Hipocresía del presidente uruguayo Tabaré Vázquez con su “gobierno de cercanía”

A eso hay que agregarle que paulatinamente las libertades civiles están siendo recortadas y que los delincuentes se están adueñando del país

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Hipocresía del presidente uruguayo Tabaré Vázquez con su “gobierno de cercanía” (Twitter)

Los presidentes izquierdistas latinoamericanos se han caracterizado por su deseo de “refundar” a sus respectivos países. Parecerían estar convencidos de que con ellos “comienza la historia”.

Animados de ese espíritu, modifican gran parte de los signos materiales e inmateriales que identifican a esa nación. Desde esa perspectiva, el que llegó más lejos fue  Hugo Chávez, que incluso le cambió el nombre a Venezuela.

Uruguay no se salva de esa dinámica. Sin embargo, aquí se realiza con la mesura que caracteriza a  la idiosincrasia nacional.

El primer presidente izquierdista que tuvo Uruguay, fue José Batlle y Ordóñez. Dirigió los destinos de nuestro país en forma directa durante sus dos mandatos (1903-1907; 1911-1915), e indirectamente mediante la influencia de sus ideas en gran parte del siglo XX  y lo que corre del XXI. Fiel a su carácter, mientras gobernó propulsó un cambio profundo en la estructura nacional que incluyó una reforma constitucional.

No sabemos por qué se suele designar a Tabaré Vázquez como el primer mandatario izquierdista que tuvo Uruguay, porque desde que el batllismo se impuso como ideología -salvo por lapsos muy breves- nuestro país siempre fue socialista. Se ubica dentro del denominado socialismo democrático.

Pero lo cierto, es que el Frente Amplio (FA) tuvo éxito en adosarse la etiqueta de “izquierda”. Dado que como ya dijimos, durante la mayor parte de la historia uruguaya esa línea de pensamiento fue la dominante, la única alternativa que queda para esa designación, es que el FA encarne al socialismo no democrático o autoritario. La duda siempre ha estado presente.

Vázquez ganó su primera presidencia en 2005. Los medios de la época –a nuestro juicio con muy poco sentido crítico o conocimiento de causa- titularon en sus portadas: “la Izquierda gana por primera vez el poder en Uruguay”.

Tabaré estaba feliz de ponerse ese “sayo”. En consecuencia, de inmediato realizó una serie de cambios que manifestaran “visualmente” el “nacimiento de una nueva era y forma de gobernar el país”. Emulando a los jacobinos con el calendario  que impusieron en su etapa de la Revolución Francesa, en el sentir de los gobernantes del FA, el 2005 pasó a ser el “Año Uno”.

Una de las modificaciones “visuales” dispuestas por Vázquez, fue la de trasladar de vez en cuando al Consejo de Ministros a una ciudad del interior, con el fin de “dialogar” con los vecinos. El eslogan para estos aparatosos movimientos publicitarios de todo el gabinete es, “Un gobierno de cercanía”.

El formato es el siguiente: en la primera hora de estos “Cabildos abiertos”, cada ministro informa sobre su gestión a los presentes. Y en la segunda, el mandatario contesta preguntas, propuestas o planteos de los pobladores.

Vázquez ha declarado que para él la importancia de estos eventos estriba, en que le permiten conocer de primera mano lo que piensan, sienten y necesitan los habitantes. “La realidad no es la que cuentan los políticos, ni los medios ni las encuestas, es la que vive la gente en el día a día”- ha expresado en más de una ocasión.

Esa práctica la ha continuado en su segunda presidencia (2015 – 2020).  Hasta ahora ha realizado 25 de esos eventos.

Durante la primera (2005-2010) –cuando el país se recuperaba de la gran crisis de 2002 y los precios de los commodities se habían ido por las nubes- esta actividad se desarrolló según las expectativas de Vázquez. Más que “cabildos abiertos”, esas reuniones se asemejaban a un acto protocolar oficial. Es decir, mucha zalamería hacia las autoridades y preguntas o demandas poco incómodas.

Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde entonces. Hace ya 13 años que el FA gobierna y por tanto, los problemas del país no pueden ser achacados a una “herencia maldita” sino a las políticas que se han venido aplicando. A eso hay que agregarle que han bajado pronunciadamente los precios internacionales de nuestros productos de exportación. Ergo, entra menos dinero. La consecuencia es que ahora son notorias las “rocas del fondo” que hacen encallar a las empresas; anteriormente,  la “marea” de la abundancia las ocultaba.

Hay mucho malestar con el gobierno. Sobre todo, de parte de los sectores productivos que ven cómo les suben incesantemente tributos y las tarifas de los servicios públicos estatales monopólico, para satisfacer a un voraz e insaciable Estado. Además, constantemente la prensa informa de despilfarros inexcusables de los dineros públicos, uso abusivo de los mismos e incluso, de corrupción.

A eso hay que agregarle que paulatinamente las libertades civiles están siendo recortadas y que los delincuentes se están adueñando del país. Las autoridades parecen incapaces de ponerle coto al delito. En 2018 se ha disparado la tasa de homicidios y atracos violentos.

A eso hay que agregarle, que no hay una rendición de cuentas seria acerca del modo en que se gasta el dinero de los contribuyentes en planes sociales. No hay investigaciones sobre ese tema que respondan a estas preguntas básicas: ¿Cuáles son sus objetivos (que deben ser cuantificables)? ¿Fueron alcanzados? ¿Hay una utilización eficaz y eficiente de los recursos? ¿Habría otras vías de acción más efectivas para lograr la meta de disminuir REALMENTE la pobreza?

¿O esos planes sociales están diseñados para “embellecer” a las estadísticas y fomentar el clientelismo?

Parece que la expresión “planes sociales” es capaz de acallar cualquier crítica porque invocando esa abstracción, todo estaría justificado.

Por todas estas razones, los recientes “cabildos abiertos” se están acercando más a su esencia histórica:

Ahora los vecinos abuchean al Ministro del Interior cuando dice que el delito ha bajado cuando se sabe que no es así. Además, realizan reclamos que van al fondo de los problemas nacionales.

Un niño, cuando le otorgan la palabra, le dice a Vázquez: “Te iba a preguntar si es verdad que tu casa es una mansión”. La respuesta del presidente provocó indignación: Mi casa “es como la de los uruguayos”…

Otro niño le preguntó “¿Por qué la gente que no trabaja tiene más beneficios que la que trabaja?”.

Frente a esas situaciones que incomodaron a Vázquez, este decidió que su “gobierno de cercanía” sufriría algunas modificaciones. Entre ellas, que el lugar donde se realicen los “cabildos abiertos” esté vallado y custodiado por policías.

Se controló quiénes podían entrar a la carpa donde se desarrolló el más reciente, con el fin de que no hubieran “cosas imprevistas desagradables”. En adición, se estableció una zona de exclusión que separaba al evento oficial de la zona donde estaban los que protestaban –unas 2.000 personas- contra el gobierno. El presidente entró por ese lugar y fue directo a la carpa donde lo esperaban el resto de los ministros; en todo momento evitó cruzarse con los manifestantes.

Un dron del Ministerio del Interior sobrevoló la manifestación. En cambio a la gente que protestaba, se le prohibió utilizarlos para filmar lo que sucedía.

Una vez adentro de la carpa, Vázquez se movió con soltura dado que le constaba que esta vez nada se saldría del libreto. Incluso, unos escolares bailaron para los presentes. En ese ambiente idílico, atendió los “reclamos” de los vecinos.

Vázquez cerró el “cabildo abierto” destacando el “gran acto democrático” desarrollado… y salió por la zona de exclusión montada…

 

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