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José “Pepe” Mujica y el drama de los refugiados sirios en Uruguay

Por: Hana Fischer - @hana_fischer - Sep 15, 2015, 4:08 pm
En 2014 José "Pepe" Mujica llevó a Uriguay a un grupo de refugiados sirios, que ahora protestan ante el Gobierno por las condiciones en las que viven. (Faithit.com)
En 2014 José “Pepe” Mujica llevó a Uriguay a un grupo de refugiados sirios, que ahora protestan ante el Gobierno por las condiciones en las que viven. (Faithit.com)

A juzgar por el comportamiento de las masas populares, daría la impresión que la gente tiene una necesidad psicológica de tener ídolos a quien admirar. Es una empresa que tiene el éxito asegurado porque si no encuentran uno auténtico, igual lo inventa. Y luego que suben a alguien a un pedestal, es muy difícil que en adelante lo vean como realmente es. Se guían por la emoción, que dirigen a un anhelo íntimo, y no hacia la persona de carne y hueso.

Eso estaría sucediendo actualmente, en todo el mundo, con la imagen de José Mujica, el ex presidente de Uruguay.

Es indudable que el “Pepe” es una figura pintoresca. Este término designa a todo aquello —cosa o ser humano— que resulta sorprendente frente a las formas conocidas de su especie. No obstante, una silueta pintoresca nunca coincide con la realidad del objeto.

Mujica es llamativo por razones ampliamente promocionadas. Pero esas características no lo vuelven por sí mismas en un gobernante ideal. Si así fuera, nos quedaríamos en la superficie de las cosas sin entrar a considerar, qué es lo que realmente convierte a un presidente en alguien admirable: por una parte, ser honrado y auténtico en el “ser”, y no en el “parecer”.

Por la otra, mejorar las condiciones de vida del ciudadano común. Es decir, cumplir cabalmente con sus obligaciones esenciales, que son respetar la Constitución y asegurar que los mercados funcionen adecuadamente, para que cualquiera pueda progresar mediante su propio esfuerzo.

Asimismo, garantizar servicios de calidad en la educación y la salud. Y finalmente, pero no por ello menos importante, que garantice la seguridad pública. O sea, que la gente pueda andar tranquila por la calle, o en su casa, sin temer que le rapiñen o asesinen en cualquier momento.

En resumidas cuentas, un gobernante digno de admiración es aquel que respeta las limitaciones a su poder impuestas por la Constitución; que tiene honradez intelectual, lo cual significa que sus acciones no están guiadas por su interés personal sino que realmente son desinteresadas; y que deja a sus sucesor un país mejor que el que encontró.

Ahora veamos si Mujica se ajusta a esa definición o no. Es decir, analicemos si realmente es alguien excepcional dentro del mundo político, o si más allá de la pura apariencia, entra dentro del común denominador.

Con el objeto de guiar nuestras reflexiones en forma sintética, nos limitaremos a analizar su conducta con respecto a los refugiados sirios que trajo a Uruguay, con el apoyo de Naciones Unidas.

Los sirios arribaron a nuestro país la mañana del 9 de octubre de 2014, por iniciativa expresa de Mujica, que en aquel entonces todavía era presidente de la república. Es decir, ellos no pidieron para venir sino que los fueron a buscar.

El contingente estaba formado por cinco familias que estaban refugiadas en el Líbano. Mujica los recibió al pie del avión y permaneció con ellos gran parte de la tarde de ese día, con toda la cobertura mediata tanto nacional como internacional que eso significa.
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Veamos en qué contexto se realizó esta “movida” de “Pepe” Mujica. En el plano interno, a fines de ese mes se realizarían las elecciones nacionales. Las encuestas coincidían en predecir que muy posiblemente el partido de Gobierno, el Frente Amplio (FA), sería derrotado en las urnas. Además, las proyecciones indicaban que la lista 609 del MPP —que es la que identifica a los candidatos tupamaros— también perdería su supremacía dentro del FA.

