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Cuba debe apuntar al libre mercado para disminuir la desigualdad y el racismo

Por: Iván Cachanosky - @ivancachanosky - Sep 12, 2014, 1:02 pm

English Desde 2009, en Cuba se están llevando a cabo tímidas reformas hacia el libre mercado que, sin embargo, no son suficientes para lograr un desarrollo sostenido.  Durante décadas miles de cubanos emigraron de la isla de forma clandestina, en su mayoría con destino a Estados Unidos.

Las nuevas medidas de Raúl Castro despertaron críticas entre los cubanos. (Wikimedia)
La apertura económica de Cuba bajo el mando de Raúl Castro no es suficiente para garantizar un desarrollo sostenido.  (Wikimedia)

Después de casi medio siglo, también en 2009, el presidente estadounidense Barack Obama eliminó las trabas que restringían a los residentes cubanos en EE.UU. de volver a la isla para visitar a sus familiares. Desde luego, tras vivir en un país desarrollado por varios años, los emigrantes tenían a su disposición una variada y diversa cantidad productos innovadores que podían llevar de vuelta a su país.

Esto impulsó a Raúl Castro a intervenir el mercado internacional para limitar las importaciones. Así, desde el 1 de septiembre, fue restringida la cantidad de bienes que los viajeros cubanos podían ingresar al país. Las restricciones se comenzaron aplicar a la importación de productos electrónicos, informáticos, alimenticios, de higiene, ropa y calzado. En total, las nuevas medidas alcanzan a 381 rubros.

Desde un pensamiento planificador o interventor de la economía, una medida de ese estilo busca combatir dos “males”. Por un lado, una balanza comercial desfavorable debido al crecimiento de las importaciones, y por el otro, proteger la industria local y evitar la competencia a nivel internacional.

Sin embargo, más allá de las buenas intenciones, si es que existen, lo único que se logrará al trabar las importaciones es perpetuar la pobreza.

La falacia del déficit comercial

Si nos abstraemos por un momento de la existencia del dinero y pensamos el comercio en términos de bienes, podemos observar que cuando una persona entrega un bien A para obtener un bien B está exportando el bien A e importando el bien B. En otras palabras, para poder importar es necesario exportar y viceversa. Por definición, limitar las importaciones implica, necesariamente, limitar las exportaciones.

La introducción del dinero, que actúa como medio de intercambio, no altera las conclusiones de esta teoría. Los habituales déficits o superávits que se observan en las balanzas comerciales están relacionados con deudas y préstamos que irrumpen en la tendencia hacia el equilibrio presente en el comercio internacional. Más allá de estas herramientas a las que recurren los Gobiernos, tanto exportaciones e importaciones varían conjuntamente.

Es totalmente erróneo suponer que la balanza comercial mejorará si limitamos las importaciones, ya que también nos encontraremos restringiendo las exportaciones.

Además, en definitiva, el comercio es entre personas y no entre países. No es un país el que comercia con otro, sino los individuos que residen en cada país son los que realizan las transacciones. Que un intercambio se realice dentro o fuera de las fronteras no cambia la esencia del comercio: para obtener un bien, antes se debe ofrecer algo a cambio.

El comercio ha sido uno de los grandes impulsores de prosperidad. Desde que el mundo comenzó a fomentarlo, todos los países se beneficiaron y mejoraron su situación. Algunos lo hicieron en mayor medida que otros, pero todos han crecido en términos de riqueza. Este dato no es menor; de esta manera podemos derrumbar la idea de que la economía es un juego de suma cero donde si una parte gana es porque otra está perdiendo.

Si Raúl Castro desea para Cuba un desarrollo sostenido no le convendrá trabar las importaciones, porque estas permiten asignar mejor los recursos económicos. Aunque no todo está en sus manos, su apertura al mundo también está limitada por las sanciones comerciales que aún mantiene Estados Unidos contra Cuba.

La falacia del proteccionismo industrial

La protección de la industria local es el segundo argumento al que recurre Gobierno castrista para justificar las nuevas restricciones. Si los cubanos que vienen de otros países, dicen los castristas, traen productos de mejor calidad y a un menor precio que los locales, ¿qué oportunidades puede tener la industria local?

