La batalla de la ideas empieza en la academia

El largo plazo del socialismo siempre llega y encuentra a muchos de los que lo crearon para sufrir los efectos de la estafa intelectual que adoptaron

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La libertad se refuerza también en la academia. (Foto: Flickr)

Tras la segunda guerra mundial el ambiente de opinión en el mundo occidental era el más hostil al liberalismo que cabía concebir. El socialismo en sentido amplio dominaba la academia, y de ahí se extendía a medios, industria del entretenimiento, cultura en general, y con ello a la opinión y la política. Entre los pocos liberales que quedaban, aislados pero todavía influyentes, sir Anthony Fisher, intelectual y hombre de negocios explicaba al gran economista liberal, Friedrich von Hayek, su idea de fundar un nuevo partido político para comenzar a revertir esa peligrosa tendencia, al menos en el Reino Unido. Hayek le respondía que en tal ambiente de opinión, un nuevo partido liberal no tendría oportunidad alguna. Los políticos en democracia deben moverse dentro de las corrientes de opinión prevalecientes. Pueden inclinarlas, pero no cambiarlas.

Proponía el autor del mayor best seller del pensamiento liberal del aquel momento crítico, Camino de Servidumbre, crear un nuevo de tipo de organización académica, para concentrar desarrollar y extender el pensamiento liberal, recuperando influencia en la academia, y por consecuencia, en la opinión pública. El resultado fue el Instituto de asuntos económicos fundado por Fisher, pivote intelectual del giro que en el Reino Unido –y en gran parte del mundo– décadas después, llevo una nueva corriente liberal al control del partido conservador británico, al gobierno y a la revolución conservadora de libre mercado bajo el liderazgo político de Margaret Thatcher.

El tanque de pensamiento nació ahí. No porque el socialismo en sentido amplio careciera de organizaciones similares antes, sino porque dejó de influir sobre la academia y la opinión sin una respuesta organizada. El modelo ha sido copiado y ampliado a lo largo del mundo. Y es hoy una de las claves de la lucha de las ideas. Un muy modesto ejemplo del principio de división del trabajo aplicado a ello, es el Centro Juan de Mariana de Venezuela –antes Centro de economía política Juan de Mariana– inicialmente un humilde sello editorial de personas que compartíamos el interés por sistematizar el dominio de metodología de la Escuela austríaca para avanzar en líneas de investigación originales dentro del éste paradigma, y veíamos la importancia del estudio de la escolástica tardía española como un antecedente –de especial interés para Iberoamérica– de la propia Escuela Austriaca, que nos conduce a una nueva lectura de la historia y la cultura de la España del siglo XVI y XVII (que dio origen a la cultura hispanoamericana).

Para cumplir nuestros modestos objetivos de investigación y publicación, debíamos desarrollar programas de formación en alianzas con universidades y centros de investigación establecidos y diseñar y materializar programas exigentes de formación avanzada en el paradigma austríaco. Debíamos también concentrarnos como organización exclusivamente en la formación, investigación y publicación de naturaleza académica. Admiramos quienes a lo largo del tiempo desarrollaron –y siguen desarrollando– esfuerzos de divulgación de ideas de libertad en un entorno cada vez más hostil –esfuerzos con los que los fundadores, asociados e investigadores del Centro Juan de Mariana– han contribuido regularmente. No era otro centro de divulgación nuestro objetivo. Los que existen ya están haciéndolo bien en las peores condiciones posibles.

Fue la división del trabajo –y del conocimiento– la que nos señalaba que un centro de investigación completamente dedicado a programas de investigación, formación y publicación académicos del más alto nivel podría complementar eficientemente lo existente; ser un aliado clave para centros de divulgación y tanques de pensamiento existentes. Y también para nuestras universidades, o una parte de ellas. En torno al sello editorial creamos un grupo de estudios que se transformó en asociación civil, e inició esfuerzos de formación como una soble diplomatura en economía de la escuela austríaca 2016–2017, en alianza con la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila y el Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad, CEDICE Libertad, el más antiguo tanque de pensamiento liberal de Venezuela, con más de 30 años de experiencia.

Ya con una segunda doble diplomatura 2019-2020 –nuevamente en dos semestres, siete materias, y 280 horas académicas, en las que los estudiantes desarrollan un intenso esfuerzo de sistematización e investigación, que va de los fundamentos de la teoría económica y la historia del pensamiento económico, al estudio del orden espontáneo en el Derecho– lanzamos en 2020 una nueva revista académica, Orden Espontáneo, con dos ediciones, una local, en alianza con la Escuela de Ciencia Económicas y Administrativas de la Universidad Monteávila. Se trata de una revista académica semestral dedicada no solo a la economía de la Escuela Austríaca, sino al paradigma austríaco en las ciencias sociales, el derecho y la historia –y a su relación con otras áreas del conocimiento científico y humanístico– capaz de publicar resultados de líneas de investigación de egresados de nuestros programas. Contamos además con una edición internacional de venta en Amazon.

Un proyecto modesto –dirigido inicialmente al limitado público de académicos y estudiantes interesados el paradigma de la Escuela Austríaca, aunque no solamente– y al mismo tiempo, ambicioso, pues aspira al estadio de arte en la investigación académica dentro de la tradición de la Escuela Austríaca. La libertad siempre ha sido será frágil –fácil de perder y ardua de recuperar– y sin esfuerzos académicos orientados a la teoría, se sobrecargan y dispersan otros igualmente necesarios, más visibles y dirigidos a públicos más amplios. Es practicar lo que predicamos, sobre la importancia de la división especializada del trabajo y el conocimiento para cambiar las corrientes de opinión, algo sin lo que jamás cambiaran realmente las políticas públicas y la concentración de esfuerzos en donde finalmente está la clave del largo plazo. El socialismo, pese a lo alguna vez afirmó irresponsablemente Keynes, siempre llega y –para bien y para mal– encuentra a muchos de los que lo crearon, vivos para sufrir los efectos inevitables de la estafa intelectual que adoptaron.

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