La inmoral ética del partido de gobierno uruguayo

El oficialismo uruguayo clama poseer el monopolio de la ética. Un repaso por los gobiernos del Frente Amplio, no obstante, nos empuja en la dirección opuesta

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La inmoral ética del partido de gobierno uruguayo (Fotomontaje PanamPost)

El Frente Amplio, que se promociona como la ética personificada, gobierna en Uruguay desde 2005.

Javier Miranda – presidente del partido oficialista – afirma que para “el Frente Amplio la ética en la gestión política es central e históricamente ha marcado la cancha en términos éticos en la conducción política”.

La “Propuesta Bases Programáticas 2020 – 2025” para un eventual cuarto gobierno consecutivo del Frente Amplio expresa que “la ética como principio, como conducta, como compromiso […] La ética es el principal pilar de un gobierno de izquierda. Nuestra historia ha mostrado que el Frente Amplio ha sido y es celoso y severo guardián de sus principios”.

El término “ética” está presente en los discursos el partido gobernante. La ética, no obstante, es “moral vivida”: surge de los hábitos de una persona o grupo político, manifiesta su carácter.

Si el discurso coincide con la conducta,  estamos entonces en presencia de coherencia y autenticidad. Lo contrario, es hipocresía.

Dado que el Frente Amplio cuenta con catorce años de gobierno, hay abundante material para juzgar su comportamiento. La realidad, empero, no parece pasar el rigor ético que predica Miranda. Los ejemplos no escasean.

Ante la feroz dictadura imperante en Venezuela, el expresidente José “Pepe” Mujica ha hecho pública su intención de desvincularse de tal tragedia humana. “Hago un llamado al silencio porque lo que está ocurriendo ahora no es lo que más le conviene al pueblo venezolano”, afirmó. “Es mejor respetar su soberanía y que siga Maduro a lo que puede venir […] Hay demasiado ruido mediático con Venezuela y yo les recomiendo no intervenir tanto desde afuera […] Yo aprendí una lección, no meterse de afuera”.

Sin embargo, durante las elecciones de Argentina del 2015 se manifestó por Daniel Scioli, el candidato oficialista y heredero del kirchnerismo.

Mujica también intervino en los asuntos internos de Brasil. Cuando Dilma Rousseff estaba siendo sometida al constitucional proceso de impeachment, participó en un acto en su apoyo.

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva – tras un proceso judicial con todas las garantías – está en prisión acusado de corrupción. Mujica lo visitó en la cárcel para manifestar ostensiblemente su apoyo y procedió luego a realizar un encendido discurso en su defensa, en el que sostuvo que  Lula es un “perseguido político”.

No obstante, en el libro Una oveja negra al poder (Andrés Lanza y Ernesto Tulbovitz, Sudamericana, 2015) el exmandatario uruguayo admite que Lula le confesó que debió lidiar con “muchas cosas inmorales y chantajes” durante sus años como presidente de Brasil, dado que “esa era la única forma de gobernar”.

Por su parte, el canciller Rodolfo Nin Novoa expresa que intervenir en los asuntos de otros Estados “es absolutamente contrario a la vocación nacional […] Nuestro país ostenta una orgullosa tradición principista en la materia”,  acuñada en la frase “para el Uruguay la palabra ‘intervención’, es una palabra maldita”.

Con todo, en un comunicado oficial Nin Novoa califica a la destitución de Rousseff como “una profunda injusticia” a pesar de “la legalidad invocada”. Es más, cuando las encuestas daban como ganador a Jair Bolsonaro – flamante presidente de Brasil – manifestó su deseo en la dirección opuesta.  «Esperemos que las encuestadoras le erren”, aseveró.

Otra muestra del carácter del partido de gobierno está referida a la corrupción. Hace un año y medio la prensa reveló que Raúl Sendic – exvicepresidente de la República – había usado la tarjeta corporativa para gastos personales mientras encabezó la presidencia de la petrolera estatal Ancap.

La reacción de sus camaradas procedieron a defenderlo en bloque, aduciendo que con esas denuncias “los medios y la oposición desestabilizaban la democracia”.

Más tarde, aparecieron acusaciones de la misma naturaleza referidas esta vez a Leonardo De León, senador frenteamplista, por el uso que les dio a las tarjetas corporativas cuando era presidente de la empresa estatal ALUR.

Al Frente Amplio le fue imposible separarse del escándalo. Tanto, que su propio Tribunal de Conducta Política emitió en julio de 2017  un dictamen en el que expresaba que la actuación de Sendic “no deja dudas de un modo de proceder inaceptable en la utilización de dineros públicos”.

En esta línea de acción, un informe  del mismo ente, emitido en agosto de 2018, señaló que De León “cometió múltiples actos indebidos en perjuicio de ALUR y del interés y patrimonio públicos”, al ser incapaz de justificar gastos por 22.000 dólares realizados con las tarjetas corporativas.

A pesar de ello, ni Sendic ni De León fueron expulsados del Frente Amplio.

En mayo de 2018, Sendic fue procesado por reiterados delitos de peculado y abuso de funciones mientras estaba al frente de Ancap. En el fallo, la jueza de Crimen Organizado Beatriz Larrieu expresa que “hizo un uso indebido del dinero” al destinarlo a “gastos personales”, (equivalentes a 550.000 pesos uruguayos y  38.000 dólares paralelamente) en hoteles, librerías y joyerías, entre otros. De esta suma, Raúl Sendic devolvió apenas 138 dólares. El Tribunal de Apelaciones acaba de confirmar esta sentencia.

Con respecto a De León, la Junta de Transparencia y Ética Pública (JUTEP) cuestionó en abril de 2018 que el senador usara las tarjetas corporativas para realizar compras por 30.677 dólares y  868.560 pesos uruguayos, a pesar de haber recibido viáticos por más de 60.000 dólares – por los que nunca hizo devoluciones ni rindió cuentas. La JUTEP afirma que De León violó “las normas en materia de probidad, rectitud, legalidad, implicancias, buena administración financiera, rendición de cuentas, y prohibición de uso indebido de fondos”.

Pero el Frente Amplio no reaccionó y los mantuvo dentro de sus filas.

Recién ahora que se avecinan las elecciones nacionales de 2019, parecería que a la izquierda le vino el prurito ético. En realidad, sus integrantes tomaron conciencia de que podrían perder los beneficios asociados al poder que ahora disfrutan si el Frente Amplio no vuelve a ganar. Ergo, decidieron “castigar” a los corruptos.

El lector se equivoca si piensa que Sendic y  De León fueron expulsados del conglomerado de izquierda, como dictaría una genuina adhesión a los principios éticos. La “sanción”, que consistió en inhabilitar a Sendic y al senador De León durante el período electoral,  es una tomadura de pelo a la ciudadanía.

Al que sí expulsaron sin ningún miramiento fue a Luis Almagro, secretario general de la OEA. Tan estridente fue esa paradoja ética que Iberoamérica Portal de Noticias señaló que para el Frente Amplio “los delitos de abuso de funciones y peculado por los que la Justicia procesó a Sendic, fueron entendidos como menos graves que la posición de Almagro sobre el gobierno de Venezuela”.
“Resolvieron expulsarlo por su continua prédica en contra de la dictadura de Nicolás Maduro, régimen al que el oficialista Frente Amplio se niega a condenar”, concluye.

Danilo Arbilla,  periodista galardonado por su defensa a la libertad, expresa que el partido de gobierno considera que Almagro “violó los máximos principios de su partido al manifestar que no se puede descartar una intervención militar en Venezuela, en defensa de los derechos humanos de los venezolanos”.

El periodista agregó además que “el gobierno de izquierdas uruguayo ha sido uno de los permanentes defensores del régimen chavista, al que no ha condenado jamás por sus violaciones de los derechos humanos y civiles. En esa línea, por supuesto, tampoco ha respaldado a Almagro en sus continuas denuncias contra el gobierno de Nicolás Maduro, y solo alza la voz ahora cuando el secretario general de la organización interamericana, ante la pregunta de un periodista, admitió ‘la opción militar para poner fin a la dictadura de Maduro’”.

Según Arbilla, “la tesis […] es que con esto el Frente Amplio y el gobierno uruguayo le quiere hacer un nuevo favor al régimen de Maduro, con el que mantiene una extraña relación de extrema solidaridad. En más de una oportunidad la oposición ha propuesto comisiones investigadoras para asuntos específicos de negocios con Venezuela y de gente vinculada por diferentes motivos al gobierno y éstas no han prosperado. La coalición de izquierdas que tiene mayoría parlamentaria se ha opuesto. ‘Con Venezuela se cuidan mucho porque debe haber mucho para investigar’, me dijo un senador de la oposición”.

Conclusión: queda bien claro el tipo de “ética” que practica el gobernante Frente Amplio…

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