Inexactitudes sobre elecciones uruguayas propulsadas por la prensa extranjera

La prensa internacional a menudo ha cometido errores, o, al menos, imprecisiones, al hablar de las elecciones presidenciales en Uruguay

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La llamada «coalición multicolor» celebra la victoria de Lacalle Pou. (Foto: Flickr)

En Uruguay hubo elecciones nacionales. El 27 de octubre se eligieron senadores y diputados dado que ningún partido alcanzó los votos necesarios para conquistar la presidencia. El gobernante Frente Amplio obtuvo tan solo el 39 % de los sufragios. El 57 % restante fue para otros partidos y alrededor del 4 % fue en blanco o anulado.

Un dato no menor, es que un porcentaje importante de los votantes de los estratos más bajos (que en el pasado se habían inclinado por el expresidente José Mujica) en estas elecciones optaron por otros partidos. Especialmente por Cabildo Abierto, una novel agrupación cuyo líder es Guido Manini Ríos, excomandante en Jefe del Ejército.

Si se considera que el Frente Amplio, de la mano del presidente Tabaré Vázquez, utilizó en beneficio propio innumerables recursos estatales para aferrarse al poder, más contundente resulta la “paliza” electoral que recibió el oficialismo.

El 24 de noviembre fue el ballotage entre el candidato oficialista Daniel Martínez y el opositor Luis Lacalle Pou. Ganó el segundo por una diferencia de 37. 042 votos (1,5 %).

A grandes rasgos, esos son los datos objetivos.

Sin embargo, en general, la prensa extranjera presentó la situación bajo un “colorido” diferente. Por tanto, en cierta manera, transmitió a sus lectores una versión distorsionada del resultado de las elecciones.

Nos enfocaremos en las informaciones brindadas por el Financial Times y El País  (España) por ser representativas. Mostraremos la forma en que presentan los datos contrastándolos con la realidad. Vale la pena aclarar que el norteamericano es mucho más preciso que el español.

Comenzaremos por analizar algunos términos que ambos medios utilizan sin asidero. El más chocante es definir a Manini de “extrema derecha”. ¿En que se basan para catalogarlo de esa forma? ¿Repiten “etiquetas” acríticamente? ¿Es por un perjuicio dado que es militar?

Pasemos a confrontar la “etiqueta” que le endilgan a Manini con los hechos puros y duros para demostrar su falsedad.

Para empezar, Manini Ríos fue designado Comandante en Jefe del Ejército por el “Pepe” Mujica, que como es sabido, pertenece a la izquierda radical y pretende llevar al Uruguay, paulatinamente, hacia el comunismo (socialismo real), aunque los extranjeros se obstinen en no querer reconocerlo. Manini estuvo en ese cargo desde 2015 hasta pocos meses antes de estas elecciones. Durante todo ese tiempo contó con el apoyo decidido del expresidente.

Además, Manini y Mujica comparten la admiración por Alberto Methol Ferré. Dicho pensador fue uno de los fundadores del Frente Amplio y asesor de Líber Seregni, cabeza de la izquierda durante décadas. Asimismo, apoyó la candidatura de Mujica en 2009.

Otro dato revelador, es que Methol Ferré también es referente intelectual de la organización Centro de Estudios Nuestroamericano Chávez-Kirchner (CENACK). Con esa denominación, es claro que, en caso de que Manini fuera realmente un “ultra”, sería de izquierda pero nunca de derecha.

Por otra parte, Mujica ha declarado que es posible que Manini Ríos sea un aliado en algunos temas con su partido, el Movimiento de Participación Popular (MPP). Destacó que a pesar de algunas diferencias que tienen, comparten la “visión latinoamericanista”.

En consecuencia, es posible observar que la “etiqueta” de “extrema derecha” es arbitraria, puesta sin el necesario rigor profesional.

La corresponsal de El País de España en Uruguay, Magdalena Martínez, fue más allá al aseverar que la agrupación de Manini “ha defendido a los torturadores de la dictadura uruguaya (1973-1984) y es abiertamente homófoba y antifeminista” y lo asimila al presidente brasilero Jair Bolsonaro.

Esas afirmaciones son directamente falsas. Tal como señala un editorial de El País de Uruguay, “no hay ni un elemento concreto para afirmar nada de esto. Manini nunca ha dicho ser admirador de Bolsonaro (tiene un vínculo con su vice, de tiempos militares), sino que ha dicho en más de una ocasión tener diferencias importantes con él. Jamás defendió a ningún torturador ni a la dictadura, más bien todo lo contrario. Y menos se ha declarado homófono ni antifeminista. En la web de El País (Uruguay) hay un video de Manini hablando con activistas proaborto, donde deja claro ese dislate. Por algún motivo, la pluma de ese medio no lo vio, o no quiso verlo”.

Otra inexactitud es afirmar que la coalición armada por Lacalle Pou es “conservadora” o de “derecha”. Lo real, es que está integrada por partidos de diferentes orientaciones, incluso algunos pertenecientes a la izquierda democrática (el Partido Independiente).

El Financial Times dice que entre los logros del Frente Amplio se cuenta haber reducido la pobreza y la desigualdad. Pero es una verdad a medias, dado que toma como punto de partida el año 2002, que fue el de una gran crisis económica y financiera, más la aparición de la aftosa (uno de nuestros principales rubros de exportación es la carne vacuna), ambas calamidades “importadas” de Argentina. O sea, una base anormalmente baja. Lo real, es que históricamente Uruguay ha sido una isla en Latinoamérica por el grado de igualdad que ostenta su sociedad. Desde que hay estadísticas en este país que midan el Índice de Gini (1986), los números muestran que no hay mayor diferencia entre lo que ha sido la norma y lo logrado por el Frente Amplio (2005-2019).

De acuerdo a la información del Banco Mundial, la mejor performance del Frente Amplio en esta área fue en 2017 (último dato conocido) que obtuvo una puntuación de 39,7. Esta es una cifra muy similar a la de 1992 cuando fue de 40,08, con la gran diferencia de que no hubo por medio ningún período excepcional de precios de nuestros productos de exportación.

Otra inexactitud consiste en expresar que el resultado del ballotage fue “inédito por la igualdad” cuando por el contrario, ha sido bastante habitual.

Resultados ajustados desde 1922 (que es cuando la ciudadanía pasó a elegir por voto directo al presidente de la república) hubo en seis ocasiones. Incluso, con una diferencia mucho menor a la del ballotage de este año: en 1922, la distancia entre el primero y el segundo fue de tan solo 7199 votos; en 1926, de apenas 1526; en 1930, de 15 185; en 1971, de 12 802; en 1994, de 23 000.

Lo que sí fue inédito es que el candidato derrotado no reconociera esa misma noche el triunfo de su opositor.

Otra tergiversación es decir -como hace El País de Madrid- que ese día Lacalle Pou “no esperó a la Corte y el domingo por la noche se proclamó ganador”. La verdad es exactamente la contraria: tuvo la prudencia de no hacerlo y cuando sus simpatizantes le coreaban “¡presidente!”, les respondía: “lo dicen ustedes, yo no”.

También se sostiene que el Frente Amplio sigue siendo el partido mayoritario. No es así porque es una coalición. Incluso, ha utilizado diversos nombres: Encuentro Progresista (1994- 2004); Nueva Mayoría (2004) y Frente Amplio (1971-1994; 2005 hasta la actualidad).

La coalición de izquierdas está integrada por varios partidos: Asamblea Uruguay, Partido Socialista,  Partido Comunista, Alianza Progresista, Vertiente Artiguista, Nuevo Espacio, Partido Por la Victoria del Pueblo, Partido Obrero Revolucionario, Socialista de los Trabajadores (ex-PRT) y otros grupos menores. No se llevan muy bien entre ellos; lo que los mantenía unidos era el ansia de poder. Pero ahora que van a estar en el “llano”, hay que ver cómo evoluciona.

Si consideramos a partidos aislados, el que conquistó mayor número de votos y por tanto de legisladores, fue el Partido Nacional liderado por Lacalle Pou. Incluso, a nivel personal, el presidente electo tuvo muchísimos más que Mujica (el más votado dentro del Frente Amplio): Lacalle obtuvo 454 321 mientras que el “Pepe” solo 299 428.

Por tanto vemos que la prensa extranjera, a grandes rasgos, presenta con inexactitudes el resultado de las elecciones de Uruguay. En consecuencia, transmite a sus lectores una visión distorsionada de la realidad uruguaya.

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