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La reforma educativa de Bachelet en Chile no dará buenos resultados

Por: Hana Fischer - @hana_fischer - Jun 22, 2015, 7:30 am
El objetivo proclamado tiene dos vertientes: Por un lado, que el Estado brinde una instrucción de “calidad” para todos los habitantes. Y por el otro, poner fin al lucro en esta área de actividad (Wikimedia Commons)
El objetivo proclamado tiene dos vertientes: Por un lado, que el Estado brinde una instrucción de “calidad” para todos los habitantes. Y por el otro, poner fin al lucro en esta área de actividad (Wikimedia Commons)

EnglishEl Gobierno de Michelle Bachelet está enfrascado en una serie de reformas del sistema educativo. El objetivo proclamado tiene dos vertientes: Por un lado, que el Estado brinde una instrucción de “calidad” para todos los habitantes, y por el otro, poner fin al lucro en esta actividad, terminar con la “discriminación” que hacen algunos institutos al seleccionar a los alumnos, y establecer paulatinamente la gratuidad en todos los niveles de enseñanza.

La mandataria explicó que la intención es terminar con el lucro en todos los establecimientos escolares subvencionados. Es decir, en aquellos donde los padres cuentan con el apoyo de dineros públicos para poder mandar a sus hijos a los colegios de su preferencia, bien sean municipales o privados. Bachelet señaló que el plan es obligar a los administradores de esos institutos, a que reinviertan los recursos brindados por el Estado en mejorar la calidad de la educación, y no en provecho propio.

Con voz enfática —como quien porta los estandartes morales más elevados— Bachelet declaró: “No es justo que los recursos de todos los chilenos, en lugar de enriquecer nuestra enseñanza, enriquezcan a un particular. Porque la provisión de educación tiene una dimensión pública que no puede ser tratada con lógicas de mercado, y porque queremos que en todos aquellos establecimientos que reciban fondos públicos, la razón para llevar adelante un proyecto educativo no sea la búsqueda del lucro, sino la pasión y la vocación genuina de educar a sus estudiantes”.

Sus palabras nos sirven de marco para demostrar, que no solo los administradores de los locales escolares subvencionados, o las autoridades de las universidades privadas, se mueven de acuerdo con las “lógicas de mercado”, sino toda persona racional.

En consecuencia, también ella; así como todos los que se han movilizado, durante estos años, a favor de terminar con el lucro en la enseñanza, y han exigido volver al estatismo y a la reinstauración de la “gratuidad” en la educación.

Para comprender los móviles detrás del accionar de los individuos, o sea, cómo funciona el mundo real, nada mejor que acercarnos a la Teoría de la Elección Pública. Una muestra de la visión de estos pensadores, es la definición que brinda James Buchanan sobre esta corriente de pensamiento: “la política observada sin romanticismo”.

La tesis principal de sus propulsores, es que no hay mayor diferencia entre la forma en que la gente toma decisiones personales en los mercados, que el modo en que se comporta al hacer política. En ambos casos, lo que se busca es maximizar las ganancias (que no siempre son de índole económico, también puede ser la obtención de prestigio o poder).

Afirman que es un enigma difícil de desentrañar, por qué se tiende a pensar que los individuos se comportan diferente en el área económica que en la política, si la psiquis de esa persona es una sola.

Buchanan enfatiza que, con respecto al Estado, lo que prevalece son las fantasías por encima de la experiencia cotidiana. La manifestación más clara de eso es, que se presume que a los políticos y a los burócratas los mueve el deseo de promover el bien común, cuando no hay nada en los hechos que confirme esa creencia.

Lo que sí se constata una y otra vez, es que los gobernantes buscan satisfacer sus propios intereses, así como favorecer a los grupos que los apoyan, aunque eso perjudique al resto de la sociedad. Además, se habla mucho de las supuestas “fallas de mercado”, y muy poco de las “fallas del Gobierno”.

Sin embargo, lo fehaciente es que la intervención del Estado rara vez soluciona los problemas sociales que ellos provocan; por el contrario, lo más probable es que las cosas queden peor que antes de que se involucren.

Esta reforma educativa se originó en las movilizaciones estudiantiles que se realizaron durante el primer Gobierno de Bachelet (2006-2010) y continuaron con mayor intensidad durante la gestión de Sebastián Piñera (2010-2014).

Las demandas principales, fueron las que la presidenta Bachelet se comprometió a implementar, durante la campaña electoral de 2013, y son las que ahora está tratando de poner en vigor.

En consecuencia, la referida política pública se mueve al son de los intereses particulares de sus principales actores: Bachelet perseguía ser nuevamente presidenta de Chile; los líderes estudiantiles más mediáticos lograron posicionarse políticamente, y varios han conseguido escaños en el parlamento, con todos los privilegios que eso supone; muchos padres y universitarios esperan que otros paguen por sus estudios o los de sus hijos, y los políticos y las burocracias buscan acrecentar el presupuesto público en la mayor medida posible, porque ellos son los principales beneficiarios de esa táctica.

Alguno de los mencionados…. ¿Habla de renunciar a su “lucro” personal dado las ventajas que está obteniendo?

¿Y la calidad de la enseñanza…. mejorará? ¿Mayor dinero extraído a la sociedad y administrado por los políticos y los burócratas, convertirá su uso en más eficiente? ¿Menor diversidad educativa, redundará en mayor calidad? ¿Quitarle poder a los padres para decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos, impulsará el desarrollo de Chile? ¿Despojar de autonomía a los directivos de los institutos educativos para dirigir sus establecimientos, contribuirá a ser más igualitaria a esa sociedad, o por el contrario, la conducirá a la mediocridad generalizada?

Si realmente se quiere tender hacia una educación de calidad, que contribuya decisivamente al desarrollo de un país, la ciudadanía debe comprender que el camino es el opuesto. La razón es que, como postula la Teoría de la Elección Pública, “la evidencia científica señala al Gobierno —y no al mercado— como el ente que debe ser limitado o reducido por el bienestar de la sociedad”.

Todas las personas —como seres racionales que son— buscan el lucro en cualquiera de sus manifestaciones. Lo sano —y hasta lo ético— es que lo hagan en forma franca, y no disfrazándolo bajo el manto de supuestas aspiraciones más nobles.

Actualizado el 24 de junio de 2015 a las 12:00 p.m.

Hana Fischer Hana Fischer

Hana Fischer es uruguaya. Es escritora, investigadora y columnista de temas internacionales en distintos medios de prensa. Especializada en filosofía, política y economía, es autora de varios libros y ha recibido menciones honoríficas. Síguela en @hana_fischer.