En primera instancia, cabe reflexionar acerca de qué tipo de economía logró producir bienes de buena calidad a un menor precio. ¿Fue una economía planificada como la que prevalece en Cuba? ¿O una economía de mercado que, a pesar de sus defectos, fomenta la competencia?

Sin embargo, más allá de las buenas intenciones, si es que existen, lo único que se logrará al trabar las importaciones es perpetuar la pobreza en Cuba. (Flickr)
Lo único que se logrará al trabar las importaciones es perpetuar la pobreza en Cuba . (Flickr)

La respuesta está clara: la competencia genera mejores productos con mejores precios. Es el orden espontáneo que por medio de la interacción de las acciones humanas logra que las personas obtengan los bienes que demandan. Un planificador jamás podrá saber cuáles y cómo son los bienes demandados por los consumidores.

Por ejemplo, un funcionario cubano podría sostener que en Cuba hay que desarrollar la industria del calzado, mientras que otro funcionario podría fomentar la industria eléctrica. ¿Qué funcionario tiene razón? Probablemente ninguno de los dos ya que la producción depende de lo que demanden la población, y no podemos saber lo que están pensando.

Aún así, abrirse al mercado es la mejor opción para Cuba. El economista Henry Hazlitt, en su libro La conquista de la pobreza sostiene que todos los países se benefician del libre comercio mundial, incluso los menos desarrollados o los países más pobres.

Por un lado, los países menos desarrollados terminan adoptando las innovaciones que realizan los países desarrollados sin incurrir en costos de investigación y desarrollo. En pocas palabras, son free riders de las mejores invenciones del mundo.

Por otro lado, se les abre un abanico de posibilidades de trabajo e inversión. El ingreso de nuevas empresas en el país requerirá de trabajo, y en consecuencia, surgirán nuevas oportunidades laborales para los residentes de la isla.

Además, los cubanos tendrán la posibilidad de ahorrar e invertir. Si un bien en el país local cuesta US$100 pero, luego de la apertura comercial, puede conseguirse a $40, esto quiere decir que ahora esa persona fue capaz de ahorrar $60. Ese dinero ahora puede ser utilizado para consumir más de otros bienes, o también, puede destinarse a la inversión.

¿Existe una traba racial en Cuba?

La semana pasada, un informe de la agencia Reuters señalaba que, como resultado de las reformas promercado implementadas por Castro, se había profundizado la brecha racial existente en la isla.

Sin embargo,  el artículo olvida mencionar que los problemas de racismo en la isla se remontan a tiempos anteriores anteriores a la instalación del régimen comunista en Cuba.  Ya en 1959, cuando Fidel Castro lanzó su revolución en Cuba buscando desplazar la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959), los problemas raciales y de desigualdad acechaban a la isla.

Como primer comentario, esto demuestra que los problemas raciales vienen desde hace años en Cuba, no es que las reformas instauraron un problema que antes no existía.

Al estallar la revolución cubana, fueron los residentes de mayores recursos quienes pudieron escapar de la isla. Por supuesto, el hecho de vivir en un país desarrollado repercutió en un aumento de la desigualdad. Pero ello no le debe ser imputado a los países desarrollados, sino al sistema comunista que no permitió un desarrollo adecuado del país para avanzar en la reducción de las desigualdades. Además, se ignora que lo realmente importante es generar movilidad social, algo que Estados Unidos pudo conseguir.

Por último, con el transcurso de los años los tiempos fueron cambiando. Los países cuyas economías están más abiertas tienden a reducir los niveles de discriminación. Basta con observar que a la Casa Blanca, que por primera vez es habitada por un presidente negro —o América Latina, donde presidentes mujeres fueron elegidas en Argentina, Chile, Brasil y Costa Rica.

El mundo tiende a ser más inclusivo. Cuba debería poder, en un corto plazo, eliminar el problema racial y abrirse al mundo.

Para ello, la isla tiene que superar las mayores trabas que tiene hoy día: sus propias políticas intervencionistas, y las sanciones provenientes de Estados Unidos.

Iván Cachanosky Iván Cachanosky

Iván Cachanosky es licenciado en Administración de Empresas y magister en Economía Aplicada. Se desempeña como profesor de CMT-Group. Síguelo en Twitter en @IvanCachanosky.