En el plano externo, Mujica estaba candidateado para el premio Nobel de la Paz. Y “casualmente” por esas fechas, fueron numerosas las “iniciativas” de este tipo que anunció; algunas resultaron ser falsas, como cuando declaró que el presidente de Colombia Juan Manuel Santos le había pedido su mediación en el conflicto con las FARC, y fue desmentido por el propio mandatario colombiano.

Volviendo al plano de la política uruguaya, frente a la complicada situación de su partido, en general, y en ese sector en particular, Mujica se involucró directamente en la campaña electoral, algo que está expresamente prohibido por nuestra Constitución. Tan descarada fue su actitud, que parecería creer que tiene “patente de corso”.

Por esa razón con su “franqueza” habitual —que tanta admiración causa dentro y fuera de fronteras— declaró que la publicidad de la lista 609, en la que aparecía bajo la forma de una caricatura, “se puede interpretar” como una injerencia en la campaña, aunque advirtió que no era el responsable del spot. “Concedo, pero no tengo para nada participación directa”, dijo entonces.

Asimismo, en vísperas de las elecciones —con las cámaras de televisión siguiéndolo— les llevó a los refugiados sirios unos zapallos y unos frascos de tomate de regalo. En ese contexto declaró que esas familias estaban “inmensamente agradecidas” con el Gobierno.

Por si esto fuera poco —y obviamente que sin ningún tipo “de participación directa” del honesto Pepe— en la cuenta oficial de twitter de su sector político, @mpp609, se colgó una imagen de los niños sirios haciendo el signo de la victoria, con la siguiente leyenda: “Uruguay les da la bienvenida a las familias sirias” y en el ángulo inferior derecho la frase “El equipo de Pepe, la fuerza de la gente”, y el logo de la lista 609 cuyo primer candidato a la Cámara de Senadores era el propio Mujica. Incluso el MPP hizo pósteres con una gigantografía de esta imagen de los niños sirios.

Logró sus objetivos políticos: el FA volvió a ganar la presidencia y su sector nuevamente es el mayoritario. Lo que ha venido sucediendo desde entonces, trasluce que Tabaré Vázquez será el presidente nominal de la república, pero el que sigue teniendo el poder efectivo es Mujica. Y lo hace notar.

Pero esta historia no termina ahí. Cuando ya nadie parecía acordarse de los sirios, estos hicieron saber su sentir, con contundencia. El lunes 7 de setiembre armaron una carpa en la plaza frente a la Casa de Gobierno, donde se instalaron las familias con todas sus pertenencias. Permanecen ahí hasta el día de hoy. Con la ayuda de un intérprete realizaron una improvisada conferencia de prensa, donde declararon lo siguiente:

Quieren irse de Uruguay y volver al Líbano o incluso Siria, porque el país es muy caro, es inseguro, y “el Gobierno les mintió respecto de los sueldos que podrían obtener”, razón por la cual, creen “que no tienen futuro” aquí.

“En Uruguay la gente tiene hambre. ¿Y nos traen a nosotros acá? A mí mujer la robaron dos veces, y le pegaron. A otra de las mujeres también le robaron y le pegaron. Así no se puede vivir”, declaró uno de los sirios.

Sostuvieron que “El país no sirve para refugiados. El pueblo uruguayo es muy bueno, muy buena gente, pero primero que ayuden a su pueblo, que tiene problemas”.

El expresidente Mujica fue consultado sobre esta situación, con desdén culpó a los organismos internacionales que colaboraron para traerlos y afirmó —como si estuviera refiriéndose a alguna clase de mercancía— lo siguiente: “Pedí campesinos y me trajeron clase media relativamente acomodada”.

En consecuencia, no hay duda que Mujica es pintoresco, pero… ¿alguien a quien admirar?

Hana Fischer Hana Fischer

Hana Fischer es uruguaya. Es escritora, investigadora y columnista de temas internacionales en distintos medios de prensa. Especializada en filosofía, política y economía, es autora de varios libros y ha recibido menciones honoríficas. Síguela en @hana_fischer.