Macri, ¡hacele caso a Benegas Lynch!

Argentina está al borde del abismo. ¡Otra vez!

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Macri, ¡hacele caso a Benegas Lynch! (Archivo)

Si no fuera socialmente tan dramático su círculo vicioso -populismo, aparente prosperidad que conlleva un corolario de colapso económico / financiero total- sería hasta aburrido ver repetidamente la misma “película”. ¡El final ya lo conocemos de memoria!

Lo que está ocurriendo en la hermana nación es especialmente descorazonador, dado que después de los gobiernos cleptocráticos-autoritarios de la dinastía Kirchner, el triunfo de Mauricio Macri trajo esperanza de que la situación se iba a enderezar.

Una cleptocracia es un régimen político regido por ladrones. Su aparición depende de que se den ciertos requisitos: que la ética nacional se haya debilitado en grado sumo, lo cual se traduce en que la ciudadanía no condena enérgicamente las prácticas corruptas de sus autoridades. Por el contrario, mientras parezca que se puede beneficiar de las políticas públicas que arbitrariamente les quitan a unos lo que es suyo para “regalárselo”, mira para el costado.

Un editorial de “Analítica” hace observaciones muy precisas sobre este tipo de regímenes:

“(Los) gobiernos populistas y personalistas se convierten en cleptocracias para mantenerse indefinidamente en el poder. Lo que en un principio pudo parecer como gobiernos destinados a resolver la desigualdad social e implantar mecanismos de mayor participación ciudadana se transforman en mecanismos para expoliar a esas sociedades en beneficio de la nueva clase dirigente.

Las cleptocracias logran, al principio, cierto éxito porque usan indiscriminadamente los recursos del Estado para debilitar las instituciones y acallar toda forma de resistencia política mediante la técnica de dividir para reinar y, sobre todo, a través de la compra de conciencias que se hacen la vista gorda ante los desmanes de esos regímenes”.

Esas líneas parecerían concebidas para describir a la Argentina kirchnerista. Pero si miramos un poco más atrás, también cuadran a la perfección para retratar a los dos gobiernos de Juan Domingo Perón.

La tragedia argentina siempre ha desembocado en suba incontrolable del dólar, hiperinflación, quiebra de empresas, desempleo masivo, drástico aumento de la pobreza y la indigencia, saqueos, inestabilidad política, apropiación estatal de los ahorros de la gente… O sea, las siete plagas de Egipto.

Una vez que se toca fondo, aparece un nuevo “mesías” que mediante prácticas muy cuestionables, tanto desde el punto de vista económico como ético, “saca” a la Argentina adelante. De inmediato, la población olvida las lecciones del pasado y apoya al “salvador” de turno.

Y así comienza un nuevo ciclo de populismo autoritario, auge económico y posterior colapso en todos los órdenes de la vida comunitaria.

Ahora está Macri. Los ojos están puestos en él. ¿Cuál será su reacción? ¿Repetir los errores cometidos por sus antecesores? ¿Actuará por reflejo condicionado frente a las críticas mal intencionadas de muchos opositores, una reacción que conduce al abismo?

Desde que asumió hasta ahora, su respuesta a la grave situación que heredó de los Kirchner, especialmente de Cristina, no ha sido la más adecuada. Aunque algunas cosas hizo bien porque enderezó muchos entuertos. Entre ellos, podemos mencionar los siguientes:

  • A poco de asumir, eliminó el cepo cambiario que había sido impuesto cuatro años atrás.
  • En agosto de 2016, ante la presencia de los principales directivos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), suscribió la Declaración de Chapultepec. Por consiguiente, reestableció la plena vigencia de las libertades como elementos esenciales del sistema democrático. Ergo, respaldó la doctrina de que “No hay personas ni sociedades libres sin libertad de expresión y de prensa. El ejercicio de ésta no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo”.
  • Reestableció la seriedad y rigor profesional dentro del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC).
  • Eliminó rispideces con los países vecinos. Por ejemplo, con respecto a Uruguay, puso fin a la guerra comercial sucia llevada adelante por Cristina, aboliendo la prohibición de que buques argentinos realizaran trasbordos en puertos uruguayo.
  • Según Transparencia Internacional, la percepción de corrupción viene descendiendo en ese país. En el ranking 2018, Argentina se situó el No. 85 sobre 180 naciones analizadas. Mientras que en el 2014 –último año de la administración Kirchner- se ubicaba en el puesto No. 107 entre 174 países analizados.

No obstante, las medidas anunciadas por Macri para tratar de detener la “tormenta perfecta” que se avecina, fueron desconcertantes. Al principio pareció decidido a tomar al toro por las guampas y poner en práctica la ética de la responsabilidad, al anunciar que iba a eliminar diez ministerios para bajar el colosal gasto estatal.

Sin embargo, el optimismo duró poco. ¿Por qué? Porque no se trata de una disminución real sino de un maquillaje porque conservará a la casi totalidad de los funcionarios. De lo que comunicó, lo único real y tangible es, el aumento de las retenciones y los impuestos. O sea, más de lo mismo…

Macri parece no terminar de comprender que el Estado no es la solución sino el problema. Debería seguir los pasos del expresidente norteamericano Ronald Reagan que lo tuvo claro y lo puso en vigor, liberando de ese modo al potencial creador de los individuos. El resultado fue impactante y Estados Unidos volvió a ser una gran nación.

¿Por qué no hace lo mismo Macri en su país?

Las perspectivas se presentan negras para Argentina y daría la impresión de que su nefasta historia volverá a repetirse una vez más. No se avizora una solución que vaya a funcionar en los hechos.

Sin embargo, en una “Carta abierta al Presidente”, Alberto Benegas Lynch (h)  le indica el único camino que a estas alturas le queda disponible, para lograr sortear con éxito esta crisis. En la misiva expresa:

“(Esta carta) Está inspirada en el deseo que comparto con muchos argentinos de que tenga el mayor de los éxitos en su gestión, no sólo por tratarse de usted sino por los graves riesgos que el país corre si resurgen las tendencias que han dominado durante las últimas siete décadas, muy especialmente durante la última que ha acentuado notablemente la decadencia moral y material de nuestro medio.

Su Gobierno no ha procedido con la firmeza necesaria para rectificar el rumbo y se ha mantenido en la misma pendiente del pasado por más que sus intenciones y las de sus colaboradores hayan sido las mejores […] Como usted sabe, lo relevante son los resultados y no las explicaciones”.

En consecuencia, le aconseja a Macri:

“Concretamente propongo que usted declare de inmediato que se abstiene de presentarse a la reelección y postule a una candidata o candidato de su preferencia, anuncie medidas espectaculares que se han sugerido para revertir la situación al efecto de volver a ganar la confianza de sus compatriotas que creen en las virtudes de la sociedad abierta y oxigene su gabinete.

Que resulte claro que usted no está dispuesto a consumir tiempo y energías en campañas electorales. De este modo usted será juzgado como un estadista que se preocupa y ocupa de resolver los problemas que nos aquejan y podrá usted presentarse con gran éxito en una futura contienda presidencial”.

¿Seguirá Macri este sabio consejo?

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