La prensa independiente fortalece a la democracia

La prensa libre juega un rol imprescindible en la construcción de democracias sólidas y duraderas, como demuestra el caso uruguayo

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Una verdadera democracia se construye de la mano de la prensa libre. (Foto: Flickr)

La prensa informando con independencia, ¿fortalece o debilita a la democracia? Y si una nación está en las garras de una brutal y corrupta dictadura, ¿debería autocensurarse y no publicar aquella información que pueda perjudicar a los que están luchando contra la tiranía?

Están preguntas son pertinentes porque no suele entenderse el papel invalorable que la prensa libre cumple a favor de una democracia de calidad. Además, que su responsabilidad es exclusivamente hacia el ciudadano y no hacia los políticos ni los empresarios ni los sindicatos ni cualquier otro agente de poder.

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¿Por qué?

Etimológicamente hablando, «democracia» proviene del griego y significa que «el poder debe estar en el pueblo» (demos: pueblo, kratos: poder). Por otra parte, se sabe que la información es poder. Ergo, la fidelidad de un medio de prensa debe ser hacia el público y no en acallar su voz para complacer otros intereses. Ni siquiera cuando lo que va a publicar podría perjudicar a un demócrata cuando en la vereda de enfrente hay tiranos.

Quizás, esto sea difícil de entender (y aceptar). Sin embargo, la experiencia indica que es el camino idóneo para restablecer o fortalecer la fe ciudadana en las instituciones republicanas.

Cuando en 1985 Uruguay recién salía de la dictadura, a las autoridades democráticas de esa época les molestaba que se publicaran cosas negativas acerca de su gobierno. Aducían que la situación política en el país aún era muy frágil y por tanto, no era conveniente «decepcionar» a la población porque eso podría alentar a que los militares volvieran al poder.

A pesar de las presiones, la prensa independiente siguió cumpliendo su labor: informando sobre aquellas cosas de relevancia pública. ¿Cuál fue el resultado?

La democracia uruguaya no se debilitó, sino que, por el contrario, se fortaleció cada vez más. El quehacer de los medios independientes ha permitido que ella se vaya continuamente depurando de sus peores elementos. Asimismo, ha contribuido a que en las elecciones, el ciudadano emita su voto con conocimiento de causa. Es decir, sabiendo realmente a quién vota y no bajo engaño.

Desde esa perspectiva, la prensa independiente contribuye a mejorar la calidad democrática porque un voto desinformado no es verdaderamente un voto libre.

Más cercano en el tiempo, tenemos el caso del informe del PanAm Post sobre presuntos actos de corrupción en Cúcuta, realizados por funcionarios del presidente encargado Juan Guaidó.

Como se recordará, el PanAm Post publicó una investigación realizada por Orlando Avendaño, su co-editor en jefe, titulada «Enviados de Guaidó se apropian de fondos para ayuda humanitaria en Colombia». Allí se exponen posibles manejos dolosos por parte de personas allegadas al partido de Guaidó del dinero que estaba destinado a la manutención de los militares venezolanos que, obedeciendo a su llamado, desertaron a Colombia.

Esa información molestó a muchos de los que están luchando para que Venezuela pueda retornar a cauces democráticos. Consideran que el Panam Post torpedeó sus esfuerzos, brindándole armas al usurpador Nicolás Maduro y sus acólitos para atacarlos.

Razonar de ese modo es perder de vista el proceso mediante el cual Venezuela cayó en la garras de Hugo Chávez. Su triunfo fue posible porque la gente estaba indignada con la corrupción galopante que teñía a los gobiernos de adecos y copeyanos. Chávez sedujo con un discurso populista que, entre otras cosas, prometía erradicar la corrupción.

También es bueno tener presente que el declive venezolano en la era prechavista –tanto moral como económico–, comenzó en 1976, cuando el expresidente Carlos Andrés Pérez nacionalizó al petróleo. Desde entonces, todo fue cuesta abajo, y la corrupción alcanzó proporciones nunca antes vistas (luego los chavistas rompieron todos los récords a nivel mundial).

Una muestra de ello es que mientras la industria petrolera estuvo manejada por capitales privados, la mayoría extranjeros, había prosperidad en Venezuela. Eso se demuestra por la estabilidad en la cotización del bolívar frente al dólar y su gran poder de compra frente a esa divisa. Por prácticamente 20 años (1961-1983) el cambio se mantuvo a 4,30 bolívares por dólar.

Con la nacionalización, crecieron exponencialmente tanto el gasto estatal como la deuda pública y la corrupción. Chávez profundizó ese camino mediante sus medidas estatistas y confiscatorias.

Ergo, cuando se está pensando en desplazar al régimen chavista, es oportuno tener presente los factores que condujeron al infierno actual.

Por tanto, si la corrupción imperante fue la causa principal del advenimiento de las siete plagas que azotan a los venezolanos, es importante que Guaidó pruebe que es honesto. Y si el socialismo fue lo que la exacerbó, que no lo olvide y erija al nuevo gobierno sobre bases diferentes.

Según BBC mundo, «gran parte de la popularidad que según las encuestas alcanzó el joven dirigente de Voluntad Popular se debió a las promesas de regeneración y limpieza con que sedujo a muchos venezolanos».

En ese contexto, la prensa independiente tiene un rol esencial que cumplir. ¿Por qué? Porque no hay nada que fortalezca más a una democracia que el debate vigoroso de los asuntos comunitarios. La información periodística expone con seriedad lo que circula de boca en boca y, además, permite que los involucrados den su versión de los hechos. Es decir, contribuye a clarificar asuntos de turbia apariencia. Esto es relevante porque no hay nada que destruya más la confianza de la gente en sus gobernantes o líderes que los rumores.

Eso es precisamente lo que estaba aconteciendo con respecto a los fondos manejados por los representantes de Guiadó en Colombia. Avendaño señala que «En Cúcuta sucede algo. Desde hace bastante. Hay mucho ruido. Se acusan entre todos y fluye demasiada información, que suena inverosímil, y que no se ha confirmado. Me ha llegado. Que esto pasó, que la plata rodó por acá, que acá se gastó esto y esta persona se compró un apartamento con lo que se ganó acá, que los militares reclaman, que el cheque, que el embajador, que qué bolas».

«Muchos están indignados con un caso que parece etéreo, difícil de palpar. Pero basta con escudriñar un poco para saber que no hay solo ruido y que las acusaciones no se alejan tanto de la realidad. ‘Es muy desagradable’, me dicen».

Al publicar el PanAm Post ese artículo, posibilitó que Guaidó probara qué clase de líder es y que se clarificaran muchas cosas.

Para empezar, demostró decencia y que es una persona recta. No negó las acusaciones sino que en menos de 24 horas de conocida la información, mediante un comunicado aseguró que «todos los señalados en el caso se han separado de sus responsabilidades mientras dura la investigación». Además, designó a un contralor y llevó el debate al Parlamento. Tal como expresa Avendaño, «un caso turbio de corrupción parece convertirse en una oportunidad única para que Juan Guaidó salga fortalecido y demuestre su severidad ante aquellos que se desvían de la causa que respaldamos todos los venezolanos».

Asimismo, brindó la oportunidad para que el entorno de Guiadó pudiera aclarar, que su gobierno «no tuvo un manejo directo sobre los recursos y donaciones recibidas a lo largo de estos meses […] Todos los fondos de ayuda humanitaria han sido manejados y ejecutados directamente por las propias agencias multilaterales o por ONG especializadas en la materia».

Por tanto, los ejemplos expuestos de Uruguay y Venezuela demuestran que la prensa independiente no debilita a los esfuerzos democráticos sino que por el contrario, los fortalece.

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