».

En este sentido, desconocer, negar o pretender superar, que la naturaleza dispersa, circunstancial y subjetiva de la información exige sistemas intersubjetivos de procesamiento y decisión descentralizada para el funcionamiento del orden evolutivo armónico de una sociedad compleja, es el mismo error sin importar si la capacidad irreal de centralizar efectivamente la información se atribuye a la revelación de la divinidad, o a la razón.

En la civilización occidental dicho error se reviste principalmente de interpretación y/o revelación profética, cristiana y/o doctrina hermética, hasta que la filosofía desarrolla a partir del siglo XVIII un revestimiento racionalista completamente nuevo que se impone a los tradicionales entre el siglo XIX y XX, por lo que aunque hacia finales del siglo pasado e inicios del actual veamos tendencias muy claras hacia síntesis de tales tradiciones contradictorias, lo más influyente en ese campo desde finales del siglo XIX a nuestros días ha sido la vertiente racionalista del socialismo, con teorías que pretenden soportar el citado error de hecho en la razón misma.

El orden espontáneo

Pero operando entre el instinto y la razón encontramos conductas adaptativas que los individuos copian del ambiente social sin comprensión de causa, y que se reafirman o descartan por sus resultados involuntarios de largo plazo; o en otros términos, para adaptarnos a nuestro entorno social imitamos inconscientemente conductas que se adoptaron en el pasado, sin que existiera la posibilidad de imaginar siquiera sus resultados a largo plazo; y que se arraigaron como tradiciones porque su más relevante resultado fue que quienes accidentalmente las adoptaron prosperasen en número, para desplazar o absorber a quienes no las descubrieron o adoptaron primero. En el largo plazo, el producto intersubjetivo emergente de tales conductas es el complejo e interdependiente orden evolutivo espontaneo de la sociedad extensa, desarrollándose en una zona intermedia entre el orden biológico autónomo y el orden teleológico consciente, producto de la razón.

La teoría del orden espontáneo evolutivo de la sociedad de Hayek se puede describir como el descubrimiento y explicación de esa zona intermedia en que evolucionan sistemas como el mercado, el dinero, el derecho y el lenguaje, que no han surgido en determinado momento y han conocido propósito como cualquier invención técnica, pero que tampoco son procesos esencialmente independientes del ser humano como la evolución del orden ecológico.

La clave del orden espontáneo en la sociedad es que sus resultados no han sido planeados –ni siquiera previstos– por aquellos de cuyas interacciones emergen, tanto porque no requieren planear el orden evolutivo al cual se adaptan para planificar la persecución de objetivos que les conciernen directamente, como porque en referencia al orden espontáneo intersubjetivo en dinámica evolución, únicamente tienen un conocimiento limitado, incapaz de soportar una planificación teleológica integral viable.

La fatal arrogancia

Los socialistas se equivocan al considerar que se puede sujetar el orden espontáneo a su voluntad sin destruir sus frutos. Pero se equivocan porque se niegan a entender algo que –pese a su complejidad inherente– se empieza a comprender mediante cuatro premisas que aunque a primera vista lucen contraintuitivas –y en cierto sentido lo son– resultan asombrosamente simples, evidentes, e incluso obvias:

  1. El carácter disperso, circunstancial, tácito y efímero —y frecuentemente intransmisible— de gran parte de la información crítica para la armonía del orden espontáneo, hace imposible que el orden de la civilización responda al propósito racional del hombre, en la medida que está sujeto a tal irresoluble limitación en su conocimiento.
  2. El ser humano dispone de capacidades por las que las conjeturas universales serán anteriores de algún tipo de observación inductiva previa, conjeturas que son a su vez resultados emergentes de la evolución, como las disposiciones innatas de acción que nos permiten alcanzar conjeturas intelectualmente elaboradas, para actuar en un mundo que no podemos conocer completamente.
  3. El ordenamiento espontáneo, por selección competitiva en el largo plazo, de sistemas evolutivos interdependientes en una compleja civilización en ampliación, ocurre mediante la selección evolutiva de resultados intersubjetivos involuntarios de innumerables acciones individuales.
  4. Tal orden espontáneo es completamente ajeno a la categoría de finalidad, que es exclusiva del orden deliberado mediante el cual, haciendo uso de las ventajas que proporciona la inserción en el orden espontáneo de la civilización, los individuos son capaces de crear nuevo conocimiento y tecnología.

Estas condiciones nos explican cómo, sin necesidad de conocimiento formalizado o racionalizado previo, individuos con conocimiento limitado y disperso del proceso intersubjetivo en el que se encuentran, son los activos pero involuntarios agentes de ese orden en el cual se interrelacionan y coordinan infinidad de cambiantes fines, tentativos planes y subjetivas valuaciones de innumerables individuos; incognoscibles e inabarcables para quien pretendiera planear integral y deliberadamente un orden social “racional”, que sin tal información será a largo plazo inviable sin remedio.

Suscríbase gratis a nuestro boletín diario
Suscríbase aquí a nuestro boletín diario y nunca se pierda otra noticia
Puede salirse de la lista de suscriptores en cualquier